jueves, 22 de diciembre de 2011

1 Vllancico navideño 2011

Llegó la navidad deprisa con el viento
del norte casi no era la misma de otros años
no dio tiempo a buscarla a la estación
estábamos los cuerpos encerrados en casa.

No nevaba ya nunca y a veces ni llovía
hizo el frío de siem¬pre:
nadie acudió al andén ni hubo discursos,
la autoridad estaba en otra parte.

Debajo del felpudo vio la llave
y entró a la casa sola
arrastró su baúl hasta el cuarto de baño
encendió la cocina hizo café.

Vino aquel día gente de lugares
extraños o remotos de barriadas y pisos
más grises y más altos que los nuestros brindamos
hasta agotar el vino que no había.

Después la navidad se durmió en el sofá
del cuarto grande nadie
ha vuelto a molestarla se la ve tan tranquila
tan casi irrepetible…

Urceloy / 2011

viernes, 11 de noviembre de 2011

0 Diarios inútiles: 11 -11- 2011

Bueno. A la tercera tenía que ser la vencida y así ha sido. Al fin han conseguido robarme el bolso. El negro. Ese que llevo siempre en bandolera. ¡Jé!

La primera fue hace años. Lo menos 15. En el andén del metro Ríos Rosas. Sobre las 11 y media de la noche, cuando trabajaba de segurata en el Canal de Isabel la II. Fue un tirón en toda regla. Me dio tiempo a gritar cuatro palabras: ¡Libros!¡Sólo hay libros!. El ratero paró en seco. Abrió el bolso. Metió la mano y era verdad. Papeles, libros, algún bolígrafo barato: poco más. Lleno de ira me insultó y tiró mi bolsa a las vías.

La segunda hace cinco años. También en el metro. En un vagón. Te roban dos personas: una te pisa un pie, para llamar tu atención hacia un lado. En el otro lado, que es donde llevas colgada la bolsa, un compinche te desvalija. Pero mi ladrón solo encontraba libros, cuadernos, papeles, bolígrafos baratos: poco más. E insistía. Eso le perdió. Acabé mirando. Le sonreí. Dije: Solo libros. Me miró con asco e incredulidad bien repartidas. Parecía del este. Llegamos a la estación. Desaparecieron.

La tercera ha sido hoy. Esta noche. Mientras tomaba una caña en el Bar Chileno, bajo la academia, en la calle Ruiz. Dejé la bolsa en el respaldo de la silla donde estaba sentado, junto a una de las puertas. Alguien entró, cogió el bolso y se fue. Así de sencillo.

El inventario de lo sustraído es:

- Una pequeña edición de poemas de Hipólito García “Bolo”, dedicada por el autor.

- Un libro de la colección Adonais con poemas de Juana Castro, también dedicado por ella.

- Un libro con la poesía completa de Juan Eduardo Cirlot, en la edición de coleccionista que la Editora Nacional hizo en 1975. Lo más caro.

- Varios poemas corregidos de mis alumnos.

- Los apuntes para mi taller de música.

- El cuaderno de notas en el que llevo el diario de las clases que imparto.

- Una pluma regalo de cumpleaños de mi amigo José Antonio, O Lobo.

- Unas piedras que me trajo Roberta de Nápoles.

- Un pequeño callejero de Madrid.

- Un peine, un cortaúñas, medicinas, bolígrafos baratos, cachivaches, todas esas pequeñas cosas que nos hacen llorar cuando nadie nos ve… que decía don Joan.

Deborah, María, María José y yo dimos un par de vueltas, registramos papeleras, basureros, pilas de escombros, miramos entre los coches. No hemos tenido suerte.

Me cabe el discreto deseo de que a mi ladrón le guste, al menos, leer.

jueves, 3 de noviembre de 2011

1 Avena loca 2/11/2011

Faltaron muchos. Eché de menos a bastantes amigos. De los de siempre. No pasa nada. Otro día vendrán. Tal vez la lluvia, o el fútbol, que se unieron de nuevo en un tándem maléfico, quisieron amargarme la fiesta. Llevaba más de 10 años sin organizar un ciclo poético. Sin embargo sabía que no podía fallar, que habría lleno, que siempre hay buenos aficionados: y no me equivoqué. Si la continuidad del ciclo depende de esta primera prueba sólo me queda dar las gracias.


Así pues GRACIAS.



A Loren Fernández, que supo hallar una incomodidad en la pared en que apoyarse, para ofrecernos unos versos llenos de ácida lírica, holganza de lo íntimo salvaje, lujuria contenida por la palabra despertar.

A Juan Hospital, todo voz callada y silencio, tono del hombre necesitado y necesario. De dentro afuera y luego adentro: un gozarse que le estaba haciendo humildad y belleza.

A Mariana Pesci, que, sometida al dominio de la palabra, fue desgranando de menos a más la necesidad de la escritura, la redención por el día, una carga de pura sensualidad deshilándose en el amor.

A David Torres, cada instante más humano, más poeta, más lleno de un sosiego que hace ya tiempo necesitaba, y que en las manos de Beatriz -en su segundo plano de pintora del alma- a buen seguro le hace más contemplativo y sereno.

Un gozo y una suerte haber estado con vosotros, poetas, amigos, voces.

¿Me olvido deciros que os quiero?







sábado, 24 de septiembre de 2011

1 Henryk Górecki, in memoriam

No escribió muchas obras, y la mayoría pasaron a engrosar el baúl del olvido a poco de estrenarse, pero escribió una sinfonía, la nº 3 “sobre canciones dolorosas”, Opus 36, que le hará inmortal. La compuso en 1976, y más allá de las fronteras de su amada Polonia –ese país extraño y maravilloso que gracias a Shakespeare nos empeñamos en decir que no existe– pasó sólo a la memoria de algunos locos de esa nueva música que por entonces empezaba a denominarse minimalismo.

En 1992, cuando tenía 59 años, por aquello de las celebraciones –no me quiero extender en este concepto tan común a muchos pueblos- le hicieron una grabación de esta obra, y para pasmo de imberbes y consuelo de irredentos, a poco pasó a vender millones de ejemplares. El bueno de Henryk no se lo creía. Fruto de esas casualidades que hacen que la raza humana merezca todavía algo la pena, aquella grabación cayó en manos de un productor de radio inglesa que, al escuchar la profunda sencillez de la obra no se paró en mientes si la obra era clásica o no: la puso –concretamente su movimiento segundo- en un programa de cierto calado de ¡música new age!. El éxito fue instantáneo. Miles, millones de personas, se preguntaban quién era el autor de esa música tan triste y tan maravillosa. Górecki se convirtió a los 60 años, 16 años después de escribir la sinfonía, en el compositor vivo que más copias había vendido de una obra de estilo “clásico”.

Le llovieron miles de ofertas, le cayeron montones de nominaciones y premios, recibió el aplauso de medio mundo, y el desprecio de otro medio, por supuesto. Ya se sabe. Sin embargo aceptó muy pocos encargos y prebendas: había un dato en su biografía que nadie había querido notar: su soberana independencia, y tal vez su bondad. Las montañas de Tatra, al sur de Polonia, donde vivía, quizás le habían moldeado ese espíritu solitario, falsamente huraño, que produce la soledad en el hombre que quiere estar en la alegre compañía de los pocos con que uno quiere. “Quien habla solo espera hablar con Dios un día” que decía otro huraño solitario y bueno como Antonio Machado. Así que si esperó 16 años a que alguien le aplaudiera, desde el 92 escribió muy pocas obras, y casi todas de encargo. Y por supuesto, se dejó ver lo mínimo fuera de casa.

El 23 de octubre de 2002 se celebró el día de Polonia en España. En el Auditorio Nacional de Madrid, la Orquesta Nacional de Polonia interpretó su maravillosa sinfonía. Mi buen amigo Luis Alberto de Cuenca me regaló dos entradas, y como yo sabía que también mi buen amigo Jaime Alejandre compartía mi amor por Górecki, le hice partícipe de aquella invitación. Nos produjo cierta pena que el Auditorio estuviera medio lleno y que los programas no llegasen hasta acabado el concierto, pero el gozo de esa música imperecedera nos hizo olvidar tales consonancias propias de este país tan poco dado a la cultura, para qué negarlo. Al final del concierto Henryk Górecki en persona salió a saludar.

Ya en el vestíbulo Jaime y yo nos acercamos, con los programas recién adquiridos, a saludar al maestro y a pedirle que nos dedicase el librito. Henryk nos sonrió amablemente y nos dijo con sencillez que no entendía el inglés, que sólo hablaba el polaco, algo de francés y algo de alemán. Pero nos dio su mano, y nos dedicó el programa, y nos miró agradecido. Era un abuelo regordete y amable, humilde y sereno.

Hace muy poco, la semana pasada, me enteré que en noviembre del año pasado se me había muerto. A los 76 años. Había nacido en 1933, como mi padre. Tengo una vaga esperanza de agnóstico que me hace pensar en deseos pequeños que, de tan íntimos, me resultan por ahora inconfesables.

viernes, 16 de septiembre de 2011

0 Los mejores años de nuestra puta vida II

segunda sonata

mi primer amigo manuel benitez manotas seis años uno exactamente más que yo me agarró por la espalda y dijo este ha sido este ha sido este ha sido y era verdad era verdad era verdad

mil novecientos sesenta y nueve fue un año bueno los beatles sacaron yellow submarine rocky marciano murió en una avioneta en españa detienen a trescientos estudiantes se cierra la universidad hizo mucho calor cuarenta grados niño vete a la calle a jugar ten cuidado no te salgas de la acera

papá llevó los muebles en un carro mamá se quedó en casa con la niña el vecino qué tipo majo aquel vecino ayudó a componer los cuatro trastos el mueble del abuelo la cama de madera

después sacó unos vasos y brindó y las mujeres hablaron de sus cosas las mujeres sus cosas y los hombres reían y la niña en la cuna y el niño con sus piedras en la calle jugaba con su palo con las piedras

fue un año bueno muy bueno samuel beckett se lleva el premio nobel garcía pavón el nadal salomé se nos vivió cantando eurovisión murió y nos enteramos veinte años después miguel labordeta

jesús garcía lorenzo no era aún urceloy era un niño aburrido de jugar en la acera la ventana del bajo los cristales manuel viejo manuel ha sido él ha sido él qué calor aquel año manolo todavía te acuerdas

urceloy / septiembre de 2011

miércoles, 31 de agosto de 2011

0 Los mejores años de nuestra puta vida I

primera sonata

vino el niño de fiesta y traía un pez sobre la boca y las verdades la urbanidad las furcias y le vino la noche le vinieron sol camisas o sumérgete ahora le digo no te quedes al hacha le digo mata esculpe si la virtud es darse por vivo entonces nadie merece la riqueza nadie tiene el derecho de nacer el derecho a estar vivo sobre nadie tu barro la mierda en las aceras

tu padre llega tarde se saca el cinturón te da con energía con destreza heredada se pone a ver la tele mejor así qué putas caballero tengo hoy qué ciruelas los batidos de fresa el regaliz del domingo después de cada misa

nada señor nos salió mal el ensayo sobre la mesa tienes el filete dame un duro chaval te doy de hostias y ahora suena una rueca en llamas una línea la notación una variante al humo y esa gracia en tus dedos del sabor español la dulzura el desdén hay un cadáver seco en mi pijama el uniforme sucio hueles mal a qué vienes

he gastado mi vida en soldados de sobre en un polo de hielo quédate el cambio y compra un gol en el pasillo un padre muerto usado en la sala de autopsias qué más si todo cansa vivir así te quitas de problemas y cuando quieras norte sur norte aquel sur este mundo feliz aquel final espléndido

urceloy / agosto de 2011

domingo, 26 de junio de 2011

2 Diarios inútiles: 26 de junio de 2011

Como hace un calor que te caes y la única manera de salir a la rue es con el traje de hielo, les voy a hacer un regalito. Mi famosa receta de Gazpacho. Con toda su literatura. No se arrepentirán. Besos.


“Dame gazpacho, amor, dame gazpacho, que estoy ebrio de ti, mas no borracho”

Para sopocientas personas o un soltero irredento.

1 Kg. de tomates maduros en los que haya un par de ellos verdes. 1 cebolla gorda o 2 pequeñas. 1 pepino de esos que despiertan pasiones ocultas, o dos de catorce centímetros. 2 zanahorias pequeñas. Como 5 rebanadas de pan integral bien mojado de agüita rica. 1 par de pimientos verdes, largos y finos y 1 pimiento rojo gordo y aburrido. Ajo en polvo, como una cucharadita de café. Una taza de aceite fino. Media de tomate frito. Media taza de vinagre. Un puñado de sal por cada 5 comensales. Un copazo –así, como suena- de ron añejo y unas gotitas (entre 8 y 10) de fino, a ser posible Montilla.Como 78 cominos, es decir un puñadito.

1. Allegro molto agitato.

Se echa en recipiente grande el pan seco. Se pone bajo el grifo hasta que se le advierta mojadete. Se lavan los tomates, se les quitan los polos y a cuatro trozos por cabeza al perol. Echamos la sal, el aceite, el vinagre, el ron, el ajo y los cominos. Se agarra uno al mástil de la batidora y ¡Hale!, hasta que todo esté hecho puré. El tomate suelta tanta agua que no es necesario añadir más, pero resulta prudente –ya que el gazpacho es una sopa fría, y no un plato de cuchillo y tenedor- meterle un vaso.

El truco de Pernambuco consiste en que con el volatineo de las aspas el alcohol del ron se pega un bonzo, es decir que se quema, quedando el revuelo de las bayas y el gustillo de la barrica. Cuando acabamos este paso se riega con el fino la brevedad de esas gotitas, que más que emborrachar, dan aroma.

2. Allegretto. Andante sostenuto.

Aparte hemos pelado el pepino y con cierto sacrificio le metemos dos cortes a lo largo y varios a lo ancho, quedando el pobre a cuadros. Con la cebolla ídem de ídem. Así igual con los pimientos (dentro tienen pepitas, se deben limpiar) y las zanahorias. Ponemos todo esto en una escurridera y lo lavamos a conciencia. Y en un vaso grande, de esos que vienen con la batidora, sin contemplaciones y un poco de agua los vamos batiendo. Según se bate cada vaso se echa el producto en el recipiente grande, mezclándolo. Luego otro vaso y otro hasta agotar las hortalizas.

3. Finale apasionato alla breve.

Ya esta casi. Se mezcla hasta que quede liquidito y sin grumos. Se prueba. Que sale soso, se echa sal, se bate again y así hasta que te sepa de buten.

Que eres un bolinga, échale una cucharada más de fino amontillado. Que eres un aprovechado: un vaso de agua con media cucharada de vinagre por litro. En fin. A mi me gusta como ya he dicho. Se mete en el frigorífico y antes de ponerlo en la mesa se le ponen a flotar un hielito por persona. Es recomendable hacerlo 24 horas antes de comerlo. Pero de eso sabe más el hambre que la paciencia.

4. Coda sine indicacione. A giusto.

Hay gente que reserva parte de las hortalizas cortadas, trocitos de huevo duro, jamón serrano, pan frito o duro, y se lo echa una vez servido en el plato.

Es fácil, no tiene muchos secretos, es baratito y es resultón. Quita la sed en verano y alimenta. Y a mi me gusta en cualquier fecha. Si vales bene est, ego valeo.

 

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