sábado, 28 de noviembre de 2009

2 Algunos poemas casi tristes 7

Algunas veces me da por escribir en inglés. Es un idioma excelente para escribir poesía, pero también es muy difícil, para no caer en la excesiva sonoridad del monosílabo. He aquí mi último intento con algunas correcciones de última hora. Y su traducción debajo, of course.


The water woman


To disappear into a glass of water, this woman would have to believe in friends reunited, in ditches and provided dreams.

Her laugh would be blood, a game to lose the right constitutes a benefit, her laughter will be the cheerful grin of the tortured, the toothless mouth of a boxer on the canvas while management is falling precisely the countdown.

I thank God to have known she on Tuesday: when she looks toward heaven and count the passage of the reactors.

Specialist statutory, she has placed all her lovers in a row, plated steel, live on the pack, with the holes in the eyes and nose to see and breathe.

Then she takes my hand and I walk naked, showing at the end of the corridor, the tomb each night riding where torture is sworn.

The days pass, the band plays a Charleston, oh, mister, oh, madame, here is your table, do not forget to dance, smile in front of the cook, pheasant seems alive, but only an optical illusion, there is nothing like Southampton beaches in the fall, Paul McCartney coming to dinner tonight, has promised a bottle of Sherry and a banal speech of Ortega.

I looked long at the ocean from my room. I think of her name, I think of the pre-Raphaelite painters, the crew of Virginia is beaten to death in front of the Monitor Nortfolk doors, a hundred years later we find, in the seabed, the body of a fireman trapped in the turret, tell to my girlfriend that I'll be late, give my body to the pines seamless, bury me in Wisconsin with honors, I looked so well sprat.

My father has returned with a book in his hands, has returned with the truth abused and a Turner box where women or ships burn, my father has returned to sing to the syrens.

I read crusts and line of bees, going to fast, there is something among the rocks, please do not forget me, write me on Sunday, give me your courage, not hide from me.

I will sleep again to her feet, the wind that cut through the smoke to employees in the bilge.


Urceloy / noviembre de 2009


La mujer acuática

Para desaparecer en un vaso de agua, esta mujer tendría que creer en los amigos reencontrados, en las acequias y los sueños previstos.

Su risa sería sangre, un juego en que perder la razón, una ventaja, su risa sería el rictus alegre de los torturados, la desdentada boca de un púgil en la lona mientras va cayendo con precisión administrativa la cuenta atrás.

Doy gracias a Dios por haberla conocido en martes: cuando mira hacia el cielo y cuenta el paso de los reactores.

Especialista en estatuarios, ha colocado a todos sus amantes en fila, bañados en acero, vivos en el envoltorio, con los agujeros de los ojos y la nariz para que vean y respiren.

Entonces me toma de la mano y me pasea desnudo, mostrándome, al final del corredor, el sarcófago ecuestre donde cada noche ha jurado torturarme.

Los días pasan, la banda toca un charlestón, oh, mister, oh, madame, por aquí está su mesa, no se olviden bailar, sonrían delante del cocinero, el faisán parece vivo, pero sólo es una ilusión óptica, no hay nada como las playas de Southampton en otoño, Paul MacCartney vendrá a cenar esta noche, ha prometido una botella de Sherry y un discurso banal de Ortega.

He mirado largamente el océano desde mi habitación. Pienso en su nombre, pienso en los pintores prerrafaelitas, la tripulación del Virginia se bate a muerte frente al Monitor a las puertas de Nortfolk, cien años después encontramos, en el fondo marino, el cuerpo de un fogonero atrapado en la torreta, decidle a mi novia que llegaré tarde, dad a los pinos mi cuerpo sin junturas, enterradme en Wisconsin con honores, me sentaba tan bien el espadín.

Mi padre ha vuelto con un libro en las manos, ha vuelto con la verdad maltratada y un cuadro de Turner donde arden mujeres o navíos, mi padre ha vuelto para cantar a las sirenas.

Leo en cobalto y verso las abejas, vamos a los rápidos, hay algo entre las rocas, por favor, no me olvides, escríbeme en domingo, dame tu valentía, no me ocultes.

Vuelvo del sur para dormir a los pies de ella, el viento con que cortan el humo los trabajadores en la sentina.


Urceloy / noviembre de 2009

sábado, 21 de noviembre de 2009

0 Tratado de urcelologia 16

Ñadie me ciñe el coño como el ñuncio.

Si crees en tus amigos vivirás en sus sueños.

Entre nota y nota se aprecian mejor los silencios.

Tus hijos embellecerán tu cadalso.

Un estadio de fútbol lleno beatifica las piezas de recambio.

Tu elipsis será el punto.

Los héroes mejoran muriéndose.

Es preferible sacarle la tuba a todas las canciones.

Mucha gente cree que el Canon de Páchelbel es de Mozart, que el Adagio de Albinoni lo escribió Vivaldi, y lo peor, que la Novena es una misa de Beethoven donde canta Miguel Ríos la Canción de la Alegría.

Cervantes no era marciano: el resto sí.

Si tu cara no se refleja en las aguas del río, corre a ponerte a salvo.

Primero fue la herida: Después la puñalada.





martes, 17 de noviembre de 2009

1 Algunos poemas casi tristes 6

Elogio de la inocencia


“Y tú, inocente, duermes bajo el cielo”
Gerardo Diego


Y tú, inocente, duermes bajo el cielo
de las cosas, derramas tu dulzura
por las palabras, vuelcas el abismo
natural de las voces y te encierras,
te enciendes, te derrumbas, te desangras
para volver a despertar. Y tú.
Inocente en el cielo sólo duermes.
Mientras abajo, en la ciudad, las sombras
vuelan en mil pedazos tu cintura,
mientras en el reducto de la casa
el más allá no llega a la ventana
y entre la cama el ritmo de la piel
comprada te defiende de estar muerto.
Debieras madrugar y contemplarnos,
abrir tu sangre y airear tus tripas
comer del mismo plato, leer algo
que no conozcas, por variar, leer
el envés de tu ropa y no otra música.
Pero inocente, duermes bajo el cielo,
lleno de paz, los ojos bien cerrados,
el pijama ceñido, y en el suelo
las zapatillas serias y sumisas.
Duerme entonces, que el sueño te obedezca,
no digas aquí estuve, bajo el cielo
tu inocencia descansa.


urceloy / noviembre de 2009

domingo, 8 de noviembre de 2009

4 Pornomanía del yo 6

Leímos ayer a las siete de la tarde Inma Luna, Carmen Camacho y yo en la librería Traficantes de Sueños, un sitio chuli, grande y muy ameno, con una sección de poesía que no le tiene nada que envidiar a otras librerías que presumen de ella, y que para mi asombro no sólo tienen todos mis libros, sino varios volúmenes de cada uno en el fondo editorial. Yo me lo pasé bomba, sobre todo con Carmen, que es una poeta como una casa de grande, amena, profunda y divertida, cosa que se echa mucho de menos en estos tiempos de poetas a la violeta, de mucha inspiración y poco trabajo, de pura decadencia. Y por un ratito me olvidé de mis muchas y recientes penurias económicas. Ya, ya sé que me repito, pero es la puta verdad.

Y vinieron muchos amigos, y al menos un representante de todos mis grupos de poesía. De los de prosa no hablo, que por ahora andan eximidos, pero ya hablaré cuando lea alguna vez mis relatos. Y vinieron amigos poetas, como Julio Castelló, Marisol Huerta, Jesús Malia, José Cereijo, Helena Rodríguez, Anaís Trigo, y vino Juan Antonio Mora, que es un ejemplo vivo de buen editor de revistas, con sus Hamacas de lona bajo el brazo, ¡Ya va por el número 26!, repartiéndolas, dando fe de su bonhomía, y muchos más, que no tengo porqué andar dando nombres pero sí constar que os llevo muy dentro a todos, incluso a alguno que asistió solapado y oculto, pero bien avenido. Gracias a todos, gracias.

Me entristeció un poco no ver a nadie de ese grupo clásico que tantos años compartió lectura y vida. Parece que desde que Julio nos dejó y Miguel anda enfermito, desde que me han dejado todos, sin excepción, en el borde del abismo, debo ser el culpable de un pecado que nunca cometí. Ya van unos cuantos feos. Puede que un día de estos deje de preocuparme vuestra asistencia y, con la sencillez del pájaro que emigra, cambie estos parajes fríos por otros más amables, sin rencor, sólo con olvido.

Puede que jugase el Real contra el Atlético. Pero no lo creo, que Madrid está lleno de bares. Como decía Claudio en su "Ballet de papel":

Adiós y buena suerte. Buena suerte.

viernes, 6 de noviembre de 2009

3 Algunos poemas casi tristes 5

Los débiles

Los débiles marcan el paso en las procesiones, teclean rápidamente en el ordenador, viajan a países exóticos en clase turista, recorren el trayecto hasta casa en un vehículo sin ruedas, rompen el día con la necesidad del buen tiempo.

Los débiles sienten por debajo de las palabras, entienden la calumnia pero la fagocitan, escuchan el silencio pero oprimen el claxon, mandan como sátrapas en las panaderías, consumen su cerveza y dejan en el platillo la última aceituna.

Los débiles mean en silencio, aguantan la bronca del taxidermista, votan honestamente lo contrario que dicen, piensan según los otros, han inscrito a sus hijos en su mismo colegio, dicen Oh capataz, mi capataz.

Los débiles aman al que hace, aman al que dice, aman al que sueña. Quieren ser la paloma que pintara Picasso, sobre su cama vela el Cristo de Dalí, bajo el sueño perciben historias con relojes, jergones sin memoria, diccionarios aún vírgenes.

Los débiles agitan papeletas sin premio y en las tribunas beben café y pastas inglesas, visten su hemoglobina con el azar, se casan cuando el amor emigra hacia otra puerta, se masturban sin ganas, ponen música ambiente.

Los débiles no piden, esperan tu propuesta. Los débiles no lloran más que al fin del verano. Los débiles disparan con el arma del otro, se saben, se numeran, cantan en misa y fuman en el átrio en silencio.

Los débiles se vengan en quien más los protege, dejan en las aceras abiertos sus cadáveres, pero se acuerdan pronto, los lavan y los secan.

Sobre quien más les ama clavan su olvido.

A fuego.



ueceloy / noviembre de 2009

jueves, 5 de noviembre de 2009

0 Teatro hiperbreve y 20. Epílogo

Con cierta tristeza donde se me acumula estar pasando unos momentos poco afortunados, sobre todo en lo económico, tal vez producto de confundir amistad y dinero, o ambos, es decir que con el alma doliente y el bolsillo desnutrido, doy hoy por finalizado este ciclo de obritas que he llamado Teatro Hiperbreve.

Agradezco mucho tanto a críticas y críticos como a amigos y parabienes. Y no prometo continuación alguna, a no ser que la avalancha de peticiones, que me da que no, llegue a rebasar el pequeño vaso de mi resistencia. Vale.


20. EPÍLOGO
Para todos mis alumnos

EL HIJO

El escenario está vacío, sólo hay un cartel de carretera que anuncia –hacia la derecha- la leyenda “FIN DEL MUNDO 15” y al lado un pequeño mojón de piedra. Por ese mismo lado surge, mochila al hombro y comiendo un bocadillo, a paso cómodo, el hijo de la primera obra. Pasa al lado del cartel sin prestarle mucha importancia. Al llegar al otro lado se detiene bruscamente, esboza una sonrisa, se encoge de hombros y sin dejar de comer su bocadillo, sigue su camino.

No hay oscuridad.



Fin de Teatro Hiperbreve.


© Jesús Urceloy /1998-2009

viernes, 30 de octubre de 2009

2 Algunos poemas casi tristes 4

Un amor

para marisol

el cuenco de mis manos apretadas
es el lugar que ocupa mi tristeza

mis dos manos adultas que se pierden
en la niñez aromas ruidos noches
recuerdan las canciones que mi padre
cantaba sin saber que en esa voz
iba trazando mi memoria

pensar en estas manos agrupadas
grandes como el tamaño de mi cuerpo
nacidas junto a mí alto ancho y fuerte
y tan anchas también y tan adultas
me hacen dudar pensar si fui si existe
una agonía deseada
si sólo vine para recordarte
en un amor

tal vez de caminar junto a mi cuerpo
de coger cosas
se hicieron fuertes
tal vez de romper horas y bolígrafos
se hicieron disimuladamente fuertes
y amaron
lo que pudieron
lo que sabían
las horas los bolígrafos
la fruta los regalos infantiles
los libros y la música encerrada
los timbres y las puertas
la ternura

amaron
de una mujer
su abrazo

con su cadáver con su máscara
con su desnudo débil y su llanto
final
con su alegría

estas manos vivieron
en una ciudad vieja
en una casa pobre
en una habitación
una cama un armario una mesilla
y un poco sólo un poco
de cielo prometido

de aquel cielo imperfecto que pasaba
tras la persiana sucia por el patio

mis manos son ahora
su espalda el pelo suelto a golpe
de luz para volver durmiendo junto a ella
en un borde del suelo
a salvo de pisadas
a salvo del rencor
junto al lugar de su tristeza


Urceloy / 2009

miércoles, 28 de octubre de 2009

0 Teatro hiperbreve 19. Todos somos

Bueno, ya he llegado a la obrita penúltima. En este caso es un poco, muy poco, más larga que el resto. También es la menos, en principio, difícil de todas, y entronca directamente con un teatro más tradicional, no exento de ternura, lirismo, algo de ñoñez y su poco de mala leche. Todo a posta, of course.

19. Todos somos
Para Marisol Huerta y Julia García

La voz / Enrique Arribas / Lou de Brescia

La voz : Durante esta pequeña obra leeré las predisposiciones escénicas. La vida es bella, el globo funciona. El tren de Ampor reanuda su viaje tras la reparación de una pequeña avería. En un departamento duerme Enrique Arribas, que vuelve este verano a su pueblo, a sus gentes. El mecánico Lou de Brescia, agotado, con el mono sucio, entra con discreción en el departamento y sentado al lado de Enrique desenvuelve un bocadillo y descorcha una cerveza. Enrique se despierta y observa al mecánico que, con ambos pies apoyados en el asiento delantero, sólo está pendiente de su almuerzo.

Enrique Arribas: Disculpe... Yo a usted le conozco.
Lou de Brescia: Sorpréndame.

La voz : Oh, divino Enrique: ¿Qué te conmueve?¿Dónde su gracia?

Enrique Arribas: Usted es... Lou... ¡Lou de Brescia!
Lou de Brescia: No se lo voy a negar.

La voz : Sí, Enrique, no te engañas, es él. Que por fin sonríe, que parece renacer de las sombras, que en tus palabras va encontrando razones para seguir viviendo.

Enrique Arribas: ¡Lou de Brescia! Vaya casualidad. ¡Lou... ¡
Lou de Brescia: De Brescia, sí...

La voz : Ah, observa cómo respira, cómo en su pecho la sombra empequeñece, cómo rompe las ligaduras que han aturdido sus párpados, cómo alienta cuando te sonríe.

Enrique Arribas: ¡El poeta! No se lo van a creer. ¡El gran poeta! Dirán que miento.
Lou de Brescia: ¿Quiénes?
Enrique Arribas: Mis padres, mis hermanas, mi abuelo octogenario.
Lou de Brescia: Ya será menos.
Enrique Arribas: Mis amigos, los guardias, el cura, la alcaldesa, la Sociedad de Amigos del Deporte, las agricultoras, los ganaderos, el pueblo en suma.
Lou de Brescia: Me deja usted de una pieza. Me ha sorprendido de verdad...

La voz : Y Lou de Brescia, el gran Lou de Brescia detiene su comida, saca de su bolsa un libro y te pide el nombre y te dice mientras va escribiendo “Este libro, amigo Enrique, te lo dedico a ti, con tu voz, con tu gente. En el tren de Ampor, a tantos de tantos, del año...” Y firmará, y te lo hará entrega. La felicidad colma vuestros ojos, no sabéis qué decir, os miráis y sois uno. Y cerramos los ojos, apoyamos la cabeza en el asiento, el tren silba y no caen bombas. Lentamente, cae el telón, y mi voz, al fin, descansa.

miércoles, 21 de octubre de 2009

2 Teatro hiperbreve 18. Un caso real

De todas las obritas esta es la única que recrea un caso real. Narra una historia que mi tío Trifón contaba de su hermano Bartolomé, que la conoció por boca de su protagonista, hacia finales del 36, cuando fue redactor del Diario de Ávila y en España pasaba lo que pasaba. El tío Bartolomé tenía carnet de la CNT y cuando le tocó ser interrogado sustituyeron las hostias por aceite de ricino, que deja menos marcas. Del resto de la historia sé muy poco y no me apetece nada recordar.



18. Un caso real
A quienes corresponda

La secretaria / El torturador / El detenido

Bajo una lámpara de foco que cuelga del techo un hombre fornido, con la camisa arremangada golpea a otro, que está sentado y atado en una silla. El que golpea lo hace con parsimonia y sabiduría, procurando que los golpes hagan daño al detenido, pero no al extremo de que se desmaye. El preso está hecho un puro guiñapo y manchas rojas salpican su camisa. Se deben escuchar bien los golpes y los gemidos.Pasan unos minutos. Escuchamos una puerta abrirse y aparece una secretaria, vestida de funcionaria, con un cartapacio.

La secretaria: ¿Ricardo Esteban?

No espera a que el torturador responda. Saca del cartapacio un sobre y se lo entrega. Señalando un punto de la carpeta dice:

La secretaria: Firme aquí.

El torturador busca entre sus ropas un bolígrafo, que no encuentra. La secretaria con un gesto le indica que ella tampoco tiene. Ambos están nerviosos. El detenido, que ha contemplado la escena, carraspea y dice:

El detenido: Yo tengo un bolígrafo. Aquí, en la camisa.
El torturador: (Tomándolo, con alivio y sincero agradecimiento.) Muchas gracias.

Firma el documento. La secretaria se va, la puerta se cierra. El torturador rasga el sobre, extrae un papel y lo lee. Esboza una gran sonrisa. Incluso ríe con sinceridad. Tras volver a colocar el bolígrafo en la camisa del detenido, se dirige a éste.

El torturador: Un poquito más y terminamos.

Sigue la paliza un par de minutos. Luego se hace oscuro.

martes, 20 de octubre de 2009

0 Algunos poemas casi tristes 3

San Anselmo de Canterbury es reprendido por sus superiores por recitar salmos en voz baja. Madrigal.

Dentro de este poema
viento de sed, salitre y no gemido
un verso a media vida se ha escondido.

Si en su cadencia loca
tu ritmo ha de brillar claro y sonoro
no dejes que ese coro
de necios te silencien por la boca.

Como el viento en la roca
dentro de este poema
la voz susurra y a su tiempo quema.

urceloy / octubre de 2009

miércoles, 14 de octubre de 2009

1 Teatro hiperbreve 17. El lobo escenario

Desde hace cinco años sucede siempre lo mismo, practicamente sin variaciones. Me voy a Asturias el puente del Pilar y al volver, justo el último día agarro un trancazo descomunal que me deja baldado unos días. Esta vez, afortunadamente no ha sido una bronquitis, sino un catarrazo estupendo que yo sé muy bien quién me lo ha pasado, ya que se tarda un par de días en gestarlo, y la persona en cuestión, que la verdad es muy maja y la quiero mucho, no por ello cuando tose lo hace a bocajarro, sin miramientos, sin poner barreras -quiza un pañuelo, la mano, girar el rostro.

A consecuencia ayer no pude dar clase, y menos mal que el bueno de Antonio Rómar, que es un santo varón, me auxilió con la elegancia y presteza que le son habituales y en las que me enorgullezco ser su amigo. Gracias.

Ahora, aprovechando que van a dar las ocho y me toca otro sobrecito de Algidol recuerdo que casi me olvido de poner la obrilla de los miércoles. Así pues allá va. Besos metafóricos a todos.


17. El lobo escenario
Para Antonio Rómar y Jesús Cuesta

La persona

Se hace la luz y muestra un escenario vacío. Se escuchan voces de una persona que juega con un perro, aunque en ningún momento el perro saldrá a escena. Juega la persona a lanzarle cosas al animal, que jadea, contento. La persona también jadea. Dice frases como “Toma, bonito”, “Venga”, “Muy bien, muy bien”, “Vamos” y toda suerte de expresiones parecidas. En un momento determinado un filete de grandes dimensiones vuela y cae al escenario. La persona sale a escena, pide disculpas al público, echándole la culpa al perro, recoge el filete de manera que se vean claramente sus dimensiones extraordinarias, y vuelve a marcharse. Se repiten la misma suerte de jadeos y voces hasta que, volando, aterriza en escena estrepitosamente un hueso gigantesco. La persona vuelve a salir, pide disculpas, recoge el hueso y vuelve a marcharse. Siguen los juegos a los que ya nos tienen acostumbrados. Aparece en escena, rebotando con parsimonia, una pelota hinchable muy grande, tan enorme que, la persona cuando vuelva a escena e intente cogerla, no pueda. Al final resolverá quitarle el tapón y deshincharla. Al salir de escena se vuelven a escuchar los jadeos, pero sólo de la persona, que insiste a que el animal le obedezca. De repente sonará un rugido terrible, estremecedor, lovecraftiano seguido de un silencio intensísimo. Oscuridad.

miércoles, 7 de octubre de 2009

2 Teatro hiperbreve 16. Los que sufren

Para alegría de muchos y reclamo de irredentos comunico al personal adyacente que hoy he terminado de escribir las 20 obrilllas que me había propuesto. Así a las 14 originales he añadido 6 nuevas, y de aquellas 14 he corregido, añadido, o reescrito la mayoría. Una vez que cuelgue la nº 20 y última con toda probabilidad me presentaré a algún premio de teatro, y si no pasa nada, pediré colaboración voluntaria para leerlas en algún sitio en acto ceremonial, tras el cual, y después de borrarlas de internet y de mi ordenador, quemaré todos los originales y todas las copias en pira comunal con ron añejo. A no ser que a alguien se le ocurra algo mejor. Ahora toca la 16.


16. Los que sufren
A los que alientan.

A / B

Dos hombres sentados cara a cara ante una mesa. Se miran, se valoran, se calibran. Uno de ellos se pone en pie, se quita la chaqueta, la corbata, la camisa y a pecho descubierto increpa a su oponente.

A: ¡Yo también he amado!

A continuación se sube a la silla, de ahí a la mesa, y en posición firmes, mirando al público, espera con gesto pétreo. El otro ha observado todos los movimientos con timidez. Contempla a su contrario, se alza, se quita zapatos, calcetines y pantalones, e imitando al otro sube hasta su altura. Al principio sin convicción pero finalmente con ansiedad abraza al otro y apoyando su cabeza en su hombro, llora.

A: ¿Qué haces ahora?.
B: Llorar, ¿No lo ves?

El primero acaricia los cabellos del segundo, con dulzura levanta su cabeza y delicadamente deposita un beso en sus labios. A continuación baja de la mesa, se viste con rapidez y sale de escena atravesando el patio de butacas. El otro, después, bajará, sentándose, buscando en sus pantalones caídos un cigarrillo que encenderá y fumará echándose hacia atrás.

Tras varias inhalaciones repentinamente comienza a toser. Intenta calmarse pero no puede, se golpea el pecho, tose, tose, tose, tose con insistencia, como si fuera a morirse de un momento a otro. Grita, con un inmenso dolor, se marea.

En lo más violento de la escena se hace la OSCURIDAD.

lunes, 5 de octubre de 2009

3 Algunos poemas casi tristes 2

(El primer poema casi triste se publicó en mi otra página

http://nadienostocaloshuevos.blogspot.com/

pero a partir de ahora lo haré aquí)



Sobre un tema de Shakespeare

Después de haber cruzado el Neolítico
a nado un par de veces, el Walhala
subido a pulso, y aguantar sonriendo
veinte cargas de Tropas del Imperio
Galáctico. Después de en Normandía
esquivado dos balas, cada una
con el nombre del otro. Tras haber
resistido un invierno entre los polos
sin provisiones, sin amor. Bregar
olas de ochenta pies en Krakatoa
y habernos muerto, haber resucitado
en el último instante, cuando Custer
llegaba con el séptimo por fin.

Después de tantas cosas te llamé
para pedirte no sé qué: consuelo,
un aval, tu palabra: Mira, hermano,
se me lleva la usura la pensión,
ella no quiere verme, se me cierran
los libros en las manos: ya ni leo.
No tardo ni un segundo, no te inquietes.

Pero ha pasado el tiempo y los fantasmas
del silencio han cortado nuestras líneas.
Pienso en Shakespeare. Recuerdo algunos versos:
ha llegado el invierno a nuestros días.

urceloy / octubre de 2009

miércoles, 30 de septiembre de 2009

1 Teatro hiperbreve 15. Los que mienten

Alguien se me quejará, y con razón, que de un tiempo a esta parte sólo me dedico a editar mis obrillas de teatro hiperbreve. Por mucho que algunas las haya modificado y que otras sean nuevas, debo confesar que en breve plazo acabaré con todas y que después habré de ingeniármelas para no caer en repeticiones y desencantos.

Ando este mes de septiembre de bote en bote y con las preocupaciones naturales de los que vivimos un poco a salto de mata, sin contratos fijos, aceptando casi cualquier oferta, bolo, clase o escritura y rogando que todo salga, no necesariamente a lo grande, sino que salga. Amén, algunas de mis muelas han dicho basta y llevo el mes entero y lo que resta con una maja chica que se ha empeñado, para mi bien, en meterme en la boca agujas, pernos, cinceles y sierras. Yo cierro los ojos y me dejo hacer. Cuando me duele levanto el brazo izquierdo, entonces miro a sus ojos y se lo perdono todo.


15. Los que mienten
A los que ignoran

A / B / C

Tres personas, da lo mismo de qué sexo. Tres personas vestidas con una capa. Con una capa, faldón corto, sin zapatos, con espuelas. Tres personas arrogantes, fieras, tristes y estatuarias. Una porta lanza aguda, otra escudo pintado, la tercera máscara terrible. La misma postura, los mismos movimientos.

A: Este es el campo de batalla.
B: Aquí enterraré unas picas.
C: En esta curva emplazaré un cañón.
A: Aquí cavarán las fosas.

(Pausa)

B: Yo nunca estuve aquí.
C: Muriendo mano a mano.
A: Con un verso en la boca.

(Pausa)

B: ¿Véis aquel pájaro? Parece un hombre.
C: Ha caído lejos.
A: Mirad, de entre la tierra sobresale una mano.
B: Démosle limosna.
C: Démosle de comer.

Oscuridad.

viernes, 25 de septiembre de 2009

1 Teatro hiperbreve 14. Los que lloran

14. Los que lloran
A los que dudan

LA MUJER

Vestida con sólo un camisón, sentada en el suelo, cara a cara contra el público. A su lado tres cintas de satén negro.

Atándose los tobillos con una de las cintas.

LA MUJER: A menudo estas cosas son así.

Con otra de las cintas anuda sus muñecas.

LA MUJER: Esta parte es algo complicada, todo es acostumbrarse.

Con la tercera de las cintas se venda los ojos.

LA MUJER: Y esta es más fácil de lo que parece.

Se tiende en el suelo boca arriba intentando cogerse con las manos los tobillos. Cuando lo consigue, dice, entre risas:

LA MUJER: ¿Hay todavía alguien ahí?

Se alternan periodos de oscuridad y claridad intermitentes, no demasiado rápidos, mientras la mujer, con lentitud, realiza el acto de desatarse. Al final, en pie, lanza las cintas al patio de butacas.

LA MUJER: Es todo tan sencillo.

Una pena inmensa se adueña de la mujer, que llora. Del techo surge una cuerda. La mujer tira de ella y se apaga la luz.

1 Pornomanía del yo 6

Ha llegado septiembre con sus aceros y sus lazos en punta. Ha llegado septiembre y comienzan las rebajas en el corazón, y uno, poeta sobre todas las cosas se tiende bajo el naranjo a ver pasar la vida, tal vez con miedo a que todo salga mal y mi padre, vestido de fantasma, vivo en mis sueños, venga a consolarme, a decirme nada ocurre todo va bien.



miércoles, 16 de septiembre de 2009

3 Teatro hiperbreve 13. Los que duermen

Los que duermen

A los que viven

A / B

Dos personas. Sala de estar. En pie, mirando por una ventana pero sin asomarse a ella, A. Sentada en un sillón antiguo, reclinada la cabeza, muerta, B. La ventana es el público. No hay tensión en los diálogos: soledad.

A: Despertaste más triste esta mañana.
B: Ella murió hacia octubre.

(Pausa)

A: Mirabas a lo lejos.
B: Mirabas siempre al sur.

(Pausa)

A: Levantarse, vivir, tender la ropa.
B: Vestirse de hombre.

(Pausa)

A: Pasear hasta su tumba y pedirle perdón por no haber muerto antes.
B: Era octubre.

A se aleja hasta una radio oculta, suena una música indiferente, se acerca a la ventana, apoya sus manos en el alféizar, oscurece.

domingo, 13 de septiembre de 2009

1 FISIOLOGÍA NEOCONJETURAL Y OROGRÁFICA DE ASTURIAS 1

1. Playa de Barro

Para Carlos Huerta, con mi cariño.


tres mujeres
de diversa edad y de la misma familia se sumergen en el agua dos varones con tripilla incipiente juegan a la pelota una familia con acento alemán se tuesta al sol una familia con acento francés ya se ha tostado una familia con acento catalán triunfa en el izado de sombrilla una familia con acento vasco habla en correctísimo español una familia con acento gallego se marcha al chiringuito una familia con acento andaluz descubre que en la playa hay rocas una familia asturiana coge el coche y se va a comer a casa lo mismo sucede con otras doscientas trece familias asturianas
es
ca
lo
na
da
men
te entre las catorce y las diecisiete horas
al
fondo a media
distancia entre el horizonte y la playa
un bulto sospechoso de blanco
y
rojo
se agita
entre las olas
sube
y
baja sube
y
baja sube baja será una
boya
algunos
bañistas aseveran que el agua está fría que hay algo de resaca podemos contar más de cien personas con el agua a la altura del esófago presumiblemente unas diez con el agua al cuello
alguno no hace pie
sabe nadar
eso es sano
rea
ma
la
be
su
el bulto lejano debe ser tiene que ser es una boya
Qué hambre un tinto de verano camarero
aquí no se ahoga nadie, habrá que irse.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

1 Teatro hiperbreve 12. Los que callan

12. Los que callan

A los que aman

A / B

Oscuridad total. Un redoble de tambores, seco y fuerte, anuncia cercano una ejecución. Silencio: prolongado. Sobreviene una descarga de fusilería. Silencio. Pasos. Dos tiros, tristísimos, de gracia. Pasos. Silencio. Una luz repentina deja ver dos cuerpos en un poste, que cuelgan en difícil postura. Ojos vendados Sus manos, atadas a la espalda al madero, no les han dejado caer del todo.

Siempre y sin hacer un sólo movimiento.

A: ¿Se fueron ya?.
B: No les oigo. Sí. Ya se fueron.
A: ¿Te queda tabaco?.
B: Me lo quitaron. No tienen corazón.
A: Soñé que me abrazabas: que habíamos vencido.
B: Tu piel estaba fría.
A: Ahora no.
B: Sabes que te he querido siempre.
A: No debe quedar mucho.
B: ¡Qué temprano amanece!
A: Será mejor marcharnos.
B: Sí, vámonos.
A: Vámonos.
B: Sin ruido.
A: Sí, sin ruido...

Estáticos, los cuerpos son acariciados por un sol naciente. Lejano, muy lejano, un piano esboza un sol. Al apagarse la nota, Oscuridad.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

2 Teatro Hiperbreve 11. Daños colaterales

En Asturias, estas vacaciones, escribí esta obrita nueva, y se la dedico a quien me la inspiró, sin saberlo. A ver qué tal.


Daños colaterales

Para José María Sulleiro


LA MUJER / EL LABRIEGO / EL HOMBRE

De fondo, muy lejano, suena un cañoneo intermitente, como si se librase una batalla. En escena una MUJER campesina sentada sobre un canasto borda una cinta oscura en un sombrero de tela blanco, de alas grandes. A su lado un LABRIEGO cava un barbecho con una azada. En esto aparece en escena un HOMBRE de pelo ralo y barbas blancas, vestido de ciudad. Lleva entre sus labios una pipa apagada.

MUJER: Hoy tampoco lloverá.
LABRIEGO: Para lo que hace falta...
MUJER: (Acabando su labor ofrece el sombrero al recién llegado) Aquí tiene su sombrero.
HOMBRE: (Observándolo con detenimiento.) Ha quedado muy bien. (Se pone su sombrero y observa al labrador.) ¿No es muy profundo ese barbecho?
LABRIEGO: Para lo que ha de servir...
MUJER: Es por matar el tiempo.
HOMBRE: Ya.

El LABRIEGO detiene su trabajo, deja la azada, y se incorpora con dificultad, quejándose mientras se levanta. La mujer le alcanza una bota de vino, de la que beberán primero el LABRIEGO y después de ofrecérsela, el HOMBRE. Cuando a su vez este le ofrezca la bota a la mujer, ésta se limitará a colocarla en su regazo. El HOMBRE señala la azada y dice.

HOMBRE: ¿Puedo?
LABRIEGO: Coja, coja...
MUJER: Para lo que ha de aprovechar...

El HOMBRE cava. Al poco se detiene, y sin incorporarse dice.

HOMBRE: Es duro esto.
MUJER: Sí.

El cañoneo lejano, que no ha dejado de sonar, parece hacerse más claro y cercano. De repente se hace la oscuridad.


urceloy 2009
 

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