viernes, 29 de mayo de 2009

3 Tiempos de crisis 5 El tío Felipe

El tío Felipe


La cuarta vez que matamos al tío Felipe también se presentó en el pazo. A la hora de la cena, como parecía ser regular. Dando gritos y trastazos en las ventanas. Todo él jaleoso y pendenciero, amigo de la burla y socio de la broma.

- Hubiera traído algo de vino, para remojar, ¡Rediós! Pero no sé dónde habré dejado la mano derecha, que no me la encuentro, y el pulgar de la otra mano, que así no hay quien traiga ni garrafa ni botellón.

Y se echaba unas risas.

Ni a Juan ni a Felisa, hijos del no difunto, ni a mi, nos pillaba ya la cosa por sorpresa. Y como las otras veces, a mi prima le salió la mujer que llevaba dentro y acudió a la puerta.

- Venga padre, no se quede ahí, con el frío que hace. Pase y siéntese, que donde comen tres bien cabe uno más. Juan, acércale un pote y un cucharón, y tú, Matías, pásame la bota que le tire unos tragos a mi padre.

El tío Felipe echaba la cabeza atrás y abría un poco la rendija de la boca, como sonriendo, y por ahí le entraba el chorro del tinto. Después Felisa se sentaba a la mesa y volvía con la matraca.

- Vaya mierda de asesinos. Dejarle así, sin mano y sin dedo gordo, que parece un Nepomuceno. ¡Desgraciaos, que ni para matar valéis! La próxima me dejáis a mi el hacha.
- No seas injusta con ellos, que me mataron bien, lo que pasa es que yo eché las manos a la cabeza, por defenderme, y he aquí el resultado.
- Gracias padre –decía Juan.
- Luego –volvía a la carga el tío Felipe- este otro me debió pegar fuerte en la cocorota, porque no se me recuerda más que lo de las otras veces, una noche oscura y al fondo una luz, y una voz muy bonita, como la de mi madre en fiestas, que me llama y me dice “Felipe, Felipe, ven... ven... verás qué bonito es esto...” Pero yo no voy, porque también se me antoja la voz de mi abuelo Rogelio que dice “Que no, que no venga, que aquí se está muy bien sin él...” Y en eso siento que me viene un frío y un hambre muy grandes.

Nosotros, Juan y yo, estábamos cansados de buscarle enterramientos, porque estaba visto que de allí donde le echásemos siempre volvía.

- Y es curioso, que siempre al mismo sitio.

Y tenía razón. Habíamos probado con una poza del río, una poza muy negra y profunda, donde le tiramos con sus buenas piedras atadas al cuello. También con la mina abandonada, y con el barranco de Benastes, que dicen que no tiene fondo. Y esta última, en el mar, allá por Finisterre. Pero no había manera. Siempre, según él, se aparecía en el maizal y a la hora del pote, que manda narices.

Después de comer dijo que tenía sueño, que se iba a la cama.

- Buenas noches. Y a ver cómo me matáis esta vez. – decía entre risotadas, mientras subía al piso de arriba.

Ni le miramos siquiera. Yo me puse al periódico y Felisa a fregar. Juan salió a afilar el hacha. A la vuelta, como siempre, nos pusimos a discutir. Al rato ya lo teníamos decidido.

- Como sois un par de inútiles tendré que subir yo a terminarle. – Dijo Felisa – Vosotros mientras a por leña. Luego me lo bajáis, que yo me encargo de la lareira. A ver si lo que no come el agua lo deshace el fuego.

Y se fue a por el hacha.

Yo creo que las cuatro muertes le habían afectado algo, porque el cuerpo me pareció que pesaba menos. Así que lo bajamos y lo tendimos en el suelo. Y a una orden de Felisa lo empezamos a descuartizar y a echar los trozos a la lareira. La cabeza quedó entre dos troncos, un poco ladeada y mientras el fuego la churruscaba parecía que la boca se le contraía, como riéndose. Al tiempo recogimos las cenizas en un saco, que yo me encargué de esparcir por el maizal.

No volvimos a ver al tío Felipe. La primavera vino buena y la cosecha fue generosa. Florecieron los geranios y los tulipanes. Pudimos comprar la vaca y casarnos Felisa y yo. Y Juan acabó por encontrar asiento en el la aldea de arriba. Viene poco, y cada vez que viene entretiene a los niños con unos polvillos blancos que se acumulan en el ventanal. Hace unos montoncitos. Los sopla aprovechando cualquier vientecillo y se ponen a girar y a girar hasta que se desvanecen. Los niños se lo pasan en grande, pero a Felisa y a mi no nos gustan, porque nos hacen estornudar.



urceloy / mayo de 2009

miércoles, 27 de mayo de 2009

4 Teatro Hiperbreve 1 El último adiós

Hace unos años tuve una ocurrencia. Escribir una serie de obras de teatro mínimas, que se pudieran hacer en menos de tres minutos. Y que no fueran gags, o meros divertimentos. Sino que tuvieran su carga moral, o ética, o que planteasen un conflicto. Coincidió por aquellos años que unos estupendos locos como Sonia García, Juanma Navas y otros amigos sacasen a la luz y no sin grandes esfuerzos una revista mensual que hoy se me antoja necesaria, y que creo, según mis últimas noticias, Sonia ha vuelto a relanzar: Poeta de Cabra. Aquellas obritas fueron apareciendo poco a poco, mes a mes, número a número, hasta el último, que se cerró -como siempre pasa- por falta de presupuesto y su mucho de cansancio.

Tuvieron su aceptación y su elogio, y hasta hubo grupos y teatros que se interesaron por ellas: bien como bloque, pues se pueden representar una tras otra, o por separado. Pero al final no se estrenó ninguna. Por lo tanto si bien no están inéditas, sí que siguen en el cajón del sueño, aunque alguna fue adaptada para la radio.

El otro día mi incombustible amigo David Torres me recordó, en una de sus notas a este blog urceloquiano, esas obras mínimas. Y ya que están durmiendo el sueño de los justos no creo que les haga mal salir a respirar un poco. Me propongo sacarlas todas cada miércoles. Y si alguien quiere representarlas sencillamente que me llame, que soy persona de fácil convencimiento. Ahí va la primera.
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1. El último adiós
Para David Torres

El Padre.
El Hijo
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Amanecer. Aldea. Casa. Puerta. Lejano, el horizonte.

El Padre: Ten cuidado y mira bien dónde pones el pie, que de un tiempo a esta parte parece que la tierra se ha hecho redonda y calibro que un sólo tropezón te haría rodar hasta el infinito.
El Hijo: No diga tonterías, padre.
El Padre: No son tonterías, que yo me entiendo. Anda vete, que si sale tu madre y nos ve en estas, aún se va a echar a llorar y a amargarme el resto de mis días.
El Hijo: Dígale usted que la quiero, que la he de escribir.
El Padre: Una última cosa. Si de aquí en dos días no has vuelto no lo hagas nunca. Ni aún vivo. Que lo que más estorba al hombre no son ni barrancos ni tormentas, sino el recuerdo que va dejando, que tira de uno como el imán, y nos hace duro el semblante y amargo el pensamiento.

El Padre no espera respuesta. Se mete en la casa.

El Hijo: Quede con Dios, Padre.

Portazo. El Hijo se aleja.

Telón.

domingo, 24 de mayo de 2009

0 Historias de la guerra 2

Los mandiles

Cuando acababan las batallas ellos empezaban a trabajar. Primero retiraban a los menos heridos, los que gritaban, los que se movían. Después, con rapidez y sin ceremonia, se les daba remate a los que agonizaban. No importaba de qué bando fueran. Una incisión rápida y profunda en la yugular bastaba. Los del otro lado harían lo mismo. También ayudaban en los días de fusilar.

Al acabar la jornada salían con los uniformes rojos, de pura sangre, y así no había manera de lucirse entre los compañeros. La idea de los mandiles la tuvo uno de los más jóvenes. Al comandante no le pareció mal.

Justo después de la guerra llegaron los mandiles, pero ya casi no se fusilaba.

-Pues es una lástima- dijo el de más edad.


Urceloy / mayo, 2009

sábado, 23 de mayo de 2009

3 Tratado de urcelología 11

El verbo rimar se conjuga de izquierda a derecha como el verbo amar y de derecha a izquierda como el verbo morir. Sólo así se entiende que haya poetas que rimando maten tanto.

Hay cuatro maneras posibles de rima: Asonante, consonante, porque sí y tú me vas a mí a enseñar qué es poesía.

También ocurre parecido con los versos: Rimados, blancos, libres y la poesía es libertad, mucha libertad, si lo sabré yo, ahora sí, el cafelito me lo pones con dos gotas de leche, eh?

En cuanto a su longitud los versos se dividen en tres: de Arte mayor, de Arte menor, y de arte, mucho arte.

El verso más corto se respira.

El verso más largo se llama odisea.

El ritmo no se consigue dándose de cabezazos contra la mesa: pero ayuda.

Los poetas malos sólo recitan sus propios poemas.

Cuando mi musa se va de zapatos escribo mucho mejor.

Quien no quiere distinguir entre "poesía" y "poético" tampoco distingue entre su voz y el cencerro que lleva colgando.

lunes, 18 de mayo de 2009

0 Áurea urcélica retórica 4

Sobre las horas (tractatus al modo antiguo)
Dos horas hay para el amor así como dos horas para la muerte. En realidad sólo existen doce horas para las doce cosas esenciales, pero como cada una necesita su tiempo de ida y su tiempo de vuelta se multiplican por dos. Por lo tanto también existen dos horas para el odio y para el sueño, para la holganza y para el estudio. Dos horas para el hambre y dos para el discurso, dos para la ignorancia y otras tantas para el vicio, dos para la reflexión y dos para la locura. Y no quedan más, por más que queramos mentirnos y decir que ésta para la amargura, que ésta otra para la felicidad, que aquella para la templanza, que esa otra para la envidia. Así hasta el infinito, puro engaño de las sensaciones.

Sin embargo – a excepción del sueño- nadie puede ni ha podido, pese a muchos estudios y averiguaciones determinar de qué hora a qué hora van el resto de ellas. Si de dos a cuatro se ama más, si de siete a nueve habremos de morirnos. En eso los pueblos tienen sus costumbres y los individuos sus rarezas. Y el sabio aquel que determinó ante su señor que el tiempo de la comidas debiera ser para el rico cuando le viniese en gana y para el pobre cuando hubiese de qué, en el fondo sólo utilizó del ingenio para administración de su cabeza, no fuese a salir rodando ante una mala respuesta o un antojo de su amo.

Entre los naturales del desierto es propio el amar después de las comidas, al medio día, que es tiempo de renovación de los humores y la sangre nueva anda de puro bullicio visitando arterias y tomando posesión de las articulaciones. Qué mejor manera para probarse y dar medida de su beneficio. No obstante jamás se hará este ejercicio tras la cena, que en todo debe ser frugal aunque bien regada en vinos y frutas, que facilitan más que la alegría de los músculos, el buen riego del pensamiento. Optan entonces estos habitantes por la charla con amigos y parientes, pues el ingenio se halla en su mejor momento y es bueno para el humor y la risa, de la que nadie sea ajeno. O eso dicen.

Con todo no es materia de exactitudes dar este horario por bueno en todas las latitudes, ya que las costumbres, bien guiadas por temperaturas y cartografías, van determinado en el transcurrir de los siglos sus verdaderos acomodos. Y hasta se han conocido pueblos que trocan en todo la práctica anterior, y que delimitan para la amatoria horas tan dispares como el amanecer o la misma madrugada.

El sueño es el único que ha sabido encerrarse y tomar de sí y para sí dos horas en cualquier paraje donde nos encontremos, sea norte o sea sur, sea mar o sea montaña. El sueño habita dos horas de la madrugada, de tres a cinco. El cuerpo le debe ese servicio y el pensamiento esa dádiva, y aquel que no cumple, aunque sea por obligación de su cargo y beneficio de su república, su mandato, sabe que acorta su existencia en tanto tiempo como el que tarda en volver a su homenaje. Y es propio de estas gentes la vida corta y el ingenio desbocado, pues en tales horas sueño y vida se confunden y alguna vez habremos oído, de los poetas sobre todo, que rehuyen del sueño por el prodigio que en sus escritos entonces sucede.

Y ahora, a dormir, que van a dar las dos y media.

jueves, 14 de mayo de 2009

3 Decalología urcélica 1

Decálogo básico para el distinguir entre mil una película española

1. En toda película española sale un niño. Si borras todas sus escenas y no pasa nada de vital importancia para la película, es prueba evidente de esta nacionalidad.

2. La madre del niño siempre debe tener problemas derivados de hacerle caso al imbécil de su hijo.

3. El malo siempre tiene un defecto físico, y si no es el malo, su compinche o amigo.

4. Los gordos siempre sufren, y fuman, y lloran, y son débiles y se mueren.

5. En la banda sonora siempre aparecerá un tema andaluz y si se recita un poema siempre ha de ser de Lorca.

6. Antes o después saldrá una voz en off que nos contará precisamente lo que ya estamos viendo.

7. En los papeles principales no hay gente del teatro, igual se les entiende.

8. Un buen actor español nunca sabrá cantar ni bailar ni mucho menos tocar un instrumento.

9. Los viejos son inútiles y si no lo son se mueren en el primer rollo.

10. Si la acción se desarrolla en los años 80 todos los coches serán de los 90 pero los teléfonos móviles de última generación.

miércoles, 13 de mayo de 2009

1 De amos y esclavos 3

Llamó el amo al esclavo y le dijo:
- Eres libre. La República está en crisis y en breve seré tan pobre como tú. Cuando eso ocurra habré de morir por mi propia mano. Ve y recoge tus cosas mientras escribo la carta de tu libertad.
El esclavo entonces dijo:
- No hagáis tal cosa, señor. Dejadme vuestro lugar y ocupad vos el mío. Veréis cómo en breve plazo sabré resolver a gusto ese problema.
Acordó el amo en todo, y nada más verse el nuevo amo en su nueva posición ordenó desnudar al que fue amo, atarle a un árbol y azotarle hasta dejarle casi muerto. Luego mandó arrasar campos y casas y malvendió enseres y esclavos. Cuando partía para la ciudad se cruzó con su antiguo amo, que aún respiraba, y tas escupirle en la cara, le dijo:
- No sufráis por mí.
Y sin mirar atrás ni una sola vez cabalgó hasta no ser más que un punto en la lejanía.

lunes, 4 de mayo de 2009

10 Sobre mi onomástica en fin

Después de haber recibido unas cuantas muestras de afecto absolutamente cariñosas, de esas que hacen que uno resbale más en sus babas de lo habitual, debo dejar constancia de uno de los pocos datos que a buen seguro aún sigue siendo fidedigno en mi muy inventada pero no por eso menos enjundiosa existencia:

Que cumplo años el 7 de Mayo.

Y para investigadores, curiosos y facedores de cartas astrales y otras melopeas que:

Nací en 7 de Mayo de 1964 en Madrid.
Es decir que me caen en 2009 45 del ala.
A las 5:00 de la madrugada.
En el sanatorio de San José, hoy hospital, sito en la Calle Cartagena, 12.
Tauro.
Dragón, entre los chinos.
Octomesino, es decir que me adelanté unos 30 días al cálculo previsto.
Que no alcancé un peso mayor a los dos quilos, por lo que ya a tan tierna edad fui encerrado en una incubadora.
Que fui bautizado por el cura de urgencia y por una suerte de equívocos con el nombre de mi padre, Jesús Luis, en vez de Francisco Javier, que es el que, en principio, mis progenitores hubieran querido. Y que, por no marear la perdiz acabaron con el Jesús, etc, esto es casi otra historia.
Que el signo de mi madre, Carmen, es Libra, del 29 de Septiembre, y el de mi padre, fue Géminis, del 31 de Mayo.
Que me caen muy simpáticos los de mi generación y entre ellos el lobo lobero que tiene aquí mesmo también su blog.

Y que en fe a mis posibilidades en los próximos días comenzaré a llevar viandas y licores, con el comedimiento propio de mi tasa, todos ellos benefactores de la salud, por clases y conventillos, asinque quien faltare se lo perdiere.

Y nada más. Que besos. Que se os quiere.

Bueno sí, que como ya estaba harto de escuchar la misma cantinela he suprimido lo de la musiquilla, pero si alguien quiere saber aún en qué consistía mi selected music que sepa que eran los siguientes temas:

1. Agnus dei de Samuel Barber.
2. Final del Acto I de La ciudad muerta, de Wolfgang Korngold
3. Tenebrae factae sunt, motete a 8 voces mixtas de Tomás Luis de Victoria.
4. Ridicolosamente, pieza para piano de Sergei Prokofiev
5. Aria de la locura, de Lucía de Lamermoor, de Donizetti.
6. Más vale trocar, madrigal de Juan del Enzina.

Más besos.

Urce

miércoles, 29 de abril de 2009

1 Homenaje a la imbecilidad humana 1

El 4 de enero de 1912 Franz Reichelt, sastre parisino, se arroja desde el primer piso de la Torre Eiffel demostrando al mundo la utilidad de su recién inventado traje – paracaídas.


¡Fuera, apartad! -el hombre ya no es hombre-
rasga la voz la altura. Abajo, el globo,
atento ignora su gobierno: el bobo
nunca presume nada que no asombre.

Zar de los aires. ¿Servirá el intento?
Recto el corte y más recta la palabra,
el futuro dirá... ( Ahí va el invento
iluminadamente abracadabra).

Con el frío en los huesos, y en el banco
hueca la sangre, y el espacio en torno,
envidiosa la duda ayuda al salto.

Ligero hacia la luz, ya sin retorno,
torpe vuelo que grita un verso en blanco:
............................................................... .



urceloy / abril de 2009

http://www.youtube.com/watch?v=21TkyF4gua0

domingo, 26 de abril de 2009

1 Tratado de urcelología 10

A ambos lados del go pretende el necio.

Cada vez que se tiraba un pedo arrojaba un trozo de alma.

Cuando antologues procura que no se note si lo haces al dictado.

En el amor y en la amistad siempre pierde quien más da.

En los negocios, sin embargo siempre gana el más amigo.

En la calle nunca recogía las heces de sus perros. No sabía distinguirlas de las suyas.

Era tan puta que sólo follaba de espaldas al público.

Era un poeta tan ególatra que sólo escribía de sí en presente histriónico.

Los mediocres ríen para adentro.

Quien se cree grande reparte limosnas.

sábado, 25 de abril de 2009

2 Música curativa 2

Esto lo escribo de memoria, así que no se esperen muchos datos como fechas y esas cosas, además que para eso está la wikipedia.
El segundo tema que elijo para la Cura Musical es el aria más famosa de la ópera de Korngold "La ciudad muerta" . El tema de la ópera es rarete para una obra de este calado. Nos encontramos a un tipo que vive casi en absoluta soledad en su casa tras la muerte de su amada esposa, es más casi nunca sale del cuarto de estar, donde hay un retrato estupendo de la dama en una de las paredes. Le visitan amigos, cada vez menos, que le invitan a irse con ellos a pasear y esas cosas, y el tipo va con ellos muy de vez en cuando. En una de esas salidas cree ver a una mujer igualita igualita a su mujer muerta, y ésta, por lo del ligoteo y aprovechando que están en fiestas de carnaval en la ciudad, le sigue la corriente. Él la lleva a su casa y parece que la cosa va bien hasta que se da cuenta de la locura amorosa de él y de que no la ama a ella, sino al fantasma de su mujer reencarnado. Sin embargo le comprende, ya que se da cuenta que él no está loco, ni es un psicópata: sólo un hombre que le juró amor eterno a su mujer y está cumpliendo su palabra. Al final el enamorado entiende que su sueño es imposible, que nada puede hacer salvo quedarse en la última soledad: se despide de sus amigos, de la chica guapa, con caballerosidad, sin montar numeritos y tras echar las cortinas de su casa, que queda a oscuras, canta el mismo aria que suena en mi selección musical, saca un revólver y deja que caiga el telón, mientras la música, una música muy triste y muy bella, nos acompaña.
El aria que se escucha pertenece al final del Acto I. El enamorado, que se ha quedado absorto mirando el cuadro de su mujer, cree que esta ha salido del mismo, para consolarle con esta bellísima canción.
Nuestro compositor, Eric Wolfgang Korngold fue un niño prodigio, y en las fotos sale siempre con una carita tan de buena persona -lo era- que apetece ser amigo suyo. Fue un compositor de no muy extensa obra (murió a mediados del siglo pasado con poco más de cincuenta años). Tuvo que salir por patas de la Alemania nazi, no por judío sino porque al régimen no le gustaba nada la música que hacía y se buscó las castañas en California, donde puso música a un buen puñado de películas, entre ellas la oscarizada Robin Hood, que protagonizó Errol Flynn. También fue uno de los compositores que recibió el encargo de hacer un concierto para la mano izquierda por parte del pianista Wittgenstein, hermano del famoso filósofo, cuando el primero perdió su brazo derecho en la Primera Guerra Mundial. Hace poco se ha encontrado la partitura de la única sinfonía de Korngold, se ha grabado y es absolutamente genial.
Creo que la ópera "La ciudad muerta" debería traerse de una puñetera vez a este país y dar cabida a otras músicas, a otro repertorio, a otra belleza.

jueves, 23 de abril de 2009

0 Tratado de urcelología 9

Era un poeta tan serio que a los dieciocho versos se le iban los poemas del papel.

Y era otro tan aburrido que a los catorce ya se la habían ido de casa.

En el instante de tirarse al vacío todos los suicidas se llaman Jerónimo.

Tanto amor ponía al masturbarse que su mano, llegado el momento de la separación, lloraba lágrimas blancas.

Hay mujeres que se arreglan tan bien antes de salir de casa que deberían obligatoriamente pasar después la ITV.

Todas las coronas deberían encajarse boca abajo.

En el trabajo sólo follan los que están bien jodidos.

No esperes al hachazo para sacarle la lengua a tu verdugo.

El déspata huye siempre un momento antes del golpe de estado.

La patroanal siempre está dando por el culo.

Para quien siempre estuvo de rodillas es una tortura estar de pie.

martes, 21 de abril de 2009

4 Pornomanía del yo 3

Con el paso del tiempo y tarde, como siempre, me voy dando cuenta de los índices de mi fracaso. Mi buen amigo José Luis Morante tenía razón. Dijo y si no lo dijo me vale por igual el comentario, que soy un poeta “divertido y que hago sonetos” , y que eso me granjea no ser tomado nunca en serio, no figurar en las antologías, no figurar en las listas, no ser invitado a los congresos. Desde aquí me humillo ante esas palabras. Y fundamentalmente porque yo mismo avalo, y sigo avalando, dada mi forma de ser, que se piense de esa manera.

La verdad es que en mi obra poética no he publicado más de nueve o diez sonetos, y de entre ella, incluidos estos, no creo que lleguen a cinco los poemas per sé divertidos. Es más, me considero un poeta bastante serio, con un sentimiento más hacia lo trágico que a lo elegíaco, que tiendo al conocimiento de las cosas, a la experiencia de la vida, al dolor, pero siempre con un pequeño madero de salvación al alcance de la mano: la alegría necesaria de entregarse, de darse como salvación. Sin embargo no soy capaz de vender esta realidad y en público suelo ofrecer un carácter distendido y alegre, y no falta recital, congreso o tertulia en que no acabe recitando de memoria textos de índole jocosa –la mayoría de otros autores- que me son muy aplaudidos y vitoreados.

No me doy cuenta que precisamente en esos finales es dónde uno se juega realmente el tipo: que lo que se recuerda de uno es eso, esos finales de fiesta y por mucho que repita que no, que eso es otra cosa, que esa es mi parte actoral y no poética, al final todo el mundo regresa a sus soledades pensando en lo muy gracioso, en qué sonetos tan divertidos hace el Urceloy. En lo poco serio que soy. Y como tengo una voz buena, y conozco algunas de las claves del buen recitado, la cosa se afirma y contribuye a afianzar ese sentimiento ajeno.

Aprendí la escritura de la poesía desde lo clásico a lo moderno. Supe escribir madrigales y romances, silvas y endecasílabos, sonetos, antes de atreverme al verso libre, a la prosa poética y al versículo. El haber estudiado de esta manera, que es muy difícil en estos tiempos, me llevó a quemar mi obra escrita anterior a los treinta años, plagada de ritmos, de ejercicios sonoros y de figuras literarias. Se entenderá que es muy sencillo para mi escribir un soneto en cinco minutos, al modelo clásico, que a poco que lea cualquier poema de cualquier poeta me sea de una sencillez extrema imitarle y que alguna vez me haya prestado a ese juego en cafeterías y conventillos. Esto, evidentemente, tampoco ha hablado de mi poética a favor. Tal vez por esa facilidad escribo cada vez menos, cada vez mucho menos.

Soy el labrador de mi fracaso. Y a pesar de que algunos amigos me valoran en la medida que yo quisiera, sospecho que también en ellos existe y no les culpo, ese sentimiento que cada día me hace un poco más triste.

Basta. Por ahora basta, basta. Se ve que tengo hoy la noche torcida.

lunes, 20 de abril de 2009

0 Música curativa 1

Como alguien se ha percatado ya he colocado ahí, al margen derecho, un pequeño reproductor con algunas piezas musicales que considero la mar de curativas para este mentidero de incurables. Son siete, por ahora. Y como hay quien me ha pedido que dé alguna razón, si es que este manicomio admite eso, del florilegio, aprovecho para poco a poco y según me dé poner algunas notas y aclarar algunos conceptos. Comienzo con la primera, el Agnus Dei de Samuel Barber, y lo hago con un articulito que publiqué en Territorio Macondo hace un año, más o menos.
Allá va:
Los americanos del norte, o estadounidenses, para no implicar a canadienses y mexicanos, tienen listas para todo. Una de esas listas contiene los que, para ellos, son los temas musicales más tristes y al tiempo bellos jamás escritos. Entre ellos, el Adagietto de la 5ª de Mahler o el archifamoso Adagio de Albinoni. Sin embargo, a la cabeza, y con diferencia se encuentra una pieza que en realidad son tres: el Adagio para cuerdas de Samuel Barber. No está mal recordar algunos datos.
Samuel, como le pasa a la mayoría de los artistas de antes de la Segunda Guerra Mundial, era un niño bien. Hijo de gente con pasta, para que ustedes me entiendan. Papá se dedicaba a prósperos negocios y mamá tocaba el piano. Como al niño le había salido una vena artística muy gorda, de esas que le impiden a uno pegar patadas a un balón, y era muy, pero que muy fino, ya a los ocho años solicitó vía escrita a su mamá que su educación fuese musical. Imagino la alegría de la dama al recibir la nota de su vástago, lacayo mensajero por medio. Decidida la suerte del muchacho, éste comenzó a prosperar enseguida y antes de los 16 (nació en 1910) ya había estrenado –supongo que en el Salón de Actos de su casa– varias piezas para piano y una sonata para viola. Su segunda pieza para piano se titula “A mi Stenway (nº 220601)”, así que a buen entendedor pocas palabras bastan.
A los 26 años recibe el Premio de Roma. Una estupenda beca de seis meses en la Ciudad Eterna, con obligación, al finalizar la misma, de entregar una pieza escrita durante la estancia. Se trató de su Cuarteto para cuerda nº 1, Opus 11. Escrito en tres movimientos, el primero y tercero son inaguantables, por mucho erudito que diga lo contrario, pero el segundo, llamado Allegro cuasi andante, es sencillamente maravilloso. Tal vez por estar enmarcado entre dos engendros pasó desapercibido, pero gracias a que algunos amigos insistieron (¡Larga vida a esos eternos y anónimos amigos!), Samuelito escribió una adaptación del temita de marras para orquesta de cuerda y se lo envió por correo a Toscanini, que era y sigue siendo uno de los mejores directores de orquesta de todos los tiempos. Toscanini devolvió al poco el manuscrito al compositor, sin añadir un solo comentario, lo que Samuel –y cualquiera en su caso– interpretó como que no, chico, que no. Imaginaos la pataleta del ego del chaval. Juró no volver a tratar con aquel estúpido.
Pero estamos equivocados. Toscanini sencillamente se quedó patidifuso, emocionado al ver aquellas líneas de notas sencillas, hermosamente armonizadas, tristísimas y al tiempo grandes, muy grandes: de esas que pellizcan al alma y te dejan para el arrastre. Ocho minutos para morirse. Y tanto le llegó que se lo aprendió de memoria: por eso no añadió nota alguna al devolver el envío. Es más, se lo comentó a sus amigos y propuso estrenar la obra cuanto antes y en las mejores condiciones posibles. Al frente de la Orquesta Sinfónica de la NBC, el 5 de noviembre de 1938, en Nueva York, Arturo Toscanini inauguraba para el mundo el Adagio para cuerdas de Samuel Barber.
Una larga, larguísima línea melódica, coral, se va deslizando con intensidad creciente desde los primeros violines hasta las violas, que se recrean hasta completar una ascensión milagrosa, que se intensifica gracias al silencio de los bajos. Ah, pero entonces entran los violonchelos, repitiendo de nuevo esa extraña melodía, variando con ella, dando entrada a los contrabajos, y subiendo, subiendo, poco a poco, como si la orquesta fuera una coral, hasta que todo, lentamente pero con una tensión continua, llega a un fortissimo-forte, un clímax seguido de un repentino silencio. ¿Cómo seguir después, si el corazón casi se nos ha llenado de pura lágrima? Con los bajos. A la manera de Mozart. En una serie de pequeños acordes, también tensos, pero muy sanadores, que vuelven a dar paso a la melodía principal. La pieza termina casi como comienza, con los violines volviendo lentamente a las primeras cinco notas de la melodía esta vez en agudo, dejando que la última nota, tras un breve pero hermosísimo silencio, se desvanezca casi, más que en la partitura, en el alma del oyente.
A Samuel Barber no le pudo pasar nada mejor, ni peor. Hasta que murió, allá por 1980, fue reconocido mundialmente como el autor de esta pieza. Y aunque el hombre nunca rechazó ese éxito, bien es cierto que por su causa cayó en continuas depresiones, que le llevaron a convertirse en un celoso censor de sus propias obras, destruyendo muchas de ellas, como esa sonata para viola de su juventud e incluso olvidando algunas realmente interesantes como su segunda sinfonía, que fue reconstruida después de su muerte gracias a una grabación radiofónica. Su catálogo no es –por deducción– muy extenso. Y la mayoría de sus obras no son de duración muy elevada. Tal vez debido a la exigencia que mostraba para sí mismo. Pero, como decía antes, tampoco renegó de su Adagio, que en todas partes se interpretaba y no hay película que, cuando necesita de un momento de intensidad dramática, no la ponga en su banda sonora.
En 1967 volvió a versionar la pieza, convirtiéndola en un motete coral para 8 voces mixtas, que tituló Agnus Dei, y que es, como sus dos hermanas anteriores, sencillamente bellísima. Y donde antes dije violines, violas, violonchelos y contrabajos, sustitúyase respectivamente sopranos, contraltos, tenores y bajos, y por supuesto mucho amor. Como pequeño homenaje a Samuel recomiendo escuchar las tres seguidas, por orden de antigüedad: les aseguro que es una experiencia gratificante. Y si pueden, escuchen algo del resto de su obra como, por ejemplo, su obra íntegra para piano solista.
No teman, cabe en un CD.

domingo, 19 de abril de 2009

2 La carrera a la presidencia.

Mi hermano Paco se ha vuelto loco definitivamente: es decir que ha decidido casarse. Entre los veinte y los veinticinco años, margen de edad en que, como no se piensa, no se puede enfermar de nada relativo a la mente, me parece normal que uno se vaya a subir el Everest a pulso, dedicarse a la apicultura en el desierto del Gobi o leerse las obras completas de Marañón. O casarse. Sin embargo, pasados esos momentos de interesante transición, enamoramiento incluído, la cosa se racionaliza, uno se hace más pedestre, echa de menos a Paul Newman, a Gina Lollobrigida,o a ambos, canta boleros al atardecer, mejora en el mus, llora con la más nimia musiquilla y se afilia al Valdemorillo Futbol Club. Es más, hasta se aprende su himno con la sana intención de cantarlo en semanas alternas, es decir unas veces mal y las otras borracho.

Yo también lo hice, es decir que contraje matrimonio hace años y para mi mayor oprobio por la Sagrada Madre Iglesia. Luego tardé mucho en reparar el desafuero, aunque sea otra historia. Tenía 32 años y me acababan de hacer fijo en una empresa dedicada al mar, los yates y el atún en lata. Pero mi hermano no, mi hermano acaba de cumplir los 37. Si al menos fuese como Antonio Machado, que hizo lo mismo con la Leonor, que tenía 14, lo entendería. Pero no, lo hace con Claudette, que es una chica estupenda y brasileña, lo que compensa bastante. Y se quieren y eso. Vamos, que no hacía falta más demostraciones. Digo yo.

Bueno. Que haga lo que le dé la gana, que para eso ya es mayorcito pero desde ahora que arredre con el santo y sus costumbres: te va a salir un barrigón de aquí a dos años peor que el mío, que ya es decir y otras cosas que la inteligencia da pero el cerebro omite. Y es cierto que si lo que querías era tener más tiempo para leer, iniciar la carrera a la presidencia o tener argumentos para viajar más a menudo, has tomado la decisión correcta.

Bromas aparte, querido Paco, que haces bien, que es tu vida y que defenderé tu voluntad porque la libertad de estar preso en alguien, como decía el poeta, es la más valiente de las decisiones.
Te quiere siempre
el zumbao
de tu hermano mayor.

martes, 14 de abril de 2009

1 Tratado de urcelología 8

La procesión de Judas se lleva por dentro.

No olvides en tus frases poner una pizca de buen humor.

- ¿Poe? Sí. Ah! ¿Eres tú?

Hoy poesía. Mañana lunes.

Hacía poesía angélica, pero se cagaba en tu puta madre.

Detras de las procesiones van siempre las procesionarias.

Era tan serio que cuando escribía un adagio se le moría Albinoni.

¿Cristo de la Buena Muerte?

Tiembla si tu gobierno hace reformas en Semana Santa.

Detras de las victorias siempre vienen los impuestos.

Todos nacemos en domingo.

La quiero tanto que olvido decírselo todos los días.

lunes, 13 de abril de 2009

2 Curso aceletrado de urcelogística 1

Aprovechando la SSA ( Semana Santa Ayamontina) he perpetrado algunos poemas tras los cuales sospecho habré perdido definitivamente cualquier entrada a cualquier paraíso, celestial, terrestre o de Lezama Lima. Allá van.

I. Reconstrucción paso a paso de la arquitectura celebrada de Nuestro Señor Jesucristo en los aledaños de la Avenida de los Andaluces, Ayamonte, con ligeras incrustaciones del Palacio de La Moncloa y presidenta de la comunidad -no digo cuál- atiborrándose de canapés de panceta. Panorámica

Vamos a ver lo dicho que una cuarta
a la derecha ahora arriba arriba
clavaremos al rey de copas viene
o no viene ese pincho calle abajo
cerviz a punto el ástil el madero
guardar la formación que se nos cae
me cago en mis cojones niño viene
en España embrutece todo presi
dente se agolpan entre los magnolios
ferreos golpistas llega un cineasta
el rector pide más vino del bueno
Dios santo déselo que venga Herodes
a mi la guardia mora joder Paco
coge tú al niño aquel de las cadenas
es mi padre lo sé por los juanetes
no creo en tanto cambio considera
necesario el relevo no te aflijas
oh presidente oh mi presidente
que haré sin vos ahora con más fuerza
levantad levantad ya vuela el Cristo
sobre la multitud niño otra caña
y un pincho unas coquinas esa voz
silencio sostened sobre los cirios
dame un poquito cera es necesaria
una nueva reunión con la saeta
a bocajarro está la patronal
del aire presidenta ya no quedan
mas que tres canapés de algo muy blando


II. Simulación áurea y existencial del yo dolorido en el Cabo de San Vicente viendo el ocaso, viento de cara, frío de cojones, con leves incursiones de un CD de música variada, voces y lavadora centrifugando. Postal


Podemos suponer que Sven y su apellido
impronunciable no anduvieran haciendo tonterías
el sol al fondo el mar la curva el cielo
conque alegrémonos todos los jóvenes se acercan
al acantilado buscan un buen lugar entre las voces
el poeta en cuclillas arrastrándose
todas las plantas pinchan asegura
podemos suponer que Sven y su apellido
impronunciable fuese invitado a la pasión
al deseo la luz Juan del Enzina soy contento
Johan Sebastian Bach bien temperada la tos
el sol el frío en el coche hay una manta
Michael Haydn a ver quién
va a por ella podemos suponer que Sven
y su apellido impronunciable tropezasen con tanta
piedra suelta Alexander Scriabin praeludium
y nocturno opus nueve para la mano izquierda

en un saliente el poeta comienza a oscurecer
se concentra la gente mucho guiri perdón
todos guiris dos guardias portugueses
nos miran desde el faro
Fernando ven aquí hazle caso a tu madre
este sitio es peligroso el sol se pone ya
rosa acabándose podemos suponer
que Sven y su apellido impronunciable estuvieran
con sus colegas rumbla rumbla rumbla
Scott Joplin Fit leaf rag déjame tío
agárrame en aproximadamente quince
ideas dos buenas hostias es la última vez
que venimos aquí que sí tío es horrible
el sol indiferente el mar nocturno
las sombras y los hombres los coches que se alejan
sólo el faro y América a lo lejos se aproxima
a razón de un milímetro por año o parecido
Arvo Part Spiegel und spiegel podemos
suponer que Sven y su apellido impronunciable
rumbla rumbla hacia abajo sus padres
quieren con esta placa recordar
a su hijo querido y recordar al caminante
los efectos nocivos de la falta de control
la vida disipada no hacer caso ni atender
a las normas de buen comportamiento
Vangelis Papanathasius the long march
y te recuerdo te imagino pienso
en ti Sven tan alto joven rubio
mirando al horizonte el sol el mar
tu eternidad efímera

III. El poeta recuerda tras un seto de su terraza las Leyes de Newton.
Foto corrida

Los hombres
de mi urbanización
son fuertes
hablan poco
ríen
a carcajadas
los imagino griegos
y valientes
no escriben
follan poco
tal vez menos
que yo
juegan al pádel
y ganan
torneos
necesito
cambiar de dentrífico
creer en héroes
o en marcas
vestir de neopreno
ser manzana
urge

viernes, 3 de abril de 2009

4 Pornomanía del yo 2

Mi primer cigarrillo fue un Celtas Corto sin filtro, paquete azul. Me enseñó a fumar un amigo invernal en un barrio a las afueras de Ávila, justo ante el muro, lo supe después, donde 40 años antes muchos exhalarón su última bocanada de asco, tiros y humo.
Después llegó el Bisonte y a ratos el Tres Carabelas, esmerada seleccion de los mejores tabacos tipo americanos y orientales cuyas hebras eran a veces puras estacas de artesanía dudosa.
Un periodo posterior de decadencia me llevó al Fortuna, al Lola, al Kaiser, al Piper y al Kent, producto de cierta falta de recursos económicos que me obligaban a ligeras incursiones guerrilleras en los bolsillos de mi padre, mi madre, el tío Félix, la tía Mercedes y un compañero de BUP.
Acabada la primetra crisis volví al Bisonte.
Después todo sin filtro.

sábado, 28 de marzo de 2009

8 Áurea urcélica retórica 3

Los que hemos nacido en domingo presentamos, a menudo, una supuración en la piel, a la altura del hombro izquierdo, que a veces parece una medusa emergiendo en el Mar Rojo y otras la libélula disecada de un entomólogo despreocupado. No nos sientan bien, por lo tanto, ni la campiña inglesa ni los mares demasiado tranquilos. Cuando descendimos desde el Éter hasta Gea, tuvimos la prudencia de obviar planetas mayores, los seis conocidos, y rozamos con el dedo meñique la atmósfera desigual de Febo, la transparencia generosa de Arístides y la incandescencia fría de la primera aurora boreal. Eso nos ha dado fama de fríos y voluptuosos, proclives a entendernos en sueños en un latín cercano a Marcial y a devorar centollos y ostras con la obsesión de los marchantes de retratos prerrafaelitas.

Los que hemos nacido en domingo sabemos poco de solfeo y entonamos las canciones de cuna en tonos siempre superfluos, hecho por lo que los bebés nos adoran, pues nunca influimos con suficiente entereza en sus sueños. Los abuelos, en contra de lo habitual, nos ayudan a cruzar la acera y los maniquíes de las tiendas de saldo no nos dirigen la palabra, pues ellos sólo nacen en vísperas, es decir cuando aún el día no se ha decidido aún por ser. Subimos las escaleras de cincuenta en quince, montamos en veleros sin sentina y tardamos cinco minutos más de lo establecido en contar los montículos de la Sierra Maestra. No tenemos remedio y eso nos lleva a ganar siempre la última carrera del canódromo.

Los que hemos nacido en domingo pernoctamos en brazos de la persona amada poco antes de que se sosiegue. Tenemos un concepto algo extraviado de la paternidad e invitamos a nuestros hijos a llorar en el cine, aunque para ello sea necesario un buen par de bofetadas y una bolsita de chuches, para compensar, que solemos llenar de bombones y triángulos, de botellas de ron y aguamaniles de Asturias. No tenemos, por cierto, medida alguna con la sal y se nos prohíbe tajantemente intentar el gazpacho castellano, el arroz a bandeira y la olla podrida.

Los que hemos nacido en domingo repetimos frases hechas en los funerales, gritamos necedades en las bodas y lloramos como curanderas en los bautizos. Al final, cuando intuimos la llegada de la muerte, recogemos un ramo de girasoles y echamos carretera adelante, hasta un buen mojón solitario cerca del camino. Entonces, tumbados, metemos los tallos entre los ojales de la camisa y esperamos, prudentes, un amanecer que nos conduzca un poco más allá de Febo, donde los desheredados, donde un cuarteto del Harlem cante Crying in the chapel, donde se nos pueda olvidar pronto.

martes, 24 de marzo de 2009

6 Los libros de Urceloy 1

Imagínese que tiene la oportunidad. Esa oportunidad rara y única de salvar un buen puñado de vidas a cambio de la suya. Usted es un tipo vulgar, del montón, incluso tiene cierta fama de cínico, de parlanchín y de cobardica. Pero le sale esa oportunidad, y llega al convencimiento de que, entregando su vida a una muerte casi certera, va a salvar a los otros. Imagíneselo. Un momento antes, entre todos han llegado a la conclusión de que van a morir. Que no hay salvación para ninguno, y cuando están a punto de darlo todo por perdido le llega a usted la clave. No sabe cómo. Pero no hay tiempo para pensar y usted tiene la certeza, la terrible certeza de que con ese acto de absoluta entrega van a salvarse todos: sus amigos, y entre ellos la persona que más ama en el mundo. Se decide. Actúa. Imagíneselo.

Pero algo sale mal y lo impensable, que no lo imposible, sucede. Y el efecto es otro. Usted, al principio no lo entiende, tal vez no lo logre entender nunca, pero las cosas dan un giro inesperado y resulta que el que sobrevive es usted. Sólo usted. Nadie más que usted. Usted, el cínico, el chistoso, el fanfarrón, el cobardica. Ese que desde el principio fue más un lastre que una ayuda. Imagíneselo.

Y ahora ha pasado el tiempo, unos años. Y por una serie de circunstancias a las que no es ajena su participación en esa aventura terrible, usted se ve cargado de honores, de elogios y de dinero, de mucho dinero, y de todo el lujo que el dinero pueda comprar. Usted ahora decide. Ya no es un paria. Es admirado, envidiado y querido por todo el mundo. No ha habido en la historia persona más importante y su nombre figura en todas las enciclopedias.

Pero no duerme en paz. Se atiborra de drogas, bebe como una mala bestia, se entrega a todos los vicios. Para no pensar, para dormir, para no soñar en nada ni con nada. Porque en sus sueños se repite la misma historia, porque un sentimiento de infinita culpabilidad, de dolor, de dolor insuperable, se ha hecho parte de usted. Vive en usted. Y mientras los demás cantan y festejan su fama, usted yace hecho un ovillo cada tarde, desde hace unos años, todas las tardes, en el oscuro diván de un psicoanalista. Llorando, llorando, a lágrimas de dolor puro, por un pecado que jamás cometió. Con la certeza de que no hay arrepentimiento, ni sosiego, ni perdón. Solo un hombre que habla y otro que escucha. Tal vez sólo un hombre que habla tumbado en un diván escuchándose a sí mismo. Y el dolor.Todo el dolor imaginado.

De esto trata “Pórtico”, la mejor novela, a pesar de sus muchas secuelas, de Frederic Pohl. Queda usted avisado.
 

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