miércoles, 7 de abril de 2010

1 Antología personal 4

En la sana razón de esta antología y haciendo revisión de papeles he encontrado este poema de Vicent Terrida, que fue alumno mío por los años en que fui profe en la universidad, e inseparable amigo entonces de Antonio Rómar, con quien no sólo compartía pupitre, sino juegas y buenas lecturas. Como el contacto nunca se rompió le he pedido permiso para publicarlo, y aunque me dice que está ahora mismo preparando su primer libro y hasta ahora no ha querido adelantar nada de él, le parece esta ocasión excelente, lo que honra mi pobre página. También me dice que publique esta versión, que está corregida sobre el original que tengo, y que me parece excelente. Gracias, Vicent, y a ver si un día de estos te atreves a dejar por unas horas esa Valencia que tanto amas y de la que nunca sales, y te vienes a Madrid, con ese corazón tan tuyo y lleno de abrazos.

Vicent Terrida

Arturo razona sobre un tema anónimo oriental


No confundas, jinete, el galopar del caballo

con los latidos de tu corazón”

Anónimo


Acusado por ciertos caballeros

de alguna negligencia, de asistir

poco a las justas, de no renovar

las leyes en la Tabla, repetirme

en los discursos, y lo que es peor,

con los mismos ejemplos, o contar

los mismos chistes en todas las fiestas,

de no promocionar en otros reinos

la cortesía de los esforzados

o la destreza de los más valientes,

según me dicen hacen los monarcas

de allende mis fronteras, que he llegado

al extremo impensable de pedir

perdón por cada vaso que se rompe,

según algunas damas llorar mucho

y asumir como propia mi vergüenza,

convicto y desarmado compadezco

ante este tribunal. Y por primera

vez en mi vida me declaro triste,

torpe, inservible, inútil e inocente.

En mi descargo añadiré ante aquellos

que me juzgan ahora, la alegría,

la humildad y la fama y el amor,

que Camelot honró bajo mi nombre.

Y que muy lejos

de aceptar veredictos me pronuncio

en rebeldía y ser

exactamente igual, hora tras hora,

a como he sido siempre. A fin de cuentas

estas voces deudoras con el tiempo

tienden a enmascararse en el olvido.

Aunque sus versos se confundan hoy

con los latidos de mi corazón.

martes, 30 de marzo de 2010

3 Antología personal 3

Ya que, por Semana Santa la Marisol y el menda tenemos la costumbre de largarnos bien a Asturias bien a Ayamonte -en este caso toca Isla Canela- y puede que hasta la vuelta no actualice esta hojita virtual, voy a poner uno de esos poemas que tienen que estar no sólo en cada casa, sino en cada cuerpo que bien se precie. Lo escribió un muchacho llamado Catulo hace la retorta de años y se lo dedicó a su moza, y seguro que lo que cuenta debe ser verdad de la buena. Como no me gustan las muchas traducciones que hay por ahí, me lo he traducido yo, un poco por libre, pero sin dañar la esencia del poema, pero eso sí, en contados y perfectos endecasílabos blancos. Se lo voy a dedicar -y espero no olvidar a nadie a: Claudio y Carmen, Antonia y Estrella, Elisa y Alfonso, Alicia y Sulle, Enrique y Juan, Ángela y O Lobo, Antonio y su señora, que nunca me acuerdo cómo se llama, perdón, y a Jelen, Ignacio, Javier, Miguel, Marga, Carmen, Deborah, Esther, Javier, José Miguel, Loren, María José, María, Mariana, Martín, Rodrigo, Ana, Marian, Oscar, Pablo, Alberto y Livia, Amara, Celia, Águeda, Cristina, Marisol, Pilar, La O, Concha, Elena, Eva, Jesús, José Luis, Marta y Rafael (y a sus cónyuges, compañeros, amigas, etc) y, por supuesto a Marisol. Si vales, bene est, ego valeo.

Catulo
Vivamus, mea Lesbia.

Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum seueriorum
omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit breuis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum.
Dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut nequis malus inuidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum.



Vivamos, amor mío. Aún más, amemos.
Que los viejos se callen, sus palabras
no valen ni un mal euro todas juntas.
El sol sale y se pone, que a nosotros
nos importe muy poco su luz breve
mientras la noche entera celebremos.
Ahora dame mil besos, cien más tarde,
luego otros mil, de nuevo un centenar,
mil otra vez, y luego otra centena.
Después, cuando sumemos muchos miles
y perdamos la cuenta alegremente,
que el envidioso nunca sepa cuántos
sumamos al total de nuestros besos.

(trad. de Jesús Urceloy)

lunes, 29 de marzo de 2010

2 Antología personal 2

De este hermoso romance se han querido ver muchas et variadas et feéricas cosas, y le ha cabido en el tiempo muchas interpretaciones, sobre todo a raíz de sus dos últimos versos, en los que cualquier poeta que se precie ha de verse reflejado. Es uno de los textos más antiguos de nuestra literatura, y a pesar de eso se trata de un poema bellísimo, Yo creo que a su anónimo autor no le importará que se lo dedique a todos mis alumnos de ayer y de hoy y de siempre.



Anónimo

Romance del Conde Arnaldos



¡Quién oviera tal ventura
sobre las aguas del mar
como la hubo el conde Arnaldos
la mañana de San Juan!

Con un falcón en la mano
la caza iba a cazar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar.

Las velas traía de seda,
la jarcia en un cendal,
marinero que la manda
viene diciendo un cantar

que la mar facía en calma,
los vientos hace amainar,
los peces que andan nel hondo,
nel mastel los faz posar.

Allí fabló el conde Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
Por Dios os ruego, marinero,
dígasme ora este cantar.

Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
Yo no digo esta canción
sino a quien conmigo va.

sábado, 27 de marzo de 2010

1 Antología personal 1

SE me queja el personal de no actualizar mi paginilla y de andarme haciendo el vago más de lo prudente, y aunque en verdad tiene razón esta camarilla de deslenguados, también será cierto que cada cual hace de lo suyo su propia componenda, por no citar refranes ni dichos de otra holgura. Y que cada cual se come el cocido sin otro mandamiento que su hambre y su pericia, y así algunos se toman la sopa con patata, con garbanzo isleño, o se aplica a la guindilla sin otro miramiento y cuidado con que el vecino de mesa le diga o le critique. Pero como no es materia ir salpicando al meter la cuchara ni de no convidar a vino cuando se tiene, me he decidido a partir del día de hoy a hacerme una antología de los poemas que más me gusta soñar, así sean de autores de cualquiere tiempo y procedencia, así como publicar, siempre con su permiso, los mejores poemas que, a mi criterio y semana a semana, mis excelentes alumnos vayan sacando de su ceca. Y si se me preguntase que a qué este prologuillo entre cervantino y algo loco, quédese con los versos que aquí abajo rescato del ilustre de Alcalá y luego me digan de mi poca o mucha acertada selección. Y así, mientras va pasando la mañana, vaya tomando cuerpo el caldo, el compango, la carne y la olla, y que bien les aproveche.

Miguel de Cervantes
Viaje al Parnaso, Cap IV vs. 1-45


Suele la indignación componer versos,
pero si el indignado es algún tonto,
ellos tendrán su todo de perversos.
De mi yo no se mas, sino que pronto
me hallé para dezir en tercia rima,
lo que no dixo el desterrado a Ponto.
Y assi le dixe a Delio: «no se estima,
señor, del vulgo vano el que te sigue
y al árbol sacro del laurel se arrima.
»La embidia y la ignorancia le persigue,
y assi, embidiado siempre y perseguido,
el bien que espera por jamas consigue.
»Yo corté con mi ingenio aquel vestido,
con que al mundo la hermosa Galatea
salio para librarse del olvido.
»Soy por quien La Confusa, nada fea,
pareció en los teatros admirable,
si esto a su fama es justo se le crea.
»Yo, con estilo en parte razonable,
he compuesto comedias que, en su tiempo,
Tuvieron de lo grave y de lo afable.
»Yo he dado en Don Quixote passatiempo
al pecho melancólico y mohino,
en qualquiera sazón, en todo tiempo.
»Yo he abierto en mis Novelas un camino,
por do la lengua castellana puede
mostrar con propíedad un desatino.
»Yo soy aquel que en la invención excede
a muchos, y, al que falta en esta parte,
es fuerça que su fama falta quede.
»Desde mis tiernos años amé el arte
dulce de la agradable poesía,
y en ella procuré siempre agradarte.
»Nunca voló la pluma humílde mía
por la región satírica, baxeza
que a infames premios y desgracias guia.
»Yo el soneto compuse que assi empieça,
por honra principal de mis escritos:
Boto a Dios que me espanta esta grandeza.
»Yo he compuesto romanzes infinitos,
y el de los zelos es aquel que estimo,
entre otros, que los tengo por malditos.
»Por esto me congoxo, y me lastimo
de verme solo en pie, sin que se aplique
árbol que me conceda algún arrimo.

lunes, 22 de marzo de 2010

2 Algunos poemas casi tristes 15

Pequeña Berceuse para los que lloran



y al llegar a la casa abrir la puerta

subir los escalones mirar alto

descubrió que los ojos le sangraban

quiso mirar pero era sangre inútil

sangre que olfatearan los mastines

que usara un pintor ciego para huir

que en la boca goteando boca abierta

fuera música siempre y soledad

alguien cerró un postigo con violencia

un frenazo sonó un perro ladraba

la sombra que su cuerpo recorría

pugnaba por amar cuerpos de estrellas

luces que a nadie importan fue tan tarde

que no llegar hubiera sido injusto

todos somos culpables de tu infancia

aquí te esperan el dolor y el miedo

tu sangre es bienvenida te esperamos

hay un jergón para tu boca amante

un canasto con flores desahuciadas

agua y vino el sabor de unas cerezas

el calor de un abrazo una canción

abre la puerta amigo entra en la casa



© Jesús Urceloy / 2010



Nota: Este poema, con la única variante de su puntuación ortográfica, fue publicado en octobre de 1997 en la revista Ariadna-rc.com, y estaba dedicado a Álvaro Muñoz Robledano.

4 Y punto

.

domingo, 14 de marzo de 2010

3 Algunos poemas casi tristes 14

Salmo

Voy a escribir un poema que hable de un árbol, de un objeto, de un amigo.

Para eso es necesario pedirle ayuda a alguien, alguien cercano, alguien a quien decirle ¿podrías ayudarme a escribir este poema?

Convoco entonces al tronco del árbol, a la transparencia del objeto y a los cabellos blancos de mi amigo y les pregunto si pueden ayudarme a escribir este poema.

El tronco del árbol, ancho y viejo, mueve sus estrías hasta una altura inalcanzable y hace que sus hojas se agiten, provoca un pequeño viento, hace que las aves eleven su anchura, que caigan al suelo pequeños frutos.

El objeto, dentro del pequeño milagro de las cosas útiles, acerca un rayo de luz que lo atraviesa, lo transparenta y funde con un brillo su circularidad y su desnudo.

Mi amigo abre sus manos, se quita las gafas, me ofrece un cigarrillo con su pitillera de plata, me muestra un libro que habla de sátrapas y venenos.

Hay algo de prisa, de mandato, de lejanía en estas muestras de cariño, en este mensaje: mi amigo se sienta a la sombra del árbol, una sombra que se extiende hasta la ciudad, que atraviesa la ciudad, que llega justo hasta la altura de mis manos, entonces abre su cartera y me ofrece un poco de agua.

No sé la respuesta, aún no he logrado aprender el lenguaje de los árboles, de los objetos útiles, de los amigos.

Y tengo que escribir el poema.

Tengo que escribir el poema porque se está haciendo tarde, porque hay grupos de hombres en el bosque, porque cerca de la orilla del río están oyéndose disparos. Porque hay niñas que rompen con ira las muñecas de paja y les sacan los ojos con la punta de un cuchillo y abandonan los pedazos a la boca de los hormigueros.

El poema donde un amigo bajo un árbol descansa y bebe.

El poema donde un árbol da sombra y agua a un amigo.

El poema donde un cristal moja los labios de un amigo y riega un árbol.

Donde no caben árboles, ni cuencos ni canas, sino hombres y mujeres que se acercan, que se acercan turnándose en los gritos y en los disparos. Donde ya sólo cabe una niña que no quiere guardar aquellos ojos.

Un poema donde nadie podrá ser convocado.

Donde nadie podrá ayudarme.


Urceloy / marzo de 2010

viernes, 5 de marzo de 2010

2 Algunos poemas casi tristes 13

/

EL TIEMPO DE LOS PÁJAROS


este es el tiempo de los pájaros
el tiempo de los cuencos de arena

el tiempo de los alientos
de los largos alientos bellísimos y autumnales

este es el tiempo de llorar

los poetas hablan de pájaros

pájaros que se mecen en sus palmas o en los tabernáculos del socialismo que se mecen en la espera de una lluvia intemporal

pájaros que se desnudan

los periodistas desean limusinas rescatan la memoria del gran masturbador

los arcedianos hierven el aceite y buscan en la oscuridad la sombra de un hombre pobre

los internautas han contemplado la desolación y en ella esculpen sintagmas y quimeras

los concursantes los que habitan el ocio suben a los escaños gritan honor sed de basura

los entomólogos sufren la súplica de los obispos y sueñan un futuro de palomas mutiladas

los poetas y las bellas los poetas y las damas académicas los poetas y las esposas de los novelistas las que bordan patrias y trofeos las que cocinan salsas en los comedores públicos las que se depilan en los pasillos de los hoteles los poetas y las hijas de los militares despedazados en avionetas de recreo

los que respiran el aroma de la nueva poesía

contestan sus móviles piden igualdad zapatos planos elegantes grilletes de cuero negro

y ahora qué sueñan los poetas
dónde está el tiempo de los pájaros
dónde las cargas políticas en los astilleros

oh los poetas

aquellos que escriben con heces en todas las editoriales aquellos que dominan

dónde están esos desvergonzados poetas

esos que han determinado su oficio en el imperio de los saltimbanquis

dónde

lo dijo en el recreo un niño lo dijo en el mercado la canalla lo dijeron en las afueras el constructor y el cambista

– ya viene la sopa

y ahora quién vendrá a llamar a mi puerta
llamar a nuestra puerta ofertando el infierno prometido
ofertando el beso de una perenne navidad solidaria

quién vendrá con los pájaros desertores
junto al hombre que se levanta en un pozo de arena



Jesús Urceloy / marzo de 2010.

jueves, 25 de febrero de 2010

2 Pornomanía del yo 10

Lo malo de escribir epigramas en estos tiempos de poca soflama y menor audiencia es que a veces se mueve al desconcierto individual cuando la única pretensión era la generalidad. Es decir que hay amigos y gente a la que quiero y mucho que, en vista de estos versillos me preguntan ¿No te referirás a mí? y otras lindezas de parecido tono, por ser discreto. No, amigos. Los epigramas son ecuménicos y salvo que el dedicatario sea nominal nadie debe hacerse oídos.

Bien sé que los poemas no se explican, pero para proteger mis mullidas partes de puñadas y otras dolientes mordeduras prefiero aclarar alguna cosilla.

La décima "Con el tiempo han comprendí-" es antigua. Data de hace unos años, cuando me despidieron de un trabajo al enterarse que escribía versos y lo peor, me los reseñaban en periódicos de tirada regular.

La que dice "De tus poemas, Fermín," es algo más cercana. Fue producto de la asistencia a uno de esos maravillosos recitales que se anuncian a bombo y platillo, y donde se alaba al poeta con epítetos de ingenio y que de resultas no tienen de novedad ni un mal ripio.

"Vienes a mi casa sola" tiene más de diez años. Se lo escribí a cierta dama que lucía luengos guantes modelo Gilda y embocadura de pitillo ad hoc. Pasaba por ser alumna mía. Cierta vez que respondí a sus galanteos con una naturalidad no prevista por ella, huyó de mi presencia y no la he vuelto a ver. Era altísima, delgadísima, catalana y arquitecta, y salía en una peli aburridísima de Garcí.

"Toquen otros chirimías" es un intento de hacer una décima a lo Góngora y no tiene más de lo que hay. Mi amigo Wolf cuando llegue a "tetas" que sepa que es un símbolo, provocado por la rima ya que ambos preferimos sustantivos más pedestres.

La que está dedicada a George Clooney me gusta mucho y viene a la sazón de esa moda actual de incorporar a nuestros ámbitos ciertos animalillos de curiosa compañía, al mismo tiempo que una sutil denostatio hacia toda esa marea de sandeces venidas de la costa este y que solemos adoptar tan bien. Existe una versión en un tono tan triste que ha preferido quedarse en el cajón.

La décima "Cuando salgo con Sullé-" es muy reciente, y no es un epigrama. Es tan pequeñita que si sólo consigo un pequeño guiño o una sonrisa ya me doy por satisfecho.

Y la última me parece estupenda, porque en eso de reírse de uno mismo está la mejor de las terapias. Es la más antigua, pero también la más moderna, ya que del original corregí dos rimas y cuatro versos el mismo día que las saqué a este blog. Puede que me la aprenda de memoria. Y estoy por dedicársela a Elisa, que el otro día me dijo que le había gustado mucho.

Vale.

viernes, 19 de febrero de 2010

1 7 Epigramas o menos

I

Con el tiempo han comprendi-
algunos santos varo-
que quien toca en mis cojo-
no plañe bien de mi olvi-
Aunque también se ha sabi-
que esta ley, por enuncia-
tiene su mucho de almoha-
y su perfil decaden-
Quien quiera pues, que lo inten-
a ver si no pasa na-


II

De tus poemas, Fermín,
veo que en algunos callas
por prudencia, en otros hallas
sorpresas de cafetín,
y en el resto, al fin, ¡por fin!
contemplas cómo la luna
brinda voz sin rima alguna
bajo tus versos. Qué propia
va ligera tu fortuna
sobre las lindes de Inopia.


III

Vienes a mi casa, sola,
te hago café, cuento un chiste:
sentada sabes que insiste
poco el Urceloy. Te mola
sonreírme, una aureola,
y un guante que se descalza:
aunque vestida, te realza
la utopía y mi deseo.
Con tu piel sólo, yo creo
poco mi valor va al alza.


IV

Toquen otros chirimías,
bandurrias y panderetas,
que en tocando yo unas tetas
me soy todo en alegrías:
plañendo estas sinfonías
que afinan los corazones
bien puedo, por abluciones,
tocar órganos más suaves:
donde los labios son llaves
de instrumentos a pistones.


V
Para George Clooney, of course.


Dices, Manuel, que lo “in”
venido de “Guasintón”
es adoptar un lechón
por mascota. Y a ese fin
tienes ya en casa un mastín,
un pez tigre, dos faisanes,
tres hamsters, cuatro alacranes,
una iguana, un cocodrilo,
una víbora del Nilo
y un cerdo blanco de Llanes.


VI

Cuando salgo con Sullé-
por la Dehesa de la Vi-
a andarnos un par de mi-
con Oto y Nana, los pe-
y pasamos junto al Ce-
de los Locos de retor-
dejando atrás el contor-
de Guadarrama y su sie-
solo pienso en los café-
y el Vichy de mis amor-


VII

Tu beldad desconcertante,
tus labios, tu genial torso,
tus piernas, que son del corso
patente atrás y adelante,
tus manos, tu boca amante,
tus muslos, tras los que lerdo
no concibo más acuerdo
que el cuerpo que estereotipas,
tu piel, tu sangre y tus tripas
me pierden, amigo cerdo.


urceloy / febrero de 2010

sábado, 13 de febrero de 2010

3 Algunos poemas casi tristes 12

Sobre el inicio de un verso de Angel Crespo y un título de una entrada de blog de Luis Felipe Comendador.

(Soneto menor en números rojos)

“Si me fuera a morir...”
Ángel Crespo

“Morir despreocupado.”
L.F. Comendador


Si me fuera a morir un día de estos
-es cosa que sucede y sin embargo
cuánto cuesta la nota de descargo
que aprueba el pagaré, los presupuestos

generales del alma, los protestos
sine díe, las letras con recargo,
las cuentas del dolor- se me hace amargo
dejar deudas de pago en mis impuestos.

Quien las herede puede sin problema
dejarme sin entierro
que no he de protestar al testaferro.

Así, agotando el tema,
ya que la vida me dará de lado
mejor será morir despreocupado.


urceloy / febrero de 2010

miércoles, 10 de febrero de 2010

0 Este no es un poema triste

Le he escrito este poema a mi amigo Claudio, que creo que le ha gustado mucho, y a pesar que solo lo entiendan los que están en el ajo, creo que es necesario traerlo a este florilegio lenguaraz.


Celebra, con este acróstico,
a quien bien quiere


Con ese porte que es puro destello
Labial sonoro y a la par sencillo,
A las musas cachondas el muy pillo
Urde sacarles arte por el cuello.

Da por gato vital que no plebeyo
Iridiscencias cuando va al cepillo,
Ora su voz no tiembla en el carrillo
Con un maullar que sabe a descabello.

Al ovillejo no hay quien le haga sombra
Rompe a bailar cuando le amaga un pero
Romántico en la lágrima no mengua:

Ilustrado lector, aquí se nombra
Leido en vertical su nombre entero,
LO demás es tirarle de la lengua.




Jesús Urceloy / febrero de 2010

lunes, 8 de febrero de 2010

4 Algunos poemas casi tristes 11

Locus iste


el cuenco de mis manos
es el lugar de mi tristeza

mis dos manos adultas que se pierden
en la niñez aromas ruidos noches
recuerdan las canciones que mi padre
cantaba sin saber que en esa voz
iba trazando su memoria nuestra

tal vez de caminar junto a mi cuerpo
de coger cosas
se hicieron fuertes
tal vez de romper horas y bolígrafos
se hicieron disimuladamente fuertes
y amaron
lo que pudieron
lo que sabían
las horas los bolígrafos
la fruta los regalos infantiles
los libros y la música encerrada
los timbres y las puertas
la ternura

amaron
de una mujer
su abrazo

con su cadáver con su máscara
con su desnudo débil su alegría
y su grito final
vencido
seco

estas manos vivieron
en una ciudad vieja
en una casa pobre
en una habitación
una cama un armario una mesilla
y un poco sólo un poco
de cielo prometido

de aquel cielo imperfecto que pasaba
tras la persiana sucia por el patio

mis manos son ahora
su espalda suelta a golpe
de luz dormida junto a ella a salvo
de pisadas a salvo del rencor
en un borde del suelo

hacia el lugar de toda esta tristeza

sábado, 30 de enero de 2010

9 Pornomanía del yo 9

Tiene razón mi amigo Sulle cuando dice que sigo triste. Pero no se trata de tristeza sino de tristura, que es más un estado interior que se te cuela hacia afuera aunque esté más contento que un saco de lentejuelas. Me vistió la Marisolilla -yo quería ir de zángano- y me puso la camisa y la chaqueta, y el sombrero nuevo estilo New York siglo XIX, que bien podría haber usado Daniel Day-Lewis en "La edad de la inocencia". La pajarita negra, una de las pocas que aún guardo de mi época de cantante lírico, me la puse yo. Y así -aunque no pude llevar algunos textos a última hora por fallo de mi impresora- partimos alegremente a Chez Escarpa para el recital.

Agradezco infinitamente, con las tripas y las vísceras al aire, con la piel a la flor, y os quiero un montón a todos los que os pareció oportuno escucharme ayer noche recitar mis poemillas. A menudo pienso que hay que estar un poco loco para ir a ver a un poeta recitar sus versos. Y muchas más de las prudentes siento que -dejadme esta minúscula verdad- no valgo mucho la pena y ando nervioso por de dentro y pienso si no he saludado a todos como se merecen, si aún me estoy comportando con un ego a la grande y todo eso. Sí, es verdad, me habré subido al escenario cientos de veces y aún así, me recuerdo como aquella vez en que con 14 años me hicieron salir a un teatro a leer un poema y acabé meándome en los pantalones. Esa sensación de infinita vergüenza no se va nunca, por mucho detergente que te hayas metido entre peto y bragueta.

Luego la cosa va saliendo, y uno entra en calor y color y aunque procuro ceñirme al horario siempre acabo pasándome media hora. Es una sensación de tanta alegría interior, cuando comprendes que estás comunicando, cuando sabes que hay una unión verdadera entre pensamiento y palabra, que entonces no me doy cuenta de mi, pierdo el yo, gano el nosotros y entonces sé que ha merecido la pena llegar hasta aquí y que me debo a esto y que en esto soy mejor que en cualquiera otra medida, y os lo debo y os quiero y os besaría a todos.

Después, cuando el recital acaba, caigo en pequeños errores y en pequeños dolores. No haberle dedicado un poema a Marisol, que sé que le gusta mucho que lo haga, tal vez haber leído más cosas de talante alegre que serias, acaso porque creo firmemente que la poesía no está para amargarle la fiesta a nadie, sino para ser con todos, y que la risa no debe ser excluida de lo poético. Y también cierto dolorido sentir: por algunas personas, algunos amigos, que no han venido, que hace tiempo que no vienen a mis actos, a los que sospecho que ya mi verso no dice nada, sin entender, en el fondo que uno también falla en otras ocasiones. Que eso de que se te reunan en un local todos aquellos con los que amas sólo sucede en un poema de Luis Alberto.

Me queda esa tristura de que Julia no esté conmigo, que no quiera compartir conmigo estos momentos con aquellos con los que quiero, que no la vea desde hace meses. Que su adolescencia, por mucho que me repitan que es cosa pasajera, que es natural, que así son las niñas, que todo ha de pasar con el tiempo, es un pequeño dolor que voy llevando lo mejor que puedo, esa tristura interior que no se redime llorando frente a un muro y que sólo se cura con una llamada y con un abrazo.

El CD que ha grabado Escarpa con mi voz y mis poemas está muy bien. Tendré que pedirle que haga más ediciones para llevarlo a clase, por si queda por ahí aún algún loco de los míos.

Me lo pasé muy bien en el recital, me sentí arropado y sé que los que no vinieron de alguna manera también estaban ahí. (Aunque no se me va de la cabeza pegarles un cariñoso tiróncillo de orejas). Llegamos a casa, nos acostamos en seguida y ahora, según acabe esta entradilla, nos vamos a pasear, que ha salido el sol.

A menudo me viene a la memoria esa cita de san Anselmo que dice que cuando le preguntaron qué era un amigo respondió: un otro yo. Por lo tanto, muchas gracias, amigos, muchas gracias, mis yos.

martes, 26 de enero de 2010

3 Todos mis amigos escriben bien 1

Es una suerte inmensa tener buenos amigos, y si además escriben bien, miel sobre hojuelas. Como todos cumplen con aprovechamiento esta premisa y con mucha y sana cortesía tienen a bien enviarme lo más granado de sus obras he decidido, a fuer de no parecer ni un deslenguado ni un indiscreto, dejar al menos constancia pública de quiénes son y de qué libros presumen y por lo tanto presumo.

Comenzaré por las prosas.

De EDUARDO VAQUERIZO, que es un señor la mar de elegante y más alto y más guapo que yo, doy fé de su DANZA DE TINIEBLAS, que es una aventura en un Madrid actual pero futuro, con un desparpajo y una gracia que ya quisieran muchos Alatristes.

De REBECA TABALES, que es una chica guapa y llena de sabiduría, ERES BELLA Y BRUTAL, una novela de esas de profundidades y misterios y que tiene una de esas portadas que hacen temblar a ministerios bienpensantes.

De JOSÉ VIDAL VALICOURT, hombre flaco y de mirada intensa, EL HOMBRE QUE VIO CAER A DELEUZE, un buen puñado de cuentos breves y de una ilógica feliz.

De ROMÁN PIÑA, tal vez uno de los peores conferenciantes del planeta, STRADIVARIUS REX, que es un divertimento jocoso y necesario en estos días de proclamas y devastaciones.

De MARINO GONZÁLEZ, un amor allí por donde se deje, recibo DIARIOS MIEDOS, donde el cuento de misterio envuelve al alma y la poética de sus giros da valor a la lectura.

Y ahora los poemarios.

HELENA RODRÍGUEZ, alta y delgada como su madré morená saladá, me regala NUNCA DE SUS OJOS, experimental y verdadera, formal y loca, canción de nuestro tiempo.

BEGOÑA REGUEIRO, cuya sonrisa rompe cualquier academicismo, ALMA SOÑADA, donde se desnuda por dentro y por fuera, en una portada sugerente y sensual.

JAVIER MENÉNDEZ LLAMAZARES, desde sus litorales norteños me envía ayer mismo COSAS QUE NO SE PUEDEN ENCONTRAR EN INTERNET, con poemas intensos y versos muy libres, decidor de verdad.

A todos, qué menos que darles las gracias y desearles tanto amor y cariño como el que dispensan a este pobrecito hablador.

Urceloy / enero de 2010

jueves, 21 de enero de 2010

4 Algunos poemas casi tristes 10

Salmo XLV


Hace tiempo que bailo en un solsticio
de sombras, donde un ciego y unos dados
marcan el ritmo, donde mis pecados
son, por pura omisión, un desperdicio.

Escribo poco, leo poco, el vicio
solitario me aburre los resfriados,
y me duele un amor. (Por los costados
del alma se me va el cuerpo al hospicio).

Me cuesta irme a la cama, el cenicero
rebosa de mentira a manos llenas,
mi cuenta por corriente sigue a cero,

el café se me enfría por las buenas
rimo este verso en pero
y este apenas


urceloy / enero de 2010

viernes, 15 de enero de 2010

2 Claudio Carrillo

Ayer soñé con Claudio.

Fue uno de esos sueños sensatos y serenos que no suceden nunca cuando las habitaciones están llenas de puertas y el calambre del viento juega con la cola de un pez, abisal o no, en las ferreterías al uso. A tales apariencias, y en vista de mi solicitud, se presentó el sueño lleno de nieve. Una nieve llena de viento sensato y sereno, ya lo he dicho, que rodeaba a Claudio, en mitad de la vastedad de un horizonte blanco, con la misma pose del Almirante Nelson en Trafalgar Square, sólo que con menos altura de atalaya y una gabardina negra de piel. Todo él galanura y apuesto, como si esperase recibir una cohorte de embajadoras suecas y odaliscas mauritanas en taparrabos –ambas, es decir todas- y corriente de su embajada les motejase en perfecto caló: -Por aquí, señoras.

Soñé con Claudio y me dije bendito seas Jesús por tenerle tan cerca, tan madera y tan lija, tan sorteado y tan limpio, pues su arboladura es la del bergantín de a diez cañones por banda, a toda vela contramaestre, que esto es una galerna y nada más. Soñé con Claudio y le supe ver esa carita de niño que se ha hecho a fuerza de comerse pedradas y lágrimas de tapia y suburbio. De esas lágrimas que se desayunan para adentro y conducen desde la melancolía hasta una carretera asturiana, con perro, cayado y helicóptero, y un libro blanco a punto de llenarse de esquirlas y mojaduras, cervezas y una fuente encontrada entre las piedras donde el Rioja mana a voluntad y el oso te trae bocatas de salchichón.

(Claudio es el mástil que, consciente de su pecio, se niega erre que erre a hundirse, y permanece en el horizonte de la mar muy alto, bandera al viento con carita de niño pobre, y un balón de reglamento en el regazo: así me tenga que pasar dos horas dando balonazos a una pared que no volvéis a tocarme la pelota, marrulleros, que lo de caballero no se aprende, se trae ya mamado de casa).

Ayer soñé con Claudio en mitad de una ventisca en el Polo Norte, y entonces pasaba una expedición de noruegos y le preguntaban por el sol de Andalucía, se sacaba una botella del pecho y sin mirar, como esos actores que a fuerza de saberse el papel han terminado por escribir ellos la obra, les dice: ¿Han leído a Cavafis? Yo tampoco. Y les deja con un palmo de narices y una guía de Extremadura, para que se anden listos, no te jode. Soñé con Claudio con la sonrisa muy abierta, comiéndose el frío de las noches en la azotea, esos extraños veranillos de Carabanchel, buscando la estrella Polar y gastándole bromas a su sombra sobre la conveniencia de barajar el póquer con las cartas boca arriba.

No pude despertar más feliz.


Jesús Urceloy / enero de 2010

martes, 5 de enero de 2010

6 Algunos poemas casi tristes 9

Siete liras blancas para Julia

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo.”
Lope de Vega

Desde estas soledades
con el pobre tabaco de la espera
donde pidiendo amor
recibo algunas dosis
de intermitentes tonos o silencios

retrocedo y me busco
en las palabras una voz amigos
o un apretón de manos
antes que la guarida
se me infecte de humo y llegue el sueño

con su ración de sopa
siempre fría y a fuerza de saberte
te acompañan los libros
hasta que un golpe dulce
de luz rompe mis ojos en la almohada

y te levantas roto
a por el vaso de agua o a mear
a mirarte al espejo
y a preguntarte dime
a quién le toca hoy ser el bufón

pese a todo la noche
decide que algo debes de dormir
para mañana darle
una sonrisa al día
todo está bien decidle que la quiero

decidle que en mis manos
tuve una vez su cuerpo incomprensible
sus ojos sus pies dóciles
la ficción de su boca
la sangre que vistiera aquel dolor

sus silencios el sueño
aplazado en la espalda la alegría
de amar desde una almohada
y en el te quiero de hoy
el dolor del bufón mis soledades


urceloy / enero de 2010


Nota: La lira blanca se comporta como la lira clásica sólo que prescinde de rima alguna, aunque no de su rítmica. En el presente poema se ha añadido una dificultad al hacer confluir en la última lira cada una de las palabras con que finalizaban las liras anteriores y el leiv-motiv de la primera estrofa, que se contempla también en la cita.

jueves, 24 de diciembre de 2009

1 Algunos poemas casi tristes 8

Todos los años escribo un poema navideño. Este que adjunto es el que toca. Va dedicado a todos ustedes, que son gente maravillosa, con mis mejores deseos para el 2010. Besos y abrazos, amigos.

Antivillancico al antiquo modo

Con este villancico y es la pura verdad
non digo que me guste la idiota Navidad
que año tras año llega con gran puntualidad
y siempre en el invierno, lo que es tenacidad.

Antaño, no lo niego, nos íbamos en tromba
la panda de amigotes a saltos y a la comba,
le dábamos al parche, pandereta o zambomba
y aunque no hubiera un duro lo pasábamos bomba.

Pero agora quien menos contrajo matrimonio
se ha cargado de efebos para dar testimonio
se ha puesto como Herodes forjando un patrimonio
y si no face el sueco se ha fecho macedonio.

Se convocan festejos que revientan las fajas
se compran loterías, trúcanse las barajas,
y en las televisiones entre anuncios de alhajas
nos van dando las uvas de las mismas rebajas.

Mi novia y yo, que somos lo justito de ateos,
nin muy gordos ni flacos, nin muy guapos ni feos,
desde hace cinco años cogemos los apeos
y nos vamos de guanches sin más pandereteos.

Y allá, con los calores, donde no hay ni un Rey Mago,
con los bermudas puestos, y a la sombra de un drago
dedicamos las horas al solaz y al embriago
hasta que llega Enero, faciendo mucho el vago.

La Navidad se pasa de un modo diferente
tomen los que pudieren exiemplo, que’es prudente,
para no avestruzarse más de lo conveniente
ni como el oso en cueva pasar todo el relente.


Urceloy / diciembre de 2009

sábado, 19 de diciembre de 2009

0 Pornomanía del yo 8

Agradezco con puntualidad poco espartana el caluroso interés que mis pequeños males pechiles han suscitado entre mis lectores, siempre ociosos y siempre amados. Ya saben, parece que ese porcentaje minúsculo, pero porcentaje, que tenemos aún de femenino los señores, se nos ubica en el pecho serrano, y bien por accidente, necesidad o puro gusto, a algunos se nos escapa la gracia, nos empieza a crecer y a poco que nos esforcemos nos sale mama. Y aún más, que mi médico dixit que algunos damos han llegado a tal extremo que han llegado a verter maternal leche que bien sanara a rorro o neonato sus hambres, y aún sus miedos. Parece ser que el mío pecho no tiende por esas latitudes y se ha procurado una discreta salida por el foro de donde entró, así tarde lo que quiera tardar en desaparecer, aunque de vez en cuando le dé por doler y dolerme. Agradezco por lo tanto a todas vuecencias las sabrosas risas y ricas menudencias de las que seré y debo ser cotilleo, y a ver si paro de una pulñeta de tan florido lenguaje, y que la gracia no parezca lindeza, que yo me entiendo.

Y de agradecer, lo que de verdad agradezco es a todos los santos buenos, a todos los dioses buenos y a todos los buenos oficiantes que mi amigo Claudio – el de la voz serena- haya salido del quirófano no sólo mejor de lo que entró, sino según cuentan, marcándose un agarrao torero con la enfermera de turno al grito de Ole, ole y ole. Y si no , aquí dejo reflejo de un pequeño extracto del romance que al caso hizo cierto vate que, hospitalario, andaba repartiendo en octavillas.

Acabada la faena
se abrió el portalón y diestro
por el pasillo salía
no a hombros, que es lo correcto

en otros cosos, andando
el mío Claudio, luciendo
el camisón por muleta
y por montera a Sulleiro,

que entre uno y otro salto
de alegría y vituperio
allí se quedó prendido
como una estampa, discreto.

Los hombres se le tiraban
desnudos de medio cuerpo,
y las mujeres, encima,
desnudas del otro medio,

y mi buen Claudio decía
con esa voz que le aprecio,
con ese tono producto
de muchas noches atento

a las verdades del Rueda
y de otros caldos misterios,
“Vámonos pa casa Carmen,
vámonos, que no me tengo”.

sábado, 12 de diciembre de 2009

4 Pornomanía del yo 7

Como llevo un tiempo largo sin escribir se me confunden las fechas, y como -al contrario de David Torres, que es mi amigo- no sé de héroes ni tengo mitos, ando más pendiente de naderías y otras prolongaciones que de hechos y facturas, y cuando la pequeña infelicidad de los días me tantea, siento la necesidad de -como O Lobo- hungarizarme en el silencio y el leve dolor.

No respondo emails, no escribo. Me levanto tarde, no escribo. No salgo a pasear, no escribo. Y, lo peor, me acuesto tarde y no escribo.

Ha pasado el tiempo y se me han muerto Paul Naschi y Eric Woolfson. Al primero le conocí en un programa de radio donde nos aterrorizó a todos los presentes y a los oyentes al narrarnos con absoluta normalidad cómo se tenía que hacer para empalar a la turca a un señor o a una señora, que también en esto hay sutiles diferencias, y aún peor, nos dio bibliografía ad hoc. Después le visité unas cuantas veces a su casa, en el barrio de Arguelles, y allí, sentado en un rincón entre miles y miles de recortes periodísticos pude examinar a placer la espada de samurai que le regaló Akira Kurosawa en Nueva York, mientras él me narraba, con su voz pequeña y llena de lamentos su tristeza de autor premiado fuera y olvidado dentro. ¡Cuántas veces hubiera renunciado a recibir un abrazo en Alemania -me decía- por un saludo en España! Su casa era oscura y su piel era blanca. Me prometió un papel de malo malísimo para su próxima película, decía que daba el tipo, y yo salí de su casa y de su vida con esa alegría bien fundada en las cosas que nunca serían pero que acaso podrían ser.

A Eric Woolfson lo más cerca que le tuve fue en un email. Sin embargo le tengo tan reciente que no me atrevo a escribir más, no vaya a ser que el exceso de proximidad me lleve a decir bobadas y a hacer del afecto una mitología. Ya veré.

Por lo demás el bultito que me ha salido en el pecho derecho parece que me da una tregua de tres meses y que va desapareciendo. Como no me gusta eso de ir contando mis penas nada más que a los muy próximos igual va y hay alguien que aún no se ha enterado. Parece que todo va bien, que va disminuyendo, que cada día duele menos. Igual se trataba de una pena de esas que nos salen a los poetas cuando no nos caben en el alma y que se nos ponen por ahí, en uno de esos lugares extraños entre el desconsuelo y el corazón.

Ahora prometo seguir escribiendo más a menudo frases tontas, poemas casi tristes, cuentos sin interés y obscenidades de salón. Poca cosa siempre ese pequeño amor, dolor.

sábado, 28 de noviembre de 2009

2 Algunos poemas casi tristes 7

Algunas veces me da por escribir en inglés. Es un idioma excelente para escribir poesía, pero también es muy difícil, para no caer en la excesiva sonoridad del monosílabo. He aquí mi último intento con algunas correcciones de última hora. Y su traducción debajo, of course.


The water woman


To disappear into a glass of water, this woman would have to believe in friends reunited, in ditches and provided dreams.

Her laugh would be blood, a game to lose the right constitutes a benefit, her laughter will be the cheerful grin of the tortured, the toothless mouth of a boxer on the canvas while management is falling precisely the countdown.

I thank God to have known she on Tuesday: when she looks toward heaven and count the passage of the reactors.

Specialist statutory, she has placed all her lovers in a row, plated steel, live on the pack, with the holes in the eyes and nose to see and breathe.

Then she takes my hand and I walk naked, showing at the end of the corridor, the tomb each night riding where torture is sworn.

The days pass, the band plays a Charleston, oh, mister, oh, madame, here is your table, do not forget to dance, smile in front of the cook, pheasant seems alive, but only an optical illusion, there is nothing like Southampton beaches in the fall, Paul McCartney coming to dinner tonight, has promised a bottle of Sherry and a banal speech of Ortega.

I looked long at the ocean from my room. I think of her name, I think of the pre-Raphaelite painters, the crew of Virginia is beaten to death in front of the Monitor Nortfolk doors, a hundred years later we find, in the seabed, the body of a fireman trapped in the turret, tell to my girlfriend that I'll be late, give my body to the pines seamless, bury me in Wisconsin with honors, I looked so well sprat.

My father has returned with a book in his hands, has returned with the truth abused and a Turner box where women or ships burn, my father has returned to sing to the syrens.

I read crusts and line of bees, going to fast, there is something among the rocks, please do not forget me, write me on Sunday, give me your courage, not hide from me.

I will sleep again to her feet, the wind that cut through the smoke to employees in the bilge.


Urceloy / noviembre de 2009


La mujer acuática

Para desaparecer en un vaso de agua, esta mujer tendría que creer en los amigos reencontrados, en las acequias y los sueños previstos.

Su risa sería sangre, un juego en que perder la razón, una ventaja, su risa sería el rictus alegre de los torturados, la desdentada boca de un púgil en la lona mientras va cayendo con precisión administrativa la cuenta atrás.

Doy gracias a Dios por haberla conocido en martes: cuando mira hacia el cielo y cuenta el paso de los reactores.

Especialista en estatuarios, ha colocado a todos sus amantes en fila, bañados en acero, vivos en el envoltorio, con los agujeros de los ojos y la nariz para que vean y respiren.

Entonces me toma de la mano y me pasea desnudo, mostrándome, al final del corredor, el sarcófago ecuestre donde cada noche ha jurado torturarme.

Los días pasan, la banda toca un charlestón, oh, mister, oh, madame, por aquí está su mesa, no se olviden bailar, sonrían delante del cocinero, el faisán parece vivo, pero sólo es una ilusión óptica, no hay nada como las playas de Southampton en otoño, Paul MacCartney vendrá a cenar esta noche, ha prometido una botella de Sherry y un discurso banal de Ortega.

He mirado largamente el océano desde mi habitación. Pienso en su nombre, pienso en los pintores prerrafaelitas, la tripulación del Virginia se bate a muerte frente al Monitor a las puertas de Nortfolk, cien años después encontramos, en el fondo marino, el cuerpo de un fogonero atrapado en la torreta, decidle a mi novia que llegaré tarde, dad a los pinos mi cuerpo sin junturas, enterradme en Wisconsin con honores, me sentaba tan bien el espadín.

Mi padre ha vuelto con un libro en las manos, ha vuelto con la verdad maltratada y un cuadro de Turner donde arden mujeres o navíos, mi padre ha vuelto para cantar a las sirenas.

Leo en cobalto y verso las abejas, vamos a los rápidos, hay algo entre las rocas, por favor, no me olvides, escríbeme en domingo, dame tu valentía, no me ocultes.

Vuelvo del sur para dormir a los pies de ella, el viento con que cortan el humo los trabajadores en la sentina.


Urceloy / noviembre de 2009

sábado, 21 de noviembre de 2009

0 Tratado de urcelologia 16

Ñadie me ciñe el coño como el ñuncio.

Si crees en tus amigos vivirás en sus sueños.

Entre nota y nota se aprecian mejor los silencios.

Tus hijos embellecerán tu cadalso.

Un estadio de fútbol lleno beatifica las piezas de recambio.

Tu elipsis será el punto.

Los héroes mejoran muriéndose.

Es preferible sacarle la tuba a todas las canciones.

Mucha gente cree que el Canon de Páchelbel es de Mozart, que el Adagio de Albinoni lo escribió Vivaldi, y lo peor, que la Novena es una misa de Beethoven donde canta Miguel Ríos la Canción de la Alegría.

Cervantes no era marciano: el resto sí.

Si tu cara no se refleja en las aguas del río, corre a ponerte a salvo.

Primero fue la herida: Después la puñalada.





martes, 17 de noviembre de 2009

1 Algunos poemas casi tristes 6

Elogio de la inocencia


“Y tú, inocente, duermes bajo el cielo”
Gerardo Diego


Y tú, inocente, duermes bajo el cielo
de las cosas, derramas tu dulzura
por las palabras, vuelcas el abismo
natural de las voces y te encierras,
te enciendes, te derrumbas, te desangras
para volver a despertar. Y tú.
Inocente en el cielo sólo duermes.
Mientras abajo, en la ciudad, las sombras
vuelan en mil pedazos tu cintura,
mientras en el reducto de la casa
el más allá no llega a la ventana
y entre la cama el ritmo de la piel
comprada te defiende de estar muerto.
Debieras madrugar y contemplarnos,
abrir tu sangre y airear tus tripas
comer del mismo plato, leer algo
que no conozcas, por variar, leer
el envés de tu ropa y no otra música.
Pero inocente, duermes bajo el cielo,
lleno de paz, los ojos bien cerrados,
el pijama ceñido, y en el suelo
las zapatillas serias y sumisas.
Duerme entonces, que el sueño te obedezca,
no digas aquí estuve, bajo el cielo
tu inocencia descansa.


urceloy / noviembre de 2009

domingo, 8 de noviembre de 2009

4 Pornomanía del yo 6

Leímos ayer a las siete de la tarde Inma Luna, Carmen Camacho y yo en la librería Traficantes de Sueños, un sitio chuli, grande y muy ameno, con una sección de poesía que no le tiene nada que envidiar a otras librerías que presumen de ella, y que para mi asombro no sólo tienen todos mis libros, sino varios volúmenes de cada uno en el fondo editorial. Yo me lo pasé bomba, sobre todo con Carmen, que es una poeta como una casa de grande, amena, profunda y divertida, cosa que se echa mucho de menos en estos tiempos de poetas a la violeta, de mucha inspiración y poco trabajo, de pura decadencia. Y por un ratito me olvidé de mis muchas y recientes penurias económicas. Ya, ya sé que me repito, pero es la puta verdad.

Y vinieron muchos amigos, y al menos un representante de todos mis grupos de poesía. De los de prosa no hablo, que por ahora andan eximidos, pero ya hablaré cuando lea alguna vez mis relatos. Y vinieron amigos poetas, como Julio Castelló, Marisol Huerta, Jesús Malia, José Cereijo, Helena Rodríguez, Anaís Trigo, y vino Juan Antonio Mora, que es un ejemplo vivo de buen editor de revistas, con sus Hamacas de lona bajo el brazo, ¡Ya va por el número 26!, repartiéndolas, dando fe de su bonhomía, y muchos más, que no tengo porqué andar dando nombres pero sí constar que os llevo muy dentro a todos, incluso a alguno que asistió solapado y oculto, pero bien avenido. Gracias a todos, gracias.

Me entristeció un poco no ver a nadie de ese grupo clásico que tantos años compartió lectura y vida. Parece que desde que Julio nos dejó y Miguel anda enfermito, desde que me han dejado todos, sin excepción, en el borde del abismo, debo ser el culpable de un pecado que nunca cometí. Ya van unos cuantos feos. Puede que un día de estos deje de preocuparme vuestra asistencia y, con la sencillez del pájaro que emigra, cambie estos parajes fríos por otros más amables, sin rencor, sólo con olvido.

Puede que jugase el Real contra el Atlético. Pero no lo creo, que Madrid está lleno de bares. Como decía Claudio en su "Ballet de papel":

Adiós y buena suerte. Buena suerte.

viernes, 6 de noviembre de 2009

3 Algunos poemas casi tristes 5

Los débiles

Los débiles marcan el paso en las procesiones, teclean rápidamente en el ordenador, viajan a países exóticos en clase turista, recorren el trayecto hasta casa en un vehículo sin ruedas, rompen el día con la necesidad del buen tiempo.

Los débiles sienten por debajo de las palabras, entienden la calumnia pero la fagocitan, escuchan el silencio pero oprimen el claxon, mandan como sátrapas en las panaderías, consumen su cerveza y dejan en el platillo la última aceituna.

Los débiles mean en silencio, aguantan la bronca del taxidermista, votan honestamente lo contrario que dicen, piensan según los otros, han inscrito a sus hijos en su mismo colegio, dicen Oh capataz, mi capataz.

Los débiles aman al que hace, aman al que dice, aman al que sueña. Quieren ser la paloma que pintara Picasso, sobre su cama vela el Cristo de Dalí, bajo el sueño perciben historias con relojes, jergones sin memoria, diccionarios aún vírgenes.

Los débiles agitan papeletas sin premio y en las tribunas beben café y pastas inglesas, visten su hemoglobina con el azar, se casan cuando el amor emigra hacia otra puerta, se masturban sin ganas, ponen música ambiente.

Los débiles no piden, esperan tu propuesta. Los débiles no lloran más que al fin del verano. Los débiles disparan con el arma del otro, se saben, se numeran, cantan en misa y fuman en el átrio en silencio.

Los débiles se vengan en quien más los protege, dejan en las aceras abiertos sus cadáveres, pero se acuerdan pronto, los lavan y los secan.

Sobre quien más les ama clavan su olvido.

A fuego.



ueceloy / noviembre de 2009

jueves, 5 de noviembre de 2009

0 Teatro hiperbreve y 20. Epílogo

Con cierta tristeza donde se me acumula estar pasando unos momentos poco afortunados, sobre todo en lo económico, tal vez producto de confundir amistad y dinero, o ambos, es decir que con el alma doliente y el bolsillo desnutrido, doy hoy por finalizado este ciclo de obritas que he llamado Teatro Hiperbreve.

Agradezco mucho tanto a críticas y críticos como a amigos y parabienes. Y no prometo continuación alguna, a no ser que la avalancha de peticiones, que me da que no, llegue a rebasar el pequeño vaso de mi resistencia. Vale.


20. EPÍLOGO
Para todos mis alumnos

EL HIJO

El escenario está vacío, sólo hay un cartel de carretera que anuncia –hacia la derecha- la leyenda “FIN DEL MUNDO 15” y al lado un pequeño mojón de piedra. Por ese mismo lado surge, mochila al hombro y comiendo un bocadillo, a paso cómodo, el hijo de la primera obra. Pasa al lado del cartel sin prestarle mucha importancia. Al llegar al otro lado se detiene bruscamente, esboza una sonrisa, se encoge de hombros y sin dejar de comer su bocadillo, sigue su camino.

No hay oscuridad.



Fin de Teatro Hiperbreve.


© Jesús Urceloy /1998-2009

viernes, 30 de octubre de 2009

2 Algunos poemas casi tristes 4

Un amor

para marisol

el cuenco de mis manos apretadas
es el lugar que ocupa mi tristeza

mis dos manos adultas que se pierden
en la niñez aromas ruidos noches
recuerdan las canciones que mi padre
cantaba sin saber que en esa voz
iba trazando mi memoria

pensar en estas manos agrupadas
grandes como el tamaño de mi cuerpo
nacidas junto a mí alto ancho y fuerte
y tan anchas también y tan adultas
me hacen dudar pensar si fui si existe
una agonía deseada
si sólo vine para recordarte
en un amor

tal vez de caminar junto a mi cuerpo
de coger cosas
se hicieron fuertes
tal vez de romper horas y bolígrafos
se hicieron disimuladamente fuertes
y amaron
lo que pudieron
lo que sabían
las horas los bolígrafos
la fruta los regalos infantiles
los libros y la música encerrada
los timbres y las puertas
la ternura

amaron
de una mujer
su abrazo

con su cadáver con su máscara
con su desnudo débil y su llanto
final
con su alegría

estas manos vivieron
en una ciudad vieja
en una casa pobre
en una habitación
una cama un armario una mesilla
y un poco sólo un poco
de cielo prometido

de aquel cielo imperfecto que pasaba
tras la persiana sucia por el patio

mis manos son ahora
su espalda el pelo suelto a golpe
de luz para volver durmiendo junto a ella
en un borde del suelo
a salvo de pisadas
a salvo del rencor
junto al lugar de su tristeza


Urceloy / 2009

miércoles, 28 de octubre de 2009

0 Teatro hiperbreve 19. Todos somos

Bueno, ya he llegado a la obrita penúltima. En este caso es un poco, muy poco, más larga que el resto. También es la menos, en principio, difícil de todas, y entronca directamente con un teatro más tradicional, no exento de ternura, lirismo, algo de ñoñez y su poco de mala leche. Todo a posta, of course.

19. Todos somos
Para Marisol Huerta y Julia García

La voz / Enrique Arribas / Lou de Brescia

La voz : Durante esta pequeña obra leeré las predisposiciones escénicas. La vida es bella, el globo funciona. El tren de Ampor reanuda su viaje tras la reparación de una pequeña avería. En un departamento duerme Enrique Arribas, que vuelve este verano a su pueblo, a sus gentes. El mecánico Lou de Brescia, agotado, con el mono sucio, entra con discreción en el departamento y sentado al lado de Enrique desenvuelve un bocadillo y descorcha una cerveza. Enrique se despierta y observa al mecánico que, con ambos pies apoyados en el asiento delantero, sólo está pendiente de su almuerzo.

Enrique Arribas: Disculpe... Yo a usted le conozco.
Lou de Brescia: Sorpréndame.

La voz : Oh, divino Enrique: ¿Qué te conmueve?¿Dónde su gracia?

Enrique Arribas: Usted es... Lou... ¡Lou de Brescia!
Lou de Brescia: No se lo voy a negar.

La voz : Sí, Enrique, no te engañas, es él. Que por fin sonríe, que parece renacer de las sombras, que en tus palabras va encontrando razones para seguir viviendo.

Enrique Arribas: ¡Lou de Brescia! Vaya casualidad. ¡Lou... ¡
Lou de Brescia: De Brescia, sí...

La voz : Ah, observa cómo respira, cómo en su pecho la sombra empequeñece, cómo rompe las ligaduras que han aturdido sus párpados, cómo alienta cuando te sonríe.

Enrique Arribas: ¡El poeta! No se lo van a creer. ¡El gran poeta! Dirán que miento.
Lou de Brescia: ¿Quiénes?
Enrique Arribas: Mis padres, mis hermanas, mi abuelo octogenario.
Lou de Brescia: Ya será menos.
Enrique Arribas: Mis amigos, los guardias, el cura, la alcaldesa, la Sociedad de Amigos del Deporte, las agricultoras, los ganaderos, el pueblo en suma.
Lou de Brescia: Me deja usted de una pieza. Me ha sorprendido de verdad...

La voz : Y Lou de Brescia, el gran Lou de Brescia detiene su comida, saca de su bolsa un libro y te pide el nombre y te dice mientras va escribiendo “Este libro, amigo Enrique, te lo dedico a ti, con tu voz, con tu gente. En el tren de Ampor, a tantos de tantos, del año...” Y firmará, y te lo hará entrega. La felicidad colma vuestros ojos, no sabéis qué decir, os miráis y sois uno. Y cerramos los ojos, apoyamos la cabeza en el asiento, el tren silba y no caen bombas. Lentamente, cae el telón, y mi voz, al fin, descansa.

miércoles, 21 de octubre de 2009

2 Teatro hiperbreve 18. Un caso real

De todas las obritas esta es la única que recrea un caso real. Narra una historia que mi tío Trifón contaba de su hermano Bartolomé, que la conoció por boca de su protagonista, hacia finales del 36, cuando fue redactor del Diario de Ávila y en España pasaba lo que pasaba. El tío Bartolomé tenía carnet de la CNT y cuando le tocó ser interrogado sustituyeron las hostias por aceite de ricino, que deja menos marcas. Del resto de la historia sé muy poco y no me apetece nada recordar.



18. Un caso real
A quienes corresponda

La secretaria / El torturador / El detenido

Bajo una lámpara de foco que cuelga del techo un hombre fornido, con la camisa arremangada golpea a otro, que está sentado y atado en una silla. El que golpea lo hace con parsimonia y sabiduría, procurando que los golpes hagan daño al detenido, pero no al extremo de que se desmaye. El preso está hecho un puro guiñapo y manchas rojas salpican su camisa. Se deben escuchar bien los golpes y los gemidos.Pasan unos minutos. Escuchamos una puerta abrirse y aparece una secretaria, vestida de funcionaria, con un cartapacio.

La secretaria: ¿Ricardo Esteban?

No espera a que el torturador responda. Saca del cartapacio un sobre y se lo entrega. Señalando un punto de la carpeta dice:

La secretaria: Firme aquí.

El torturador busca entre sus ropas un bolígrafo, que no encuentra. La secretaria con un gesto le indica que ella tampoco tiene. Ambos están nerviosos. El detenido, que ha contemplado la escena, carraspea y dice:

El detenido: Yo tengo un bolígrafo. Aquí, en la camisa.
El torturador: (Tomándolo, con alivio y sincero agradecimiento.) Muchas gracias.

Firma el documento. La secretaria se va, la puerta se cierra. El torturador rasga el sobre, extrae un papel y lo lee. Esboza una gran sonrisa. Incluso ríe con sinceridad. Tras volver a colocar el bolígrafo en la camisa del detenido, se dirige a éste.

El torturador: Un poquito más y terminamos.

Sigue la paliza un par de minutos. Luego se hace oscuro.

martes, 20 de octubre de 2009

0 Algunos poemas casi tristes 3

San Anselmo de Canterbury es reprendido por sus superiores por recitar salmos en voz baja. Madrigal.

Dentro de este poema
viento de sed, salitre y no gemido
un verso a media vida se ha escondido.

Si en su cadencia loca
tu ritmo ha de brillar claro y sonoro
no dejes que ese coro
de necios te silencien por la boca.

Como el viento en la roca
dentro de este poema
la voz susurra y a su tiempo quema.

urceloy / octubre de 2009

miércoles, 14 de octubre de 2009

1 Teatro hiperbreve 17. El lobo escenario

Desde hace cinco años sucede siempre lo mismo, practicamente sin variaciones. Me voy a Asturias el puente del Pilar y al volver, justo el último día agarro un trancazo descomunal que me deja baldado unos días. Esta vez, afortunadamente no ha sido una bronquitis, sino un catarrazo estupendo que yo sé muy bien quién me lo ha pasado, ya que se tarda un par de días en gestarlo, y la persona en cuestión, que la verdad es muy maja y la quiero mucho, no por ello cuando tose lo hace a bocajarro, sin miramientos, sin poner barreras -quiza un pañuelo, la mano, girar el rostro.

A consecuencia ayer no pude dar clase, y menos mal que el bueno de Antonio Rómar, que es un santo varón, me auxilió con la elegancia y presteza que le son habituales y en las que me enorgullezco ser su amigo. Gracias.

Ahora, aprovechando que van a dar las ocho y me toca otro sobrecito de Algidol recuerdo que casi me olvido de poner la obrilla de los miércoles. Así pues allá va. Besos metafóricos a todos.


17. El lobo escenario
Para Antonio Rómar y Jesús Cuesta

La persona

Se hace la luz y muestra un escenario vacío. Se escuchan voces de una persona que juega con un perro, aunque en ningún momento el perro saldrá a escena. Juega la persona a lanzarle cosas al animal, que jadea, contento. La persona también jadea. Dice frases como “Toma, bonito”, “Venga”, “Muy bien, muy bien”, “Vamos” y toda suerte de expresiones parecidas. En un momento determinado un filete de grandes dimensiones vuela y cae al escenario. La persona sale a escena, pide disculpas al público, echándole la culpa al perro, recoge el filete de manera que se vean claramente sus dimensiones extraordinarias, y vuelve a marcharse. Se repiten la misma suerte de jadeos y voces hasta que, volando, aterriza en escena estrepitosamente un hueso gigantesco. La persona vuelve a salir, pide disculpas, recoge el hueso y vuelve a marcharse. Siguen los juegos a los que ya nos tienen acostumbrados. Aparece en escena, rebotando con parsimonia, una pelota hinchable muy grande, tan enorme que, la persona cuando vuelva a escena e intente cogerla, no pueda. Al final resolverá quitarle el tapón y deshincharla. Al salir de escena se vuelven a escuchar los jadeos, pero sólo de la persona, que insiste a que el animal le obedezca. De repente sonará un rugido terrible, estremecedor, lovecraftiano seguido de un silencio intensísimo. Oscuridad.

miércoles, 7 de octubre de 2009

2 Teatro hiperbreve 16. Los que sufren

Para alegría de muchos y reclamo de irredentos comunico al personal adyacente que hoy he terminado de escribir las 20 obrilllas que me había propuesto. Así a las 14 originales he añadido 6 nuevas, y de aquellas 14 he corregido, añadido, o reescrito la mayoría. Una vez que cuelgue la nº 20 y última con toda probabilidad me presentaré a algún premio de teatro, y si no pasa nada, pediré colaboración voluntaria para leerlas en algún sitio en acto ceremonial, tras el cual, y después de borrarlas de internet y de mi ordenador, quemaré todos los originales y todas las copias en pira comunal con ron añejo. A no ser que a alguien se le ocurra algo mejor. Ahora toca la 16.


16. Los que sufren
A los que alientan.

A / B

Dos hombres sentados cara a cara ante una mesa. Se miran, se valoran, se calibran. Uno de ellos se pone en pie, se quita la chaqueta, la corbata, la camisa y a pecho descubierto increpa a su oponente.

A: ¡Yo también he amado!

A continuación se sube a la silla, de ahí a la mesa, y en posición firmes, mirando al público, espera con gesto pétreo. El otro ha observado todos los movimientos con timidez. Contempla a su contrario, se alza, se quita zapatos, calcetines y pantalones, e imitando al otro sube hasta su altura. Al principio sin convicción pero finalmente con ansiedad abraza al otro y apoyando su cabeza en su hombro, llora.

A: ¿Qué haces ahora?.
B: Llorar, ¿No lo ves?

El primero acaricia los cabellos del segundo, con dulzura levanta su cabeza y delicadamente deposita un beso en sus labios. A continuación baja de la mesa, se viste con rapidez y sale de escena atravesando el patio de butacas. El otro, después, bajará, sentándose, buscando en sus pantalones caídos un cigarrillo que encenderá y fumará echándose hacia atrás.

Tras varias inhalaciones repentinamente comienza a toser. Intenta calmarse pero no puede, se golpea el pecho, tose, tose, tose, tose con insistencia, como si fuera a morirse de un momento a otro. Grita, con un inmenso dolor, se marea.

En lo más violento de la escena se hace la OSCURIDAD.

lunes, 5 de octubre de 2009

3 Algunos poemas casi tristes 2

(El primer poema casi triste se publicó en mi otra página

http://nadienostocaloshuevos.blogspot.com/

pero a partir de ahora lo haré aquí)



Sobre un tema de Shakespeare

Después de haber cruzado el Neolítico
a nado un par de veces, el Walhala
subido a pulso, y aguantar sonriendo
veinte cargas de Tropas del Imperio
Galáctico. Después de en Normandía
esquivado dos balas, cada una
con el nombre del otro. Tras haber
resistido un invierno entre los polos
sin provisiones, sin amor. Bregar
olas de ochenta pies en Krakatoa
y habernos muerto, haber resucitado
en el último instante, cuando Custer
llegaba con el séptimo por fin.

Después de tantas cosas te llamé
para pedirte no sé qué: consuelo,
un aval, tu palabra: Mira, hermano,
se me lleva la usura la pensión,
ella no quiere verme, se me cierran
los libros en las manos: ya ni leo.
No tardo ni un segundo, no te inquietes.

Pero ha pasado el tiempo y los fantasmas
del silencio han cortado nuestras líneas.
Pienso en Shakespeare. Recuerdo algunos versos:
ha llegado el invierno a nuestros días.

urceloy / octubre de 2009

miércoles, 30 de septiembre de 2009

1 Teatro hiperbreve 15. Los que mienten

Alguien se me quejará, y con razón, que de un tiempo a esta parte sólo me dedico a editar mis obrillas de teatro hiperbreve. Por mucho que algunas las haya modificado y que otras sean nuevas, debo confesar que en breve plazo acabaré con todas y que después habré de ingeniármelas para no caer en repeticiones y desencantos.

Ando este mes de septiembre de bote en bote y con las preocupaciones naturales de los que vivimos un poco a salto de mata, sin contratos fijos, aceptando casi cualquier oferta, bolo, clase o escritura y rogando que todo salga, no necesariamente a lo grande, sino que salga. Amén, algunas de mis muelas han dicho basta y llevo el mes entero y lo que resta con una maja chica que se ha empeñado, para mi bien, en meterme en la boca agujas, pernos, cinceles y sierras. Yo cierro los ojos y me dejo hacer. Cuando me duele levanto el brazo izquierdo, entonces miro a sus ojos y se lo perdono todo.


15. Los que mienten
A los que ignoran

A / B / C

Tres personas, da lo mismo de qué sexo. Tres personas vestidas con una capa. Con una capa, faldón corto, sin zapatos, con espuelas. Tres personas arrogantes, fieras, tristes y estatuarias. Una porta lanza aguda, otra escudo pintado, la tercera máscara terrible. La misma postura, los mismos movimientos.

A: Este es el campo de batalla.
B: Aquí enterraré unas picas.
C: En esta curva emplazaré un cañón.
A: Aquí cavarán las fosas.

(Pausa)

B: Yo nunca estuve aquí.
C: Muriendo mano a mano.
A: Con un verso en la boca.

(Pausa)

B: ¿Véis aquel pájaro? Parece un hombre.
C: Ha caído lejos.
A: Mirad, de entre la tierra sobresale una mano.
B: Démosle limosna.
C: Démosle de comer.

Oscuridad.

viernes, 25 de septiembre de 2009

1 Teatro hiperbreve 14. Los que lloran

14. Los que lloran
A los que dudan

LA MUJER

Vestida con sólo un camisón, sentada en el suelo, cara a cara contra el público. A su lado tres cintas de satén negro.

Atándose los tobillos con una de las cintas.

LA MUJER: A menudo estas cosas son así.

Con otra de las cintas anuda sus muñecas.

LA MUJER: Esta parte es algo complicada, todo es acostumbrarse.

Con la tercera de las cintas se venda los ojos.

LA MUJER: Y esta es más fácil de lo que parece.

Se tiende en el suelo boca arriba intentando cogerse con las manos los tobillos. Cuando lo consigue, dice, entre risas:

LA MUJER: ¿Hay todavía alguien ahí?

Se alternan periodos de oscuridad y claridad intermitentes, no demasiado rápidos, mientras la mujer, con lentitud, realiza el acto de desatarse. Al final, en pie, lanza las cintas al patio de butacas.

LA MUJER: Es todo tan sencillo.

Una pena inmensa se adueña de la mujer, que llora. Del techo surge una cuerda. La mujer tira de ella y se apaga la luz.

1 Pornomanía del yo 6

Ha llegado septiembre con sus aceros y sus lazos en punta. Ha llegado septiembre y comienzan las rebajas en el corazón, y uno, poeta sobre todas las cosas se tiende bajo el naranjo a ver pasar la vida, tal vez con miedo a que todo salga mal y mi padre, vestido de fantasma, vivo en mis sueños, venga a consolarme, a decirme nada ocurre todo va bien.



miércoles, 16 de septiembre de 2009

3 Teatro hiperbreve 13. Los que duermen

Los que duermen

A los que viven

A / B

Dos personas. Sala de estar. En pie, mirando por una ventana pero sin asomarse a ella, A. Sentada en un sillón antiguo, reclinada la cabeza, muerta, B. La ventana es el público. No hay tensión en los diálogos: soledad.

A: Despertaste más triste esta mañana.
B: Ella murió hacia octubre.

(Pausa)

A: Mirabas a lo lejos.
B: Mirabas siempre al sur.

(Pausa)

A: Levantarse, vivir, tender la ropa.
B: Vestirse de hombre.

(Pausa)

A: Pasear hasta su tumba y pedirle perdón por no haber muerto antes.
B: Era octubre.

A se aleja hasta una radio oculta, suena una música indiferente, se acerca a la ventana, apoya sus manos en el alféizar, oscurece.

domingo, 13 de septiembre de 2009

1 FISIOLOGÍA NEOCONJETURAL Y OROGRÁFICA DE ASTURIAS 1

1. Playa de Barro

Para Carlos Huerta, con mi cariño.


tres mujeres
de diversa edad y de la misma familia se sumergen en el agua dos varones con tripilla incipiente juegan a la pelota una familia con acento alemán se tuesta al sol una familia con acento francés ya se ha tostado una familia con acento catalán triunfa en el izado de sombrilla una familia con acento vasco habla en correctísimo español una familia con acento gallego se marcha al chiringuito una familia con acento andaluz descubre que en la playa hay rocas una familia asturiana coge el coche y se va a comer a casa lo mismo sucede con otras doscientas trece familias asturianas
es
ca
lo
na
da
men
te entre las catorce y las diecisiete horas
al
fondo a media
distancia entre el horizonte y la playa
un bulto sospechoso de blanco
y
rojo
se agita
entre las olas
sube
y
baja sube
y
baja sube baja será una
boya
algunos
bañistas aseveran que el agua está fría que hay algo de resaca podemos contar más de cien personas con el agua a la altura del esófago presumiblemente unas diez con el agua al cuello
alguno no hace pie
sabe nadar
eso es sano
rea
ma
la
be
su
el bulto lejano debe ser tiene que ser es una boya
Qué hambre un tinto de verano camarero
aquí no se ahoga nadie, habrá que irse.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

1 Teatro hiperbreve 12. Los que callan

12. Los que callan

A los que aman

A / B

Oscuridad total. Un redoble de tambores, seco y fuerte, anuncia cercano una ejecución. Silencio: prolongado. Sobreviene una descarga de fusilería. Silencio. Pasos. Dos tiros, tristísimos, de gracia. Pasos. Silencio. Una luz repentina deja ver dos cuerpos en un poste, que cuelgan en difícil postura. Ojos vendados Sus manos, atadas a la espalda al madero, no les han dejado caer del todo.

Siempre y sin hacer un sólo movimiento.

A: ¿Se fueron ya?.
B: No les oigo. Sí. Ya se fueron.
A: ¿Te queda tabaco?.
B: Me lo quitaron. No tienen corazón.
A: Soñé que me abrazabas: que habíamos vencido.
B: Tu piel estaba fría.
A: Ahora no.
B: Sabes que te he querido siempre.
A: No debe quedar mucho.
B: ¡Qué temprano amanece!
A: Será mejor marcharnos.
B: Sí, vámonos.
A: Vámonos.
B: Sin ruido.
A: Sí, sin ruido...

Estáticos, los cuerpos son acariciados por un sol naciente. Lejano, muy lejano, un piano esboza un sol. Al apagarse la nota, Oscuridad.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

2 Teatro Hiperbreve 11. Daños colaterales

En Asturias, estas vacaciones, escribí esta obrita nueva, y se la dedico a quien me la inspiró, sin saberlo. A ver qué tal.


Daños colaterales

Para José María Sulleiro


LA MUJER / EL LABRIEGO / EL HOMBRE

De fondo, muy lejano, suena un cañoneo intermitente, como si se librase una batalla. En escena una MUJER campesina sentada sobre un canasto borda una cinta oscura en un sombrero de tela blanco, de alas grandes. A su lado un LABRIEGO cava un barbecho con una azada. En esto aparece en escena un HOMBRE de pelo ralo y barbas blancas, vestido de ciudad. Lleva entre sus labios una pipa apagada.

MUJER: Hoy tampoco lloverá.
LABRIEGO: Para lo que hace falta...
MUJER: (Acabando su labor ofrece el sombrero al recién llegado) Aquí tiene su sombrero.
HOMBRE: (Observándolo con detenimiento.) Ha quedado muy bien. (Se pone su sombrero y observa al labrador.) ¿No es muy profundo ese barbecho?
LABRIEGO: Para lo que ha de servir...
MUJER: Es por matar el tiempo.
HOMBRE: Ya.

El LABRIEGO detiene su trabajo, deja la azada, y se incorpora con dificultad, quejándose mientras se levanta. La mujer le alcanza una bota de vino, de la que beberán primero el LABRIEGO y después de ofrecérsela, el HOMBRE. Cuando a su vez este le ofrezca la bota a la mujer, ésta se limitará a colocarla en su regazo. El HOMBRE señala la azada y dice.

HOMBRE: ¿Puedo?
LABRIEGO: Coja, coja...
MUJER: Para lo que ha de aprovechar...

El HOMBRE cava. Al poco se detiene, y sin incorporarse dice.

HOMBRE: Es duro esto.
MUJER: Sí.

El cañoneo lejano, que no ha dejado de sonar, parece hacerse más claro y cercano. De repente se hace la oscuridad.


urceloy 2009
 

Urceloy - Literatura, música y sombreros Copyright © 2011 - |- Template created by O Pregador - |- Powered by Blogger Templates