jueves, 25 de febrero de 2010

2 Pornomanía del yo 10

Lo malo de escribir epigramas en estos tiempos de poca soflama y menor audiencia es que a veces se mueve al desconcierto individual cuando la única pretensión era la generalidad. Es decir que hay amigos y gente a la que quiero y mucho que, en vista de estos versillos me preguntan ¿No te referirás a mí? y otras lindezas de parecido tono, por ser discreto. No, amigos. Los epigramas son ecuménicos y salvo que el dedicatario sea nominal nadie debe hacerse oídos.

Bien sé que los poemas no se explican, pero para proteger mis mullidas partes de puñadas y otras dolientes mordeduras prefiero aclarar alguna cosilla.

La décima "Con el tiempo han comprendí-" es antigua. Data de hace unos años, cuando me despidieron de un trabajo al enterarse que escribía versos y lo peor, me los reseñaban en periódicos de tirada regular.

La que dice "De tus poemas, Fermín," es algo más cercana. Fue producto de la asistencia a uno de esos maravillosos recitales que se anuncian a bombo y platillo, y donde se alaba al poeta con epítetos de ingenio y que de resultas no tienen de novedad ni un mal ripio.

"Vienes a mi casa sola" tiene más de diez años. Se lo escribí a cierta dama que lucía luengos guantes modelo Gilda y embocadura de pitillo ad hoc. Pasaba por ser alumna mía. Cierta vez que respondí a sus galanteos con una naturalidad no prevista por ella, huyó de mi presencia y no la he vuelto a ver. Era altísima, delgadísima, catalana y arquitecta, y salía en una peli aburridísima de Garcí.

"Toquen otros chirimías" es un intento de hacer una décima a lo Góngora y no tiene más de lo que hay. Mi amigo Wolf cuando llegue a "tetas" que sepa que es un símbolo, provocado por la rima ya que ambos preferimos sustantivos más pedestres.

La que está dedicada a George Clooney me gusta mucho y viene a la sazón de esa moda actual de incorporar a nuestros ámbitos ciertos animalillos de curiosa compañía, al mismo tiempo que una sutil denostatio hacia toda esa marea de sandeces venidas de la costa este y que solemos adoptar tan bien. Existe una versión en un tono tan triste que ha preferido quedarse en el cajón.

La décima "Cuando salgo con Sullé-" es muy reciente, y no es un epigrama. Es tan pequeñita que si sólo consigo un pequeño guiño o una sonrisa ya me doy por satisfecho.

Y la última me parece estupenda, porque en eso de reírse de uno mismo está la mejor de las terapias. Es la más antigua, pero también la más moderna, ya que del original corregí dos rimas y cuatro versos el mismo día que las saqué a este blog. Puede que me la aprenda de memoria. Y estoy por dedicársela a Elisa, que el otro día me dijo que le había gustado mucho.

Vale.

viernes, 19 de febrero de 2010

1 7 Epigramas o menos

I

Con el tiempo han comprendi-
algunos santos varo-
que quien toca en mis cojo-
no plañe bien de mi olvi-
Aunque también se ha sabi-
que esta ley, por enuncia-
tiene su mucho de almoha-
y su perfil decaden-
Quien quiera pues, que lo inten-
a ver si no pasa na-


II

De tus poemas, Fermín,
veo que en algunos callas
por prudencia, en otros hallas
sorpresas de cafetín,
y en el resto, al fin, ¡por fin!
contemplas cómo la luna
brinda voz sin rima alguna
bajo tus versos. Qué propia
va ligera tu fortuna
sobre las lindes de Inopia.


III

Vienes a mi casa, sola,
te hago café, cuento un chiste:
sentada sabes que insiste
poco el Urceloy. Te mola
sonreírme, una aureola,
y un guante que se descalza:
aunque vestida, te realza
la utopía y mi deseo.
Con tu piel sólo, yo creo
poco mi valor va al alza.


IV

Toquen otros chirimías,
bandurrias y panderetas,
que en tocando yo unas tetas
me soy todo en alegrías:
plañendo estas sinfonías
que afinan los corazones
bien puedo, por abluciones,
tocar órganos más suaves:
donde los labios son llaves
de instrumentos a pistones.


V
Para George Clooney, of course.


Dices, Manuel, que lo “in”
venido de “Guasintón”
es adoptar un lechón
por mascota. Y a ese fin
tienes ya en casa un mastín,
un pez tigre, dos faisanes,
tres hamsters, cuatro alacranes,
una iguana, un cocodrilo,
una víbora del Nilo
y un cerdo blanco de Llanes.


VI

Cuando salgo con Sullé-
por la Dehesa de la Vi-
a andarnos un par de mi-
con Oto y Nana, los pe-
y pasamos junto al Ce-
de los Locos de retor-
dejando atrás el contor-
de Guadarrama y su sie-
solo pienso en los café-
y el Vichy de mis amor-


VII

Tu beldad desconcertante,
tus labios, tu genial torso,
tus piernas, que son del corso
patente atrás y adelante,
tus manos, tu boca amante,
tus muslos, tras los que lerdo
no concibo más acuerdo
que el cuerpo que estereotipas,
tu piel, tu sangre y tus tripas
me pierden, amigo cerdo.


urceloy / febrero de 2010

sábado, 13 de febrero de 2010

3 Algunos poemas casi tristes 12

Sobre el inicio de un verso de Angel Crespo y un título de una entrada de blog de Luis Felipe Comendador.

(Soneto menor en números rojos)

“Si me fuera a morir...”
Ángel Crespo

“Morir despreocupado.”
L.F. Comendador


Si me fuera a morir un día de estos
-es cosa que sucede y sin embargo
cuánto cuesta la nota de descargo
que aprueba el pagaré, los presupuestos

generales del alma, los protestos
sine díe, las letras con recargo,
las cuentas del dolor- se me hace amargo
dejar deudas de pago en mis impuestos.

Quien las herede puede sin problema
dejarme sin entierro
que no he de protestar al testaferro.

Así, agotando el tema,
ya que la vida me dará de lado
mejor será morir despreocupado.


urceloy / febrero de 2010

miércoles, 10 de febrero de 2010

0 Este no es un poema triste

Le he escrito este poema a mi amigo Claudio, que creo que le ha gustado mucho, y a pesar que solo lo entiendan los que están en el ajo, creo que es necesario traerlo a este florilegio lenguaraz.


Celebra, con este acróstico,
a quien bien quiere


Con ese porte que es puro destello
Labial sonoro y a la par sencillo,
A las musas cachondas el muy pillo
Urde sacarles arte por el cuello.

Da por gato vital que no plebeyo
Iridiscencias cuando va al cepillo,
Ora su voz no tiembla en el carrillo
Con un maullar que sabe a descabello.

Al ovillejo no hay quien le haga sombra
Rompe a bailar cuando le amaga un pero
Romántico en la lágrima no mengua:

Ilustrado lector, aquí se nombra
Leido en vertical su nombre entero,
LO demás es tirarle de la lengua.




Jesús Urceloy / febrero de 2010

lunes, 8 de febrero de 2010

4 Algunos poemas casi tristes 11

Locus iste


el cuenco de mis manos
es el lugar de mi tristeza

mis dos manos adultas que se pierden
en la niñez aromas ruidos noches
recuerdan las canciones que mi padre
cantaba sin saber que en esa voz
iba trazando su memoria nuestra

tal vez de caminar junto a mi cuerpo
de coger cosas
se hicieron fuertes
tal vez de romper horas y bolígrafos
se hicieron disimuladamente fuertes
y amaron
lo que pudieron
lo que sabían
las horas los bolígrafos
la fruta los regalos infantiles
los libros y la música encerrada
los timbres y las puertas
la ternura

amaron
de una mujer
su abrazo

con su cadáver con su máscara
con su desnudo débil su alegría
y su grito final
vencido
seco

estas manos vivieron
en una ciudad vieja
en una casa pobre
en una habitación
una cama un armario una mesilla
y un poco sólo un poco
de cielo prometido

de aquel cielo imperfecto que pasaba
tras la persiana sucia por el patio

mis manos son ahora
su espalda suelta a golpe
de luz dormida junto a ella a salvo
de pisadas a salvo del rencor
en un borde del suelo

hacia el lugar de toda esta tristeza

sábado, 30 de enero de 2010

9 Pornomanía del yo 9

Tiene razón mi amigo Sulle cuando dice que sigo triste. Pero no se trata de tristeza sino de tristura, que es más un estado interior que se te cuela hacia afuera aunque esté más contento que un saco de lentejuelas. Me vistió la Marisolilla -yo quería ir de zángano- y me puso la camisa y la chaqueta, y el sombrero nuevo estilo New York siglo XIX, que bien podría haber usado Daniel Day-Lewis en "La edad de la inocencia". La pajarita negra, una de las pocas que aún guardo de mi época de cantante lírico, me la puse yo. Y así -aunque no pude llevar algunos textos a última hora por fallo de mi impresora- partimos alegremente a Chez Escarpa para el recital.

Agradezco infinitamente, con las tripas y las vísceras al aire, con la piel a la flor, y os quiero un montón a todos los que os pareció oportuno escucharme ayer noche recitar mis poemillas. A menudo pienso que hay que estar un poco loco para ir a ver a un poeta recitar sus versos. Y muchas más de las prudentes siento que -dejadme esta minúscula verdad- no valgo mucho la pena y ando nervioso por de dentro y pienso si no he saludado a todos como se merecen, si aún me estoy comportando con un ego a la grande y todo eso. Sí, es verdad, me habré subido al escenario cientos de veces y aún así, me recuerdo como aquella vez en que con 14 años me hicieron salir a un teatro a leer un poema y acabé meándome en los pantalones. Esa sensación de infinita vergüenza no se va nunca, por mucho detergente que te hayas metido entre peto y bragueta.

Luego la cosa va saliendo, y uno entra en calor y color y aunque procuro ceñirme al horario siempre acabo pasándome media hora. Es una sensación de tanta alegría interior, cuando comprendes que estás comunicando, cuando sabes que hay una unión verdadera entre pensamiento y palabra, que entonces no me doy cuenta de mi, pierdo el yo, gano el nosotros y entonces sé que ha merecido la pena llegar hasta aquí y que me debo a esto y que en esto soy mejor que en cualquiera otra medida, y os lo debo y os quiero y os besaría a todos.

Después, cuando el recital acaba, caigo en pequeños errores y en pequeños dolores. No haberle dedicado un poema a Marisol, que sé que le gusta mucho que lo haga, tal vez haber leído más cosas de talante alegre que serias, acaso porque creo firmemente que la poesía no está para amargarle la fiesta a nadie, sino para ser con todos, y que la risa no debe ser excluida de lo poético. Y también cierto dolorido sentir: por algunas personas, algunos amigos, que no han venido, que hace tiempo que no vienen a mis actos, a los que sospecho que ya mi verso no dice nada, sin entender, en el fondo que uno también falla en otras ocasiones. Que eso de que se te reunan en un local todos aquellos con los que amas sólo sucede en un poema de Luis Alberto.

Me queda esa tristura de que Julia no esté conmigo, que no quiera compartir conmigo estos momentos con aquellos con los que quiero, que no la vea desde hace meses. Que su adolescencia, por mucho que me repitan que es cosa pasajera, que es natural, que así son las niñas, que todo ha de pasar con el tiempo, es un pequeño dolor que voy llevando lo mejor que puedo, esa tristura interior que no se redime llorando frente a un muro y que sólo se cura con una llamada y con un abrazo.

El CD que ha grabado Escarpa con mi voz y mis poemas está muy bien. Tendré que pedirle que haga más ediciones para llevarlo a clase, por si queda por ahí aún algún loco de los míos.

Me lo pasé muy bien en el recital, me sentí arropado y sé que los que no vinieron de alguna manera también estaban ahí. (Aunque no se me va de la cabeza pegarles un cariñoso tiróncillo de orejas). Llegamos a casa, nos acostamos en seguida y ahora, según acabe esta entradilla, nos vamos a pasear, que ha salido el sol.

A menudo me viene a la memoria esa cita de san Anselmo que dice que cuando le preguntaron qué era un amigo respondió: un otro yo. Por lo tanto, muchas gracias, amigos, muchas gracias, mis yos.

martes, 26 de enero de 2010

3 Todos mis amigos escriben bien 1

Es una suerte inmensa tener buenos amigos, y si además escriben bien, miel sobre hojuelas. Como todos cumplen con aprovechamiento esta premisa y con mucha y sana cortesía tienen a bien enviarme lo más granado de sus obras he decidido, a fuer de no parecer ni un deslenguado ni un indiscreto, dejar al menos constancia pública de quiénes son y de qué libros presumen y por lo tanto presumo.

Comenzaré por las prosas.

De EDUARDO VAQUERIZO, que es un señor la mar de elegante y más alto y más guapo que yo, doy fé de su DANZA DE TINIEBLAS, que es una aventura en un Madrid actual pero futuro, con un desparpajo y una gracia que ya quisieran muchos Alatristes.

De REBECA TABALES, que es una chica guapa y llena de sabiduría, ERES BELLA Y BRUTAL, una novela de esas de profundidades y misterios y que tiene una de esas portadas que hacen temblar a ministerios bienpensantes.

De JOSÉ VIDAL VALICOURT, hombre flaco y de mirada intensa, EL HOMBRE QUE VIO CAER A DELEUZE, un buen puñado de cuentos breves y de una ilógica feliz.

De ROMÁN PIÑA, tal vez uno de los peores conferenciantes del planeta, STRADIVARIUS REX, que es un divertimento jocoso y necesario en estos días de proclamas y devastaciones.

De MARINO GONZÁLEZ, un amor allí por donde se deje, recibo DIARIOS MIEDOS, donde el cuento de misterio envuelve al alma y la poética de sus giros da valor a la lectura.

Y ahora los poemarios.

HELENA RODRÍGUEZ, alta y delgada como su madré morená saladá, me regala NUNCA DE SUS OJOS, experimental y verdadera, formal y loca, canción de nuestro tiempo.

BEGOÑA REGUEIRO, cuya sonrisa rompe cualquier academicismo, ALMA SOÑADA, donde se desnuda por dentro y por fuera, en una portada sugerente y sensual.

JAVIER MENÉNDEZ LLAMAZARES, desde sus litorales norteños me envía ayer mismo COSAS QUE NO SE PUEDEN ENCONTRAR EN INTERNET, con poemas intensos y versos muy libres, decidor de verdad.

A todos, qué menos que darles las gracias y desearles tanto amor y cariño como el que dispensan a este pobrecito hablador.

Urceloy / enero de 2010

jueves, 21 de enero de 2010

4 Algunos poemas casi tristes 10

Salmo XLV


Hace tiempo que bailo en un solsticio
de sombras, donde un ciego y unos dados
marcan el ritmo, donde mis pecados
son, por pura omisión, un desperdicio.

Escribo poco, leo poco, el vicio
solitario me aburre los resfriados,
y me duele un amor. (Por los costados
del alma se me va el cuerpo al hospicio).

Me cuesta irme a la cama, el cenicero
rebosa de mentira a manos llenas,
mi cuenta por corriente sigue a cero,

el café se me enfría por las buenas
rimo este verso en pero
y este apenas


urceloy / enero de 2010

viernes, 15 de enero de 2010

2 Claudio Carrillo

Ayer soñé con Claudio.

Fue uno de esos sueños sensatos y serenos que no suceden nunca cuando las habitaciones están llenas de puertas y el calambre del viento juega con la cola de un pez, abisal o no, en las ferreterías al uso. A tales apariencias, y en vista de mi solicitud, se presentó el sueño lleno de nieve. Una nieve llena de viento sensato y sereno, ya lo he dicho, que rodeaba a Claudio, en mitad de la vastedad de un horizonte blanco, con la misma pose del Almirante Nelson en Trafalgar Square, sólo que con menos altura de atalaya y una gabardina negra de piel. Todo él galanura y apuesto, como si esperase recibir una cohorte de embajadoras suecas y odaliscas mauritanas en taparrabos –ambas, es decir todas- y corriente de su embajada les motejase en perfecto caló: -Por aquí, señoras.

Soñé con Claudio y me dije bendito seas Jesús por tenerle tan cerca, tan madera y tan lija, tan sorteado y tan limpio, pues su arboladura es la del bergantín de a diez cañones por banda, a toda vela contramaestre, que esto es una galerna y nada más. Soñé con Claudio y le supe ver esa carita de niño que se ha hecho a fuerza de comerse pedradas y lágrimas de tapia y suburbio. De esas lágrimas que se desayunan para adentro y conducen desde la melancolía hasta una carretera asturiana, con perro, cayado y helicóptero, y un libro blanco a punto de llenarse de esquirlas y mojaduras, cervezas y una fuente encontrada entre las piedras donde el Rioja mana a voluntad y el oso te trae bocatas de salchichón.

(Claudio es el mástil que, consciente de su pecio, se niega erre que erre a hundirse, y permanece en el horizonte de la mar muy alto, bandera al viento con carita de niño pobre, y un balón de reglamento en el regazo: así me tenga que pasar dos horas dando balonazos a una pared que no volvéis a tocarme la pelota, marrulleros, que lo de caballero no se aprende, se trae ya mamado de casa).

Ayer soñé con Claudio en mitad de una ventisca en el Polo Norte, y entonces pasaba una expedición de noruegos y le preguntaban por el sol de Andalucía, se sacaba una botella del pecho y sin mirar, como esos actores que a fuerza de saberse el papel han terminado por escribir ellos la obra, les dice: ¿Han leído a Cavafis? Yo tampoco. Y les deja con un palmo de narices y una guía de Extremadura, para que se anden listos, no te jode. Soñé con Claudio con la sonrisa muy abierta, comiéndose el frío de las noches en la azotea, esos extraños veranillos de Carabanchel, buscando la estrella Polar y gastándole bromas a su sombra sobre la conveniencia de barajar el póquer con las cartas boca arriba.

No pude despertar más feliz.


Jesús Urceloy / enero de 2010

martes, 5 de enero de 2010

6 Algunos poemas casi tristes 9

Siete liras blancas para Julia

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo.”
Lope de Vega

Desde estas soledades
con el pobre tabaco de la espera
donde pidiendo amor
recibo algunas dosis
de intermitentes tonos o silencios

retrocedo y me busco
en las palabras una voz amigos
o un apretón de manos
antes que la guarida
se me infecte de humo y llegue el sueño

con su ración de sopa
siempre fría y a fuerza de saberte
te acompañan los libros
hasta que un golpe dulce
de luz rompe mis ojos en la almohada

y te levantas roto
a por el vaso de agua o a mear
a mirarte al espejo
y a preguntarte dime
a quién le toca hoy ser el bufón

pese a todo la noche
decide que algo debes de dormir
para mañana darle
una sonrisa al día
todo está bien decidle que la quiero

decidle que en mis manos
tuve una vez su cuerpo incomprensible
sus ojos sus pies dóciles
la ficción de su boca
la sangre que vistiera aquel dolor

sus silencios el sueño
aplazado en la espalda la alegría
de amar desde una almohada
y en el te quiero de hoy
el dolor del bufón mis soledades


urceloy / enero de 2010


Nota: La lira blanca se comporta como la lira clásica sólo que prescinde de rima alguna, aunque no de su rítmica. En el presente poema se ha añadido una dificultad al hacer confluir en la última lira cada una de las palabras con que finalizaban las liras anteriores y el leiv-motiv de la primera estrofa, que se contempla también en la cita.

jueves, 24 de diciembre de 2009

1 Algunos poemas casi tristes 8

Todos los años escribo un poema navideño. Este que adjunto es el que toca. Va dedicado a todos ustedes, que son gente maravillosa, con mis mejores deseos para el 2010. Besos y abrazos, amigos.

Antivillancico al antiquo modo

Con este villancico y es la pura verdad
non digo que me guste la idiota Navidad
que año tras año llega con gran puntualidad
y siempre en el invierno, lo que es tenacidad.

Antaño, no lo niego, nos íbamos en tromba
la panda de amigotes a saltos y a la comba,
le dábamos al parche, pandereta o zambomba
y aunque no hubiera un duro lo pasábamos bomba.

Pero agora quien menos contrajo matrimonio
se ha cargado de efebos para dar testimonio
se ha puesto como Herodes forjando un patrimonio
y si no face el sueco se ha fecho macedonio.

Se convocan festejos que revientan las fajas
se compran loterías, trúcanse las barajas,
y en las televisiones entre anuncios de alhajas
nos van dando las uvas de las mismas rebajas.

Mi novia y yo, que somos lo justito de ateos,
nin muy gordos ni flacos, nin muy guapos ni feos,
desde hace cinco años cogemos los apeos
y nos vamos de guanches sin más pandereteos.

Y allá, con los calores, donde no hay ni un Rey Mago,
con los bermudas puestos, y a la sombra de un drago
dedicamos las horas al solaz y al embriago
hasta que llega Enero, faciendo mucho el vago.

La Navidad se pasa de un modo diferente
tomen los que pudieren exiemplo, que’es prudente,
para no avestruzarse más de lo conveniente
ni como el oso en cueva pasar todo el relente.


Urceloy / diciembre de 2009

sábado, 19 de diciembre de 2009

0 Pornomanía del yo 8

Agradezco con puntualidad poco espartana el caluroso interés que mis pequeños males pechiles han suscitado entre mis lectores, siempre ociosos y siempre amados. Ya saben, parece que ese porcentaje minúsculo, pero porcentaje, que tenemos aún de femenino los señores, se nos ubica en el pecho serrano, y bien por accidente, necesidad o puro gusto, a algunos se nos escapa la gracia, nos empieza a crecer y a poco que nos esforcemos nos sale mama. Y aún más, que mi médico dixit que algunos damos han llegado a tal extremo que han llegado a verter maternal leche que bien sanara a rorro o neonato sus hambres, y aún sus miedos. Parece ser que el mío pecho no tiende por esas latitudes y se ha procurado una discreta salida por el foro de donde entró, así tarde lo que quiera tardar en desaparecer, aunque de vez en cuando le dé por doler y dolerme. Agradezco por lo tanto a todas vuecencias las sabrosas risas y ricas menudencias de las que seré y debo ser cotilleo, y a ver si paro de una pulñeta de tan florido lenguaje, y que la gracia no parezca lindeza, que yo me entiendo.

Y de agradecer, lo que de verdad agradezco es a todos los santos buenos, a todos los dioses buenos y a todos los buenos oficiantes que mi amigo Claudio – el de la voz serena- haya salido del quirófano no sólo mejor de lo que entró, sino según cuentan, marcándose un agarrao torero con la enfermera de turno al grito de Ole, ole y ole. Y si no , aquí dejo reflejo de un pequeño extracto del romance que al caso hizo cierto vate que, hospitalario, andaba repartiendo en octavillas.

Acabada la faena
se abrió el portalón y diestro
por el pasillo salía
no a hombros, que es lo correcto

en otros cosos, andando
el mío Claudio, luciendo
el camisón por muleta
y por montera a Sulleiro,

que entre uno y otro salto
de alegría y vituperio
allí se quedó prendido
como una estampa, discreto.

Los hombres se le tiraban
desnudos de medio cuerpo,
y las mujeres, encima,
desnudas del otro medio,

y mi buen Claudio decía
con esa voz que le aprecio,
con ese tono producto
de muchas noches atento

a las verdades del Rueda
y de otros caldos misterios,
“Vámonos pa casa Carmen,
vámonos, que no me tengo”.

sábado, 12 de diciembre de 2009

4 Pornomanía del yo 7

Como llevo un tiempo largo sin escribir se me confunden las fechas, y como -al contrario de David Torres, que es mi amigo- no sé de héroes ni tengo mitos, ando más pendiente de naderías y otras prolongaciones que de hechos y facturas, y cuando la pequeña infelicidad de los días me tantea, siento la necesidad de -como O Lobo- hungarizarme en el silencio y el leve dolor.

No respondo emails, no escribo. Me levanto tarde, no escribo. No salgo a pasear, no escribo. Y, lo peor, me acuesto tarde y no escribo.

Ha pasado el tiempo y se me han muerto Paul Naschi y Eric Woolfson. Al primero le conocí en un programa de radio donde nos aterrorizó a todos los presentes y a los oyentes al narrarnos con absoluta normalidad cómo se tenía que hacer para empalar a la turca a un señor o a una señora, que también en esto hay sutiles diferencias, y aún peor, nos dio bibliografía ad hoc. Después le visité unas cuantas veces a su casa, en el barrio de Arguelles, y allí, sentado en un rincón entre miles y miles de recortes periodísticos pude examinar a placer la espada de samurai que le regaló Akira Kurosawa en Nueva York, mientras él me narraba, con su voz pequeña y llena de lamentos su tristeza de autor premiado fuera y olvidado dentro. ¡Cuántas veces hubiera renunciado a recibir un abrazo en Alemania -me decía- por un saludo en España! Su casa era oscura y su piel era blanca. Me prometió un papel de malo malísimo para su próxima película, decía que daba el tipo, y yo salí de su casa y de su vida con esa alegría bien fundada en las cosas que nunca serían pero que acaso podrían ser.

A Eric Woolfson lo más cerca que le tuve fue en un email. Sin embargo le tengo tan reciente que no me atrevo a escribir más, no vaya a ser que el exceso de proximidad me lleve a decir bobadas y a hacer del afecto una mitología. Ya veré.

Por lo demás el bultito que me ha salido en el pecho derecho parece que me da una tregua de tres meses y que va desapareciendo. Como no me gusta eso de ir contando mis penas nada más que a los muy próximos igual va y hay alguien que aún no se ha enterado. Parece que todo va bien, que va disminuyendo, que cada día duele menos. Igual se trataba de una pena de esas que nos salen a los poetas cuando no nos caben en el alma y que se nos ponen por ahí, en uno de esos lugares extraños entre el desconsuelo y el corazón.

Ahora prometo seguir escribiendo más a menudo frases tontas, poemas casi tristes, cuentos sin interés y obscenidades de salón. Poca cosa siempre ese pequeño amor, dolor.

sábado, 28 de noviembre de 2009

2 Algunos poemas casi tristes 7

Algunas veces me da por escribir en inglés. Es un idioma excelente para escribir poesía, pero también es muy difícil, para no caer en la excesiva sonoridad del monosílabo. He aquí mi último intento con algunas correcciones de última hora. Y su traducción debajo, of course.


The water woman


To disappear into a glass of water, this woman would have to believe in friends reunited, in ditches and provided dreams.

Her laugh would be blood, a game to lose the right constitutes a benefit, her laughter will be the cheerful grin of the tortured, the toothless mouth of a boxer on the canvas while management is falling precisely the countdown.

I thank God to have known she on Tuesday: when she looks toward heaven and count the passage of the reactors.

Specialist statutory, she has placed all her lovers in a row, plated steel, live on the pack, with the holes in the eyes and nose to see and breathe.

Then she takes my hand and I walk naked, showing at the end of the corridor, the tomb each night riding where torture is sworn.

The days pass, the band plays a Charleston, oh, mister, oh, madame, here is your table, do not forget to dance, smile in front of the cook, pheasant seems alive, but only an optical illusion, there is nothing like Southampton beaches in the fall, Paul McCartney coming to dinner tonight, has promised a bottle of Sherry and a banal speech of Ortega.

I looked long at the ocean from my room. I think of her name, I think of the pre-Raphaelite painters, the crew of Virginia is beaten to death in front of the Monitor Nortfolk doors, a hundred years later we find, in the seabed, the body of a fireman trapped in the turret, tell to my girlfriend that I'll be late, give my body to the pines seamless, bury me in Wisconsin with honors, I looked so well sprat.

My father has returned with a book in his hands, has returned with the truth abused and a Turner box where women or ships burn, my father has returned to sing to the syrens.

I read crusts and line of bees, going to fast, there is something among the rocks, please do not forget me, write me on Sunday, give me your courage, not hide from me.

I will sleep again to her feet, the wind that cut through the smoke to employees in the bilge.


Urceloy / noviembre de 2009


La mujer acuática

Para desaparecer en un vaso de agua, esta mujer tendría que creer en los amigos reencontrados, en las acequias y los sueños previstos.

Su risa sería sangre, un juego en que perder la razón, una ventaja, su risa sería el rictus alegre de los torturados, la desdentada boca de un púgil en la lona mientras va cayendo con precisión administrativa la cuenta atrás.

Doy gracias a Dios por haberla conocido en martes: cuando mira hacia el cielo y cuenta el paso de los reactores.

Especialista en estatuarios, ha colocado a todos sus amantes en fila, bañados en acero, vivos en el envoltorio, con los agujeros de los ojos y la nariz para que vean y respiren.

Entonces me toma de la mano y me pasea desnudo, mostrándome, al final del corredor, el sarcófago ecuestre donde cada noche ha jurado torturarme.

Los días pasan, la banda toca un charlestón, oh, mister, oh, madame, por aquí está su mesa, no se olviden bailar, sonrían delante del cocinero, el faisán parece vivo, pero sólo es una ilusión óptica, no hay nada como las playas de Southampton en otoño, Paul MacCartney vendrá a cenar esta noche, ha prometido una botella de Sherry y un discurso banal de Ortega.

He mirado largamente el océano desde mi habitación. Pienso en su nombre, pienso en los pintores prerrafaelitas, la tripulación del Virginia se bate a muerte frente al Monitor a las puertas de Nortfolk, cien años después encontramos, en el fondo marino, el cuerpo de un fogonero atrapado en la torreta, decidle a mi novia que llegaré tarde, dad a los pinos mi cuerpo sin junturas, enterradme en Wisconsin con honores, me sentaba tan bien el espadín.

Mi padre ha vuelto con un libro en las manos, ha vuelto con la verdad maltratada y un cuadro de Turner donde arden mujeres o navíos, mi padre ha vuelto para cantar a las sirenas.

Leo en cobalto y verso las abejas, vamos a los rápidos, hay algo entre las rocas, por favor, no me olvides, escríbeme en domingo, dame tu valentía, no me ocultes.

Vuelvo del sur para dormir a los pies de ella, el viento con que cortan el humo los trabajadores en la sentina.


Urceloy / noviembre de 2009

sábado, 21 de noviembre de 2009

0 Tratado de urcelologia 16

Ñadie me ciñe el coño como el ñuncio.

Si crees en tus amigos vivirás en sus sueños.

Entre nota y nota se aprecian mejor los silencios.

Tus hijos embellecerán tu cadalso.

Un estadio de fútbol lleno beatifica las piezas de recambio.

Tu elipsis será el punto.

Los héroes mejoran muriéndose.

Es preferible sacarle la tuba a todas las canciones.

Mucha gente cree que el Canon de Páchelbel es de Mozart, que el Adagio de Albinoni lo escribió Vivaldi, y lo peor, que la Novena es una misa de Beethoven donde canta Miguel Ríos la Canción de la Alegría.

Cervantes no era marciano: el resto sí.

Si tu cara no se refleja en las aguas del río, corre a ponerte a salvo.

Primero fue la herida: Después la puñalada.





martes, 17 de noviembre de 2009

1 Algunos poemas casi tristes 6

Elogio de la inocencia


“Y tú, inocente, duermes bajo el cielo”
Gerardo Diego


Y tú, inocente, duermes bajo el cielo
de las cosas, derramas tu dulzura
por las palabras, vuelcas el abismo
natural de las voces y te encierras,
te enciendes, te derrumbas, te desangras
para volver a despertar. Y tú.
Inocente en el cielo sólo duermes.
Mientras abajo, en la ciudad, las sombras
vuelan en mil pedazos tu cintura,
mientras en el reducto de la casa
el más allá no llega a la ventana
y entre la cama el ritmo de la piel
comprada te defiende de estar muerto.
Debieras madrugar y contemplarnos,
abrir tu sangre y airear tus tripas
comer del mismo plato, leer algo
que no conozcas, por variar, leer
el envés de tu ropa y no otra música.
Pero inocente, duermes bajo el cielo,
lleno de paz, los ojos bien cerrados,
el pijama ceñido, y en el suelo
las zapatillas serias y sumisas.
Duerme entonces, que el sueño te obedezca,
no digas aquí estuve, bajo el cielo
tu inocencia descansa.


urceloy / noviembre de 2009

domingo, 8 de noviembre de 2009

4 Pornomanía del yo 6

Leímos ayer a las siete de la tarde Inma Luna, Carmen Camacho y yo en la librería Traficantes de Sueños, un sitio chuli, grande y muy ameno, con una sección de poesía que no le tiene nada que envidiar a otras librerías que presumen de ella, y que para mi asombro no sólo tienen todos mis libros, sino varios volúmenes de cada uno en el fondo editorial. Yo me lo pasé bomba, sobre todo con Carmen, que es una poeta como una casa de grande, amena, profunda y divertida, cosa que se echa mucho de menos en estos tiempos de poetas a la violeta, de mucha inspiración y poco trabajo, de pura decadencia. Y por un ratito me olvidé de mis muchas y recientes penurias económicas. Ya, ya sé que me repito, pero es la puta verdad.

Y vinieron muchos amigos, y al menos un representante de todos mis grupos de poesía. De los de prosa no hablo, que por ahora andan eximidos, pero ya hablaré cuando lea alguna vez mis relatos. Y vinieron amigos poetas, como Julio Castelló, Marisol Huerta, Jesús Malia, José Cereijo, Helena Rodríguez, Anaís Trigo, y vino Juan Antonio Mora, que es un ejemplo vivo de buen editor de revistas, con sus Hamacas de lona bajo el brazo, ¡Ya va por el número 26!, repartiéndolas, dando fe de su bonhomía, y muchos más, que no tengo porqué andar dando nombres pero sí constar que os llevo muy dentro a todos, incluso a alguno que asistió solapado y oculto, pero bien avenido. Gracias a todos, gracias.

Me entristeció un poco no ver a nadie de ese grupo clásico que tantos años compartió lectura y vida. Parece que desde que Julio nos dejó y Miguel anda enfermito, desde que me han dejado todos, sin excepción, en el borde del abismo, debo ser el culpable de un pecado que nunca cometí. Ya van unos cuantos feos. Puede que un día de estos deje de preocuparme vuestra asistencia y, con la sencillez del pájaro que emigra, cambie estos parajes fríos por otros más amables, sin rencor, sólo con olvido.

Puede que jugase el Real contra el Atlético. Pero no lo creo, que Madrid está lleno de bares. Como decía Claudio en su "Ballet de papel":

Adiós y buena suerte. Buena suerte.

viernes, 6 de noviembre de 2009

3 Algunos poemas casi tristes 5

Los débiles

Los débiles marcan el paso en las procesiones, teclean rápidamente en el ordenador, viajan a países exóticos en clase turista, recorren el trayecto hasta casa en un vehículo sin ruedas, rompen el día con la necesidad del buen tiempo.

Los débiles sienten por debajo de las palabras, entienden la calumnia pero la fagocitan, escuchan el silencio pero oprimen el claxon, mandan como sátrapas en las panaderías, consumen su cerveza y dejan en el platillo la última aceituna.

Los débiles mean en silencio, aguantan la bronca del taxidermista, votan honestamente lo contrario que dicen, piensan según los otros, han inscrito a sus hijos en su mismo colegio, dicen Oh capataz, mi capataz.

Los débiles aman al que hace, aman al que dice, aman al que sueña. Quieren ser la paloma que pintara Picasso, sobre su cama vela el Cristo de Dalí, bajo el sueño perciben historias con relojes, jergones sin memoria, diccionarios aún vírgenes.

Los débiles agitan papeletas sin premio y en las tribunas beben café y pastas inglesas, visten su hemoglobina con el azar, se casan cuando el amor emigra hacia otra puerta, se masturban sin ganas, ponen música ambiente.

Los débiles no piden, esperan tu propuesta. Los débiles no lloran más que al fin del verano. Los débiles disparan con el arma del otro, se saben, se numeran, cantan en misa y fuman en el átrio en silencio.

Los débiles se vengan en quien más los protege, dejan en las aceras abiertos sus cadáveres, pero se acuerdan pronto, los lavan y los secan.

Sobre quien más les ama clavan su olvido.

A fuego.



ueceloy / noviembre de 2009

jueves, 5 de noviembre de 2009

0 Teatro hiperbreve y 20. Epílogo

Con cierta tristeza donde se me acumula estar pasando unos momentos poco afortunados, sobre todo en lo económico, tal vez producto de confundir amistad y dinero, o ambos, es decir que con el alma doliente y el bolsillo desnutrido, doy hoy por finalizado este ciclo de obritas que he llamado Teatro Hiperbreve.

Agradezco mucho tanto a críticas y críticos como a amigos y parabienes. Y no prometo continuación alguna, a no ser que la avalancha de peticiones, que me da que no, llegue a rebasar el pequeño vaso de mi resistencia. Vale.


20. EPÍLOGO
Para todos mis alumnos

EL HIJO

El escenario está vacío, sólo hay un cartel de carretera que anuncia –hacia la derecha- la leyenda “FIN DEL MUNDO 15” y al lado un pequeño mojón de piedra. Por ese mismo lado surge, mochila al hombro y comiendo un bocadillo, a paso cómodo, el hijo de la primera obra. Pasa al lado del cartel sin prestarle mucha importancia. Al llegar al otro lado se detiene bruscamente, esboza una sonrisa, se encoge de hombros y sin dejar de comer su bocadillo, sigue su camino.

No hay oscuridad.



Fin de Teatro Hiperbreve.


© Jesús Urceloy /1998-2009

viernes, 30 de octubre de 2009

2 Algunos poemas casi tristes 4

Un amor

para marisol

el cuenco de mis manos apretadas
es el lugar que ocupa mi tristeza

mis dos manos adultas que se pierden
en la niñez aromas ruidos noches
recuerdan las canciones que mi padre
cantaba sin saber que en esa voz
iba trazando mi memoria

pensar en estas manos agrupadas
grandes como el tamaño de mi cuerpo
nacidas junto a mí alto ancho y fuerte
y tan anchas también y tan adultas
me hacen dudar pensar si fui si existe
una agonía deseada
si sólo vine para recordarte
en un amor

tal vez de caminar junto a mi cuerpo
de coger cosas
se hicieron fuertes
tal vez de romper horas y bolígrafos
se hicieron disimuladamente fuertes
y amaron
lo que pudieron
lo que sabían
las horas los bolígrafos
la fruta los regalos infantiles
los libros y la música encerrada
los timbres y las puertas
la ternura

amaron
de una mujer
su abrazo

con su cadáver con su máscara
con su desnudo débil y su llanto
final
con su alegría

estas manos vivieron
en una ciudad vieja
en una casa pobre
en una habitación
una cama un armario una mesilla
y un poco sólo un poco
de cielo prometido

de aquel cielo imperfecto que pasaba
tras la persiana sucia por el patio

mis manos son ahora
su espalda el pelo suelto a golpe
de luz para volver durmiendo junto a ella
en un borde del suelo
a salvo de pisadas
a salvo del rencor
junto al lugar de su tristeza


Urceloy / 2009
 

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