jueves, 24 de diciembre de 2009

1 Algunos poemas casi tristes 8

Todos los años escribo un poema navideño. Este que adjunto es el que toca. Va dedicado a todos ustedes, que son gente maravillosa, con mis mejores deseos para el 2010. Besos y abrazos, amigos.

Antivillancico al antiquo modo

Con este villancico y es la pura verdad
non digo que me guste la idiota Navidad
que año tras año llega con gran puntualidad
y siempre en el invierno, lo que es tenacidad.

Antaño, no lo niego, nos íbamos en tromba
la panda de amigotes a saltos y a la comba,
le dábamos al parche, pandereta o zambomba
y aunque no hubiera un duro lo pasábamos bomba.

Pero agora quien menos contrajo matrimonio
se ha cargado de efebos para dar testimonio
se ha puesto como Herodes forjando un patrimonio
y si no face el sueco se ha fecho macedonio.

Se convocan festejos que revientan las fajas
se compran loterías, trúcanse las barajas,
y en las televisiones entre anuncios de alhajas
nos van dando las uvas de las mismas rebajas.

Mi novia y yo, que somos lo justito de ateos,
nin muy gordos ni flacos, nin muy guapos ni feos,
desde hace cinco años cogemos los apeos
y nos vamos de guanches sin más pandereteos.

Y allá, con los calores, donde no hay ni un Rey Mago,
con los bermudas puestos, y a la sombra de un drago
dedicamos las horas al solaz y al embriago
hasta que llega Enero, faciendo mucho el vago.

La Navidad se pasa de un modo diferente
tomen los que pudieren exiemplo, que’es prudente,
para no avestruzarse más de lo conveniente
ni como el oso en cueva pasar todo el relente.


Urceloy / diciembre de 2009

sábado, 19 de diciembre de 2009

0 Pornomanía del yo 8

Agradezco con puntualidad poco espartana el caluroso interés que mis pequeños males pechiles han suscitado entre mis lectores, siempre ociosos y siempre amados. Ya saben, parece que ese porcentaje minúsculo, pero porcentaje, que tenemos aún de femenino los señores, se nos ubica en el pecho serrano, y bien por accidente, necesidad o puro gusto, a algunos se nos escapa la gracia, nos empieza a crecer y a poco que nos esforcemos nos sale mama. Y aún más, que mi médico dixit que algunos damos han llegado a tal extremo que han llegado a verter maternal leche que bien sanara a rorro o neonato sus hambres, y aún sus miedos. Parece ser que el mío pecho no tiende por esas latitudes y se ha procurado una discreta salida por el foro de donde entró, así tarde lo que quiera tardar en desaparecer, aunque de vez en cuando le dé por doler y dolerme. Agradezco por lo tanto a todas vuecencias las sabrosas risas y ricas menudencias de las que seré y debo ser cotilleo, y a ver si paro de una pulñeta de tan florido lenguaje, y que la gracia no parezca lindeza, que yo me entiendo.

Y de agradecer, lo que de verdad agradezco es a todos los santos buenos, a todos los dioses buenos y a todos los buenos oficiantes que mi amigo Claudio – el de la voz serena- haya salido del quirófano no sólo mejor de lo que entró, sino según cuentan, marcándose un agarrao torero con la enfermera de turno al grito de Ole, ole y ole. Y si no , aquí dejo reflejo de un pequeño extracto del romance que al caso hizo cierto vate que, hospitalario, andaba repartiendo en octavillas.

Acabada la faena
se abrió el portalón y diestro
por el pasillo salía
no a hombros, que es lo correcto

en otros cosos, andando
el mío Claudio, luciendo
el camisón por muleta
y por montera a Sulleiro,

que entre uno y otro salto
de alegría y vituperio
allí se quedó prendido
como una estampa, discreto.

Los hombres se le tiraban
desnudos de medio cuerpo,
y las mujeres, encima,
desnudas del otro medio,

y mi buen Claudio decía
con esa voz que le aprecio,
con ese tono producto
de muchas noches atento

a las verdades del Rueda
y de otros caldos misterios,
“Vámonos pa casa Carmen,
vámonos, que no me tengo”.

sábado, 12 de diciembre de 2009

4 Pornomanía del yo 7

Como llevo un tiempo largo sin escribir se me confunden las fechas, y como -al contrario de David Torres, que es mi amigo- no sé de héroes ni tengo mitos, ando más pendiente de naderías y otras prolongaciones que de hechos y facturas, y cuando la pequeña infelicidad de los días me tantea, siento la necesidad de -como O Lobo- hungarizarme en el silencio y el leve dolor.

No respondo emails, no escribo. Me levanto tarde, no escribo. No salgo a pasear, no escribo. Y, lo peor, me acuesto tarde y no escribo.

Ha pasado el tiempo y se me han muerto Paul Naschi y Eric Woolfson. Al primero le conocí en un programa de radio donde nos aterrorizó a todos los presentes y a los oyentes al narrarnos con absoluta normalidad cómo se tenía que hacer para empalar a la turca a un señor o a una señora, que también en esto hay sutiles diferencias, y aún peor, nos dio bibliografía ad hoc. Después le visité unas cuantas veces a su casa, en el barrio de Arguelles, y allí, sentado en un rincón entre miles y miles de recortes periodísticos pude examinar a placer la espada de samurai que le regaló Akira Kurosawa en Nueva York, mientras él me narraba, con su voz pequeña y llena de lamentos su tristeza de autor premiado fuera y olvidado dentro. ¡Cuántas veces hubiera renunciado a recibir un abrazo en Alemania -me decía- por un saludo en España! Su casa era oscura y su piel era blanca. Me prometió un papel de malo malísimo para su próxima película, decía que daba el tipo, y yo salí de su casa y de su vida con esa alegría bien fundada en las cosas que nunca serían pero que acaso podrían ser.

A Eric Woolfson lo más cerca que le tuve fue en un email. Sin embargo le tengo tan reciente que no me atrevo a escribir más, no vaya a ser que el exceso de proximidad me lleve a decir bobadas y a hacer del afecto una mitología. Ya veré.

Por lo demás el bultito que me ha salido en el pecho derecho parece que me da una tregua de tres meses y que va desapareciendo. Como no me gusta eso de ir contando mis penas nada más que a los muy próximos igual va y hay alguien que aún no se ha enterado. Parece que todo va bien, que va disminuyendo, que cada día duele menos. Igual se trataba de una pena de esas que nos salen a los poetas cuando no nos caben en el alma y que se nos ponen por ahí, en uno de esos lugares extraños entre el desconsuelo y el corazón.

Ahora prometo seguir escribiendo más a menudo frases tontas, poemas casi tristes, cuentos sin interés y obscenidades de salón. Poca cosa siempre ese pequeño amor, dolor.

sábado, 28 de noviembre de 2009

2 Algunos poemas casi tristes 7

Algunas veces me da por escribir en inglés. Es un idioma excelente para escribir poesía, pero también es muy difícil, para no caer en la excesiva sonoridad del monosílabo. He aquí mi último intento con algunas correcciones de última hora. Y su traducción debajo, of course.


The water woman


To disappear into a glass of water, this woman would have to believe in friends reunited, in ditches and provided dreams.

Her laugh would be blood, a game to lose the right constitutes a benefit, her laughter will be the cheerful grin of the tortured, the toothless mouth of a boxer on the canvas while management is falling precisely the countdown.

I thank God to have known she on Tuesday: when she looks toward heaven and count the passage of the reactors.

Specialist statutory, she has placed all her lovers in a row, plated steel, live on the pack, with the holes in the eyes and nose to see and breathe.

Then she takes my hand and I walk naked, showing at the end of the corridor, the tomb each night riding where torture is sworn.

The days pass, the band plays a Charleston, oh, mister, oh, madame, here is your table, do not forget to dance, smile in front of the cook, pheasant seems alive, but only an optical illusion, there is nothing like Southampton beaches in the fall, Paul McCartney coming to dinner tonight, has promised a bottle of Sherry and a banal speech of Ortega.

I looked long at the ocean from my room. I think of her name, I think of the pre-Raphaelite painters, the crew of Virginia is beaten to death in front of the Monitor Nortfolk doors, a hundred years later we find, in the seabed, the body of a fireman trapped in the turret, tell to my girlfriend that I'll be late, give my body to the pines seamless, bury me in Wisconsin with honors, I looked so well sprat.

My father has returned with a book in his hands, has returned with the truth abused and a Turner box where women or ships burn, my father has returned to sing to the syrens.

I read crusts and line of bees, going to fast, there is something among the rocks, please do not forget me, write me on Sunday, give me your courage, not hide from me.

I will sleep again to her feet, the wind that cut through the smoke to employees in the bilge.


Urceloy / noviembre de 2009


La mujer acuática

Para desaparecer en un vaso de agua, esta mujer tendría que creer en los amigos reencontrados, en las acequias y los sueños previstos.

Su risa sería sangre, un juego en que perder la razón, una ventaja, su risa sería el rictus alegre de los torturados, la desdentada boca de un púgil en la lona mientras va cayendo con precisión administrativa la cuenta atrás.

Doy gracias a Dios por haberla conocido en martes: cuando mira hacia el cielo y cuenta el paso de los reactores.

Especialista en estatuarios, ha colocado a todos sus amantes en fila, bañados en acero, vivos en el envoltorio, con los agujeros de los ojos y la nariz para que vean y respiren.

Entonces me toma de la mano y me pasea desnudo, mostrándome, al final del corredor, el sarcófago ecuestre donde cada noche ha jurado torturarme.

Los días pasan, la banda toca un charlestón, oh, mister, oh, madame, por aquí está su mesa, no se olviden bailar, sonrían delante del cocinero, el faisán parece vivo, pero sólo es una ilusión óptica, no hay nada como las playas de Southampton en otoño, Paul MacCartney vendrá a cenar esta noche, ha prometido una botella de Sherry y un discurso banal de Ortega.

He mirado largamente el océano desde mi habitación. Pienso en su nombre, pienso en los pintores prerrafaelitas, la tripulación del Virginia se bate a muerte frente al Monitor a las puertas de Nortfolk, cien años después encontramos, en el fondo marino, el cuerpo de un fogonero atrapado en la torreta, decidle a mi novia que llegaré tarde, dad a los pinos mi cuerpo sin junturas, enterradme en Wisconsin con honores, me sentaba tan bien el espadín.

Mi padre ha vuelto con un libro en las manos, ha vuelto con la verdad maltratada y un cuadro de Turner donde arden mujeres o navíos, mi padre ha vuelto para cantar a las sirenas.

Leo en cobalto y verso las abejas, vamos a los rápidos, hay algo entre las rocas, por favor, no me olvides, escríbeme en domingo, dame tu valentía, no me ocultes.

Vuelvo del sur para dormir a los pies de ella, el viento con que cortan el humo los trabajadores en la sentina.


Urceloy / noviembre de 2009

sábado, 21 de noviembre de 2009

0 Tratado de urcelologia 16

Ñadie me ciñe el coño como el ñuncio.

Si crees en tus amigos vivirás en sus sueños.

Entre nota y nota se aprecian mejor los silencios.

Tus hijos embellecerán tu cadalso.

Un estadio de fútbol lleno beatifica las piezas de recambio.

Tu elipsis será el punto.

Los héroes mejoran muriéndose.

Es preferible sacarle la tuba a todas las canciones.

Mucha gente cree que el Canon de Páchelbel es de Mozart, que el Adagio de Albinoni lo escribió Vivaldi, y lo peor, que la Novena es una misa de Beethoven donde canta Miguel Ríos la Canción de la Alegría.

Cervantes no era marciano: el resto sí.

Si tu cara no se refleja en las aguas del río, corre a ponerte a salvo.

Primero fue la herida: Después la puñalada.





martes, 17 de noviembre de 2009

1 Algunos poemas casi tristes 6

Elogio de la inocencia


“Y tú, inocente, duermes bajo el cielo”
Gerardo Diego


Y tú, inocente, duermes bajo el cielo
de las cosas, derramas tu dulzura
por las palabras, vuelcas el abismo
natural de las voces y te encierras,
te enciendes, te derrumbas, te desangras
para volver a despertar. Y tú.
Inocente en el cielo sólo duermes.
Mientras abajo, en la ciudad, las sombras
vuelan en mil pedazos tu cintura,
mientras en el reducto de la casa
el más allá no llega a la ventana
y entre la cama el ritmo de la piel
comprada te defiende de estar muerto.
Debieras madrugar y contemplarnos,
abrir tu sangre y airear tus tripas
comer del mismo plato, leer algo
que no conozcas, por variar, leer
el envés de tu ropa y no otra música.
Pero inocente, duermes bajo el cielo,
lleno de paz, los ojos bien cerrados,
el pijama ceñido, y en el suelo
las zapatillas serias y sumisas.
Duerme entonces, que el sueño te obedezca,
no digas aquí estuve, bajo el cielo
tu inocencia descansa.


urceloy / noviembre de 2009

domingo, 8 de noviembre de 2009

4 Pornomanía del yo 6

Leímos ayer a las siete de la tarde Inma Luna, Carmen Camacho y yo en la librería Traficantes de Sueños, un sitio chuli, grande y muy ameno, con una sección de poesía que no le tiene nada que envidiar a otras librerías que presumen de ella, y que para mi asombro no sólo tienen todos mis libros, sino varios volúmenes de cada uno en el fondo editorial. Yo me lo pasé bomba, sobre todo con Carmen, que es una poeta como una casa de grande, amena, profunda y divertida, cosa que se echa mucho de menos en estos tiempos de poetas a la violeta, de mucha inspiración y poco trabajo, de pura decadencia. Y por un ratito me olvidé de mis muchas y recientes penurias económicas. Ya, ya sé que me repito, pero es la puta verdad.

Y vinieron muchos amigos, y al menos un representante de todos mis grupos de poesía. De los de prosa no hablo, que por ahora andan eximidos, pero ya hablaré cuando lea alguna vez mis relatos. Y vinieron amigos poetas, como Julio Castelló, Marisol Huerta, Jesús Malia, José Cereijo, Helena Rodríguez, Anaís Trigo, y vino Juan Antonio Mora, que es un ejemplo vivo de buen editor de revistas, con sus Hamacas de lona bajo el brazo, ¡Ya va por el número 26!, repartiéndolas, dando fe de su bonhomía, y muchos más, que no tengo porqué andar dando nombres pero sí constar que os llevo muy dentro a todos, incluso a alguno que asistió solapado y oculto, pero bien avenido. Gracias a todos, gracias.

Me entristeció un poco no ver a nadie de ese grupo clásico que tantos años compartió lectura y vida. Parece que desde que Julio nos dejó y Miguel anda enfermito, desde que me han dejado todos, sin excepción, en el borde del abismo, debo ser el culpable de un pecado que nunca cometí. Ya van unos cuantos feos. Puede que un día de estos deje de preocuparme vuestra asistencia y, con la sencillez del pájaro que emigra, cambie estos parajes fríos por otros más amables, sin rencor, sólo con olvido.

Puede que jugase el Real contra el Atlético. Pero no lo creo, que Madrid está lleno de bares. Como decía Claudio en su "Ballet de papel":

Adiós y buena suerte. Buena suerte.

viernes, 6 de noviembre de 2009

3 Algunos poemas casi tristes 5

Los débiles

Los débiles marcan el paso en las procesiones, teclean rápidamente en el ordenador, viajan a países exóticos en clase turista, recorren el trayecto hasta casa en un vehículo sin ruedas, rompen el día con la necesidad del buen tiempo.

Los débiles sienten por debajo de las palabras, entienden la calumnia pero la fagocitan, escuchan el silencio pero oprimen el claxon, mandan como sátrapas en las panaderías, consumen su cerveza y dejan en el platillo la última aceituna.

Los débiles mean en silencio, aguantan la bronca del taxidermista, votan honestamente lo contrario que dicen, piensan según los otros, han inscrito a sus hijos en su mismo colegio, dicen Oh capataz, mi capataz.

Los débiles aman al que hace, aman al que dice, aman al que sueña. Quieren ser la paloma que pintara Picasso, sobre su cama vela el Cristo de Dalí, bajo el sueño perciben historias con relojes, jergones sin memoria, diccionarios aún vírgenes.

Los débiles agitan papeletas sin premio y en las tribunas beben café y pastas inglesas, visten su hemoglobina con el azar, se casan cuando el amor emigra hacia otra puerta, se masturban sin ganas, ponen música ambiente.

Los débiles no piden, esperan tu propuesta. Los débiles no lloran más que al fin del verano. Los débiles disparan con el arma del otro, se saben, se numeran, cantan en misa y fuman en el átrio en silencio.

Los débiles se vengan en quien más los protege, dejan en las aceras abiertos sus cadáveres, pero se acuerdan pronto, los lavan y los secan.

Sobre quien más les ama clavan su olvido.

A fuego.



ueceloy / noviembre de 2009

jueves, 5 de noviembre de 2009

0 Teatro hiperbreve y 20. Epílogo

Con cierta tristeza donde se me acumula estar pasando unos momentos poco afortunados, sobre todo en lo económico, tal vez producto de confundir amistad y dinero, o ambos, es decir que con el alma doliente y el bolsillo desnutrido, doy hoy por finalizado este ciclo de obritas que he llamado Teatro Hiperbreve.

Agradezco mucho tanto a críticas y críticos como a amigos y parabienes. Y no prometo continuación alguna, a no ser que la avalancha de peticiones, que me da que no, llegue a rebasar el pequeño vaso de mi resistencia. Vale.


20. EPÍLOGO
Para todos mis alumnos

EL HIJO

El escenario está vacío, sólo hay un cartel de carretera que anuncia –hacia la derecha- la leyenda “FIN DEL MUNDO 15” y al lado un pequeño mojón de piedra. Por ese mismo lado surge, mochila al hombro y comiendo un bocadillo, a paso cómodo, el hijo de la primera obra. Pasa al lado del cartel sin prestarle mucha importancia. Al llegar al otro lado se detiene bruscamente, esboza una sonrisa, se encoge de hombros y sin dejar de comer su bocadillo, sigue su camino.

No hay oscuridad.



Fin de Teatro Hiperbreve.


© Jesús Urceloy /1998-2009

viernes, 30 de octubre de 2009

2 Algunos poemas casi tristes 4

Un amor

para marisol

el cuenco de mis manos apretadas
es el lugar que ocupa mi tristeza

mis dos manos adultas que se pierden
en la niñez aromas ruidos noches
recuerdan las canciones que mi padre
cantaba sin saber que en esa voz
iba trazando mi memoria

pensar en estas manos agrupadas
grandes como el tamaño de mi cuerpo
nacidas junto a mí alto ancho y fuerte
y tan anchas también y tan adultas
me hacen dudar pensar si fui si existe
una agonía deseada
si sólo vine para recordarte
en un amor

tal vez de caminar junto a mi cuerpo
de coger cosas
se hicieron fuertes
tal vez de romper horas y bolígrafos
se hicieron disimuladamente fuertes
y amaron
lo que pudieron
lo que sabían
las horas los bolígrafos
la fruta los regalos infantiles
los libros y la música encerrada
los timbres y las puertas
la ternura

amaron
de una mujer
su abrazo

con su cadáver con su máscara
con su desnudo débil y su llanto
final
con su alegría

estas manos vivieron
en una ciudad vieja
en una casa pobre
en una habitación
una cama un armario una mesilla
y un poco sólo un poco
de cielo prometido

de aquel cielo imperfecto que pasaba
tras la persiana sucia por el patio

mis manos son ahora
su espalda el pelo suelto a golpe
de luz para volver durmiendo junto a ella
en un borde del suelo
a salvo de pisadas
a salvo del rencor
junto al lugar de su tristeza


Urceloy / 2009

miércoles, 28 de octubre de 2009

0 Teatro hiperbreve 19. Todos somos

Bueno, ya he llegado a la obrita penúltima. En este caso es un poco, muy poco, más larga que el resto. También es la menos, en principio, difícil de todas, y entronca directamente con un teatro más tradicional, no exento de ternura, lirismo, algo de ñoñez y su poco de mala leche. Todo a posta, of course.

19. Todos somos
Para Marisol Huerta y Julia García

La voz / Enrique Arribas / Lou de Brescia

La voz : Durante esta pequeña obra leeré las predisposiciones escénicas. La vida es bella, el globo funciona. El tren de Ampor reanuda su viaje tras la reparación de una pequeña avería. En un departamento duerme Enrique Arribas, que vuelve este verano a su pueblo, a sus gentes. El mecánico Lou de Brescia, agotado, con el mono sucio, entra con discreción en el departamento y sentado al lado de Enrique desenvuelve un bocadillo y descorcha una cerveza. Enrique se despierta y observa al mecánico que, con ambos pies apoyados en el asiento delantero, sólo está pendiente de su almuerzo.

Enrique Arribas: Disculpe... Yo a usted le conozco.
Lou de Brescia: Sorpréndame.

La voz : Oh, divino Enrique: ¿Qué te conmueve?¿Dónde su gracia?

Enrique Arribas: Usted es... Lou... ¡Lou de Brescia!
Lou de Brescia: No se lo voy a negar.

La voz : Sí, Enrique, no te engañas, es él. Que por fin sonríe, que parece renacer de las sombras, que en tus palabras va encontrando razones para seguir viviendo.

Enrique Arribas: ¡Lou de Brescia! Vaya casualidad. ¡Lou... ¡
Lou de Brescia: De Brescia, sí...

La voz : Ah, observa cómo respira, cómo en su pecho la sombra empequeñece, cómo rompe las ligaduras que han aturdido sus párpados, cómo alienta cuando te sonríe.

Enrique Arribas: ¡El poeta! No se lo van a creer. ¡El gran poeta! Dirán que miento.
Lou de Brescia: ¿Quiénes?
Enrique Arribas: Mis padres, mis hermanas, mi abuelo octogenario.
Lou de Brescia: Ya será menos.
Enrique Arribas: Mis amigos, los guardias, el cura, la alcaldesa, la Sociedad de Amigos del Deporte, las agricultoras, los ganaderos, el pueblo en suma.
Lou de Brescia: Me deja usted de una pieza. Me ha sorprendido de verdad...

La voz : Y Lou de Brescia, el gran Lou de Brescia detiene su comida, saca de su bolsa un libro y te pide el nombre y te dice mientras va escribiendo “Este libro, amigo Enrique, te lo dedico a ti, con tu voz, con tu gente. En el tren de Ampor, a tantos de tantos, del año...” Y firmará, y te lo hará entrega. La felicidad colma vuestros ojos, no sabéis qué decir, os miráis y sois uno. Y cerramos los ojos, apoyamos la cabeza en el asiento, el tren silba y no caen bombas. Lentamente, cae el telón, y mi voz, al fin, descansa.

miércoles, 21 de octubre de 2009

2 Teatro hiperbreve 18. Un caso real

De todas las obritas esta es la única que recrea un caso real. Narra una historia que mi tío Trifón contaba de su hermano Bartolomé, que la conoció por boca de su protagonista, hacia finales del 36, cuando fue redactor del Diario de Ávila y en España pasaba lo que pasaba. El tío Bartolomé tenía carnet de la CNT y cuando le tocó ser interrogado sustituyeron las hostias por aceite de ricino, que deja menos marcas. Del resto de la historia sé muy poco y no me apetece nada recordar.



18. Un caso real
A quienes corresponda

La secretaria / El torturador / El detenido

Bajo una lámpara de foco que cuelga del techo un hombre fornido, con la camisa arremangada golpea a otro, que está sentado y atado en una silla. El que golpea lo hace con parsimonia y sabiduría, procurando que los golpes hagan daño al detenido, pero no al extremo de que se desmaye. El preso está hecho un puro guiñapo y manchas rojas salpican su camisa. Se deben escuchar bien los golpes y los gemidos.Pasan unos minutos. Escuchamos una puerta abrirse y aparece una secretaria, vestida de funcionaria, con un cartapacio.

La secretaria: ¿Ricardo Esteban?

No espera a que el torturador responda. Saca del cartapacio un sobre y se lo entrega. Señalando un punto de la carpeta dice:

La secretaria: Firme aquí.

El torturador busca entre sus ropas un bolígrafo, que no encuentra. La secretaria con un gesto le indica que ella tampoco tiene. Ambos están nerviosos. El detenido, que ha contemplado la escena, carraspea y dice:

El detenido: Yo tengo un bolígrafo. Aquí, en la camisa.
El torturador: (Tomándolo, con alivio y sincero agradecimiento.) Muchas gracias.

Firma el documento. La secretaria se va, la puerta se cierra. El torturador rasga el sobre, extrae un papel y lo lee. Esboza una gran sonrisa. Incluso ríe con sinceridad. Tras volver a colocar el bolígrafo en la camisa del detenido, se dirige a éste.

El torturador: Un poquito más y terminamos.

Sigue la paliza un par de minutos. Luego se hace oscuro.

martes, 20 de octubre de 2009

0 Algunos poemas casi tristes 3

San Anselmo de Canterbury es reprendido por sus superiores por recitar salmos en voz baja. Madrigal.

Dentro de este poema
viento de sed, salitre y no gemido
un verso a media vida se ha escondido.

Si en su cadencia loca
tu ritmo ha de brillar claro y sonoro
no dejes que ese coro
de necios te silencien por la boca.

Como el viento en la roca
dentro de este poema
la voz susurra y a su tiempo quema.

urceloy / octubre de 2009

miércoles, 14 de octubre de 2009

1 Teatro hiperbreve 17. El lobo escenario

Desde hace cinco años sucede siempre lo mismo, practicamente sin variaciones. Me voy a Asturias el puente del Pilar y al volver, justo el último día agarro un trancazo descomunal que me deja baldado unos días. Esta vez, afortunadamente no ha sido una bronquitis, sino un catarrazo estupendo que yo sé muy bien quién me lo ha pasado, ya que se tarda un par de días en gestarlo, y la persona en cuestión, que la verdad es muy maja y la quiero mucho, no por ello cuando tose lo hace a bocajarro, sin miramientos, sin poner barreras -quiza un pañuelo, la mano, girar el rostro.

A consecuencia ayer no pude dar clase, y menos mal que el bueno de Antonio Rómar, que es un santo varón, me auxilió con la elegancia y presteza que le son habituales y en las que me enorgullezco ser su amigo. Gracias.

Ahora, aprovechando que van a dar las ocho y me toca otro sobrecito de Algidol recuerdo que casi me olvido de poner la obrilla de los miércoles. Así pues allá va. Besos metafóricos a todos.


17. El lobo escenario
Para Antonio Rómar y Jesús Cuesta

La persona

Se hace la luz y muestra un escenario vacío. Se escuchan voces de una persona que juega con un perro, aunque en ningún momento el perro saldrá a escena. Juega la persona a lanzarle cosas al animal, que jadea, contento. La persona también jadea. Dice frases como “Toma, bonito”, “Venga”, “Muy bien, muy bien”, “Vamos” y toda suerte de expresiones parecidas. En un momento determinado un filete de grandes dimensiones vuela y cae al escenario. La persona sale a escena, pide disculpas al público, echándole la culpa al perro, recoge el filete de manera que se vean claramente sus dimensiones extraordinarias, y vuelve a marcharse. Se repiten la misma suerte de jadeos y voces hasta que, volando, aterriza en escena estrepitosamente un hueso gigantesco. La persona vuelve a salir, pide disculpas, recoge el hueso y vuelve a marcharse. Siguen los juegos a los que ya nos tienen acostumbrados. Aparece en escena, rebotando con parsimonia, una pelota hinchable muy grande, tan enorme que, la persona cuando vuelva a escena e intente cogerla, no pueda. Al final resolverá quitarle el tapón y deshincharla. Al salir de escena se vuelven a escuchar los jadeos, pero sólo de la persona, que insiste a que el animal le obedezca. De repente sonará un rugido terrible, estremecedor, lovecraftiano seguido de un silencio intensísimo. Oscuridad.

miércoles, 7 de octubre de 2009

2 Teatro hiperbreve 16. Los que sufren

Para alegría de muchos y reclamo de irredentos comunico al personal adyacente que hoy he terminado de escribir las 20 obrilllas que me había propuesto. Así a las 14 originales he añadido 6 nuevas, y de aquellas 14 he corregido, añadido, o reescrito la mayoría. Una vez que cuelgue la nº 20 y última con toda probabilidad me presentaré a algún premio de teatro, y si no pasa nada, pediré colaboración voluntaria para leerlas en algún sitio en acto ceremonial, tras el cual, y después de borrarlas de internet y de mi ordenador, quemaré todos los originales y todas las copias en pira comunal con ron añejo. A no ser que a alguien se le ocurra algo mejor. Ahora toca la 16.


16. Los que sufren
A los que alientan.

A / B

Dos hombres sentados cara a cara ante una mesa. Se miran, se valoran, se calibran. Uno de ellos se pone en pie, se quita la chaqueta, la corbata, la camisa y a pecho descubierto increpa a su oponente.

A: ¡Yo también he amado!

A continuación se sube a la silla, de ahí a la mesa, y en posición firmes, mirando al público, espera con gesto pétreo. El otro ha observado todos los movimientos con timidez. Contempla a su contrario, se alza, se quita zapatos, calcetines y pantalones, e imitando al otro sube hasta su altura. Al principio sin convicción pero finalmente con ansiedad abraza al otro y apoyando su cabeza en su hombro, llora.

A: ¿Qué haces ahora?.
B: Llorar, ¿No lo ves?

El primero acaricia los cabellos del segundo, con dulzura levanta su cabeza y delicadamente deposita un beso en sus labios. A continuación baja de la mesa, se viste con rapidez y sale de escena atravesando el patio de butacas. El otro, después, bajará, sentándose, buscando en sus pantalones caídos un cigarrillo que encenderá y fumará echándose hacia atrás.

Tras varias inhalaciones repentinamente comienza a toser. Intenta calmarse pero no puede, se golpea el pecho, tose, tose, tose, tose con insistencia, como si fuera a morirse de un momento a otro. Grita, con un inmenso dolor, se marea.

En lo más violento de la escena se hace la OSCURIDAD.

lunes, 5 de octubre de 2009

3 Algunos poemas casi tristes 2

(El primer poema casi triste se publicó en mi otra página

http://nadienostocaloshuevos.blogspot.com/

pero a partir de ahora lo haré aquí)



Sobre un tema de Shakespeare

Después de haber cruzado el Neolítico
a nado un par de veces, el Walhala
subido a pulso, y aguantar sonriendo
veinte cargas de Tropas del Imperio
Galáctico. Después de en Normandía
esquivado dos balas, cada una
con el nombre del otro. Tras haber
resistido un invierno entre los polos
sin provisiones, sin amor. Bregar
olas de ochenta pies en Krakatoa
y habernos muerto, haber resucitado
en el último instante, cuando Custer
llegaba con el séptimo por fin.

Después de tantas cosas te llamé
para pedirte no sé qué: consuelo,
un aval, tu palabra: Mira, hermano,
se me lleva la usura la pensión,
ella no quiere verme, se me cierran
los libros en las manos: ya ni leo.
No tardo ni un segundo, no te inquietes.

Pero ha pasado el tiempo y los fantasmas
del silencio han cortado nuestras líneas.
Pienso en Shakespeare. Recuerdo algunos versos:
ha llegado el invierno a nuestros días.

urceloy / octubre de 2009

miércoles, 30 de septiembre de 2009

1 Teatro hiperbreve 15. Los que mienten

Alguien se me quejará, y con razón, que de un tiempo a esta parte sólo me dedico a editar mis obrillas de teatro hiperbreve. Por mucho que algunas las haya modificado y que otras sean nuevas, debo confesar que en breve plazo acabaré con todas y que después habré de ingeniármelas para no caer en repeticiones y desencantos.

Ando este mes de septiembre de bote en bote y con las preocupaciones naturales de los que vivimos un poco a salto de mata, sin contratos fijos, aceptando casi cualquier oferta, bolo, clase o escritura y rogando que todo salga, no necesariamente a lo grande, sino que salga. Amén, algunas de mis muelas han dicho basta y llevo el mes entero y lo que resta con una maja chica que se ha empeñado, para mi bien, en meterme en la boca agujas, pernos, cinceles y sierras. Yo cierro los ojos y me dejo hacer. Cuando me duele levanto el brazo izquierdo, entonces miro a sus ojos y se lo perdono todo.


15. Los que mienten
A los que ignoran

A / B / C

Tres personas, da lo mismo de qué sexo. Tres personas vestidas con una capa. Con una capa, faldón corto, sin zapatos, con espuelas. Tres personas arrogantes, fieras, tristes y estatuarias. Una porta lanza aguda, otra escudo pintado, la tercera máscara terrible. La misma postura, los mismos movimientos.

A: Este es el campo de batalla.
B: Aquí enterraré unas picas.
C: En esta curva emplazaré un cañón.
A: Aquí cavarán las fosas.

(Pausa)

B: Yo nunca estuve aquí.
C: Muriendo mano a mano.
A: Con un verso en la boca.

(Pausa)

B: ¿Véis aquel pájaro? Parece un hombre.
C: Ha caído lejos.
A: Mirad, de entre la tierra sobresale una mano.
B: Démosle limosna.
C: Démosle de comer.

Oscuridad.

viernes, 25 de septiembre de 2009

1 Teatro hiperbreve 14. Los que lloran

14. Los que lloran
A los que dudan

LA MUJER

Vestida con sólo un camisón, sentada en el suelo, cara a cara contra el público. A su lado tres cintas de satén negro.

Atándose los tobillos con una de las cintas.

LA MUJER: A menudo estas cosas son así.

Con otra de las cintas anuda sus muñecas.

LA MUJER: Esta parte es algo complicada, todo es acostumbrarse.

Con la tercera de las cintas se venda los ojos.

LA MUJER: Y esta es más fácil de lo que parece.

Se tiende en el suelo boca arriba intentando cogerse con las manos los tobillos. Cuando lo consigue, dice, entre risas:

LA MUJER: ¿Hay todavía alguien ahí?

Se alternan periodos de oscuridad y claridad intermitentes, no demasiado rápidos, mientras la mujer, con lentitud, realiza el acto de desatarse. Al final, en pie, lanza las cintas al patio de butacas.

LA MUJER: Es todo tan sencillo.

Una pena inmensa se adueña de la mujer, que llora. Del techo surge una cuerda. La mujer tira de ella y se apaga la luz.

1 Pornomanía del yo 6

Ha llegado septiembre con sus aceros y sus lazos en punta. Ha llegado septiembre y comienzan las rebajas en el corazón, y uno, poeta sobre todas las cosas se tiende bajo el naranjo a ver pasar la vida, tal vez con miedo a que todo salga mal y mi padre, vestido de fantasma, vivo en mis sueños, venga a consolarme, a decirme nada ocurre todo va bien.



miércoles, 16 de septiembre de 2009

3 Teatro hiperbreve 13. Los que duermen

Los que duermen

A los que viven

A / B

Dos personas. Sala de estar. En pie, mirando por una ventana pero sin asomarse a ella, A. Sentada en un sillón antiguo, reclinada la cabeza, muerta, B. La ventana es el público. No hay tensión en los diálogos: soledad.

A: Despertaste más triste esta mañana.
B: Ella murió hacia octubre.

(Pausa)

A: Mirabas a lo lejos.
B: Mirabas siempre al sur.

(Pausa)

A: Levantarse, vivir, tender la ropa.
B: Vestirse de hombre.

(Pausa)

A: Pasear hasta su tumba y pedirle perdón por no haber muerto antes.
B: Era octubre.

A se aleja hasta una radio oculta, suena una música indiferente, se acerca a la ventana, apoya sus manos en el alféizar, oscurece.

domingo, 13 de septiembre de 2009

1 FISIOLOGÍA NEOCONJETURAL Y OROGRÁFICA DE ASTURIAS 1

1. Playa de Barro

Para Carlos Huerta, con mi cariño.


tres mujeres
de diversa edad y de la misma familia se sumergen en el agua dos varones con tripilla incipiente juegan a la pelota una familia con acento alemán se tuesta al sol una familia con acento francés ya se ha tostado una familia con acento catalán triunfa en el izado de sombrilla una familia con acento vasco habla en correctísimo español una familia con acento gallego se marcha al chiringuito una familia con acento andaluz descubre que en la playa hay rocas una familia asturiana coge el coche y se va a comer a casa lo mismo sucede con otras doscientas trece familias asturianas
es
ca
lo
na
da
men
te entre las catorce y las diecisiete horas
al
fondo a media
distancia entre el horizonte y la playa
un bulto sospechoso de blanco
y
rojo
se agita
entre las olas
sube
y
baja sube
y
baja sube baja será una
boya
algunos
bañistas aseveran que el agua está fría que hay algo de resaca podemos contar más de cien personas con el agua a la altura del esófago presumiblemente unas diez con el agua al cuello
alguno no hace pie
sabe nadar
eso es sano
rea
ma
la
be
su
el bulto lejano debe ser tiene que ser es una boya
Qué hambre un tinto de verano camarero
aquí no se ahoga nadie, habrá que irse.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

1 Teatro hiperbreve 12. Los que callan

12. Los que callan

A los que aman

A / B

Oscuridad total. Un redoble de tambores, seco y fuerte, anuncia cercano una ejecución. Silencio: prolongado. Sobreviene una descarga de fusilería. Silencio. Pasos. Dos tiros, tristísimos, de gracia. Pasos. Silencio. Una luz repentina deja ver dos cuerpos en un poste, que cuelgan en difícil postura. Ojos vendados Sus manos, atadas a la espalda al madero, no les han dejado caer del todo.

Siempre y sin hacer un sólo movimiento.

A: ¿Se fueron ya?.
B: No les oigo. Sí. Ya se fueron.
A: ¿Te queda tabaco?.
B: Me lo quitaron. No tienen corazón.
A: Soñé que me abrazabas: que habíamos vencido.
B: Tu piel estaba fría.
A: Ahora no.
B: Sabes que te he querido siempre.
A: No debe quedar mucho.
B: ¡Qué temprano amanece!
A: Será mejor marcharnos.
B: Sí, vámonos.
A: Vámonos.
B: Sin ruido.
A: Sí, sin ruido...

Estáticos, los cuerpos son acariciados por un sol naciente. Lejano, muy lejano, un piano esboza un sol. Al apagarse la nota, Oscuridad.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

2 Teatro Hiperbreve 11. Daños colaterales

En Asturias, estas vacaciones, escribí esta obrita nueva, y se la dedico a quien me la inspiró, sin saberlo. A ver qué tal.


Daños colaterales

Para José María Sulleiro


LA MUJER / EL LABRIEGO / EL HOMBRE

De fondo, muy lejano, suena un cañoneo intermitente, como si se librase una batalla. En escena una MUJER campesina sentada sobre un canasto borda una cinta oscura en un sombrero de tela blanco, de alas grandes. A su lado un LABRIEGO cava un barbecho con una azada. En esto aparece en escena un HOMBRE de pelo ralo y barbas blancas, vestido de ciudad. Lleva entre sus labios una pipa apagada.

MUJER: Hoy tampoco lloverá.
LABRIEGO: Para lo que hace falta...
MUJER: (Acabando su labor ofrece el sombrero al recién llegado) Aquí tiene su sombrero.
HOMBRE: (Observándolo con detenimiento.) Ha quedado muy bien. (Se pone su sombrero y observa al labrador.) ¿No es muy profundo ese barbecho?
LABRIEGO: Para lo que ha de servir...
MUJER: Es por matar el tiempo.
HOMBRE: Ya.

El LABRIEGO detiene su trabajo, deja la azada, y se incorpora con dificultad, quejándose mientras se levanta. La mujer le alcanza una bota de vino, de la que beberán primero el LABRIEGO y después de ofrecérsela, el HOMBRE. Cuando a su vez este le ofrezca la bota a la mujer, ésta se limitará a colocarla en su regazo. El HOMBRE señala la azada y dice.

HOMBRE: ¿Puedo?
LABRIEGO: Coja, coja...
MUJER: Para lo que ha de aprovechar...

El HOMBRE cava. Al poco se detiene, y sin incorporarse dice.

HOMBRE: Es duro esto.
MUJER: Sí.

El cañoneo lejano, que no ha dejado de sonar, parece hacerse más claro y cercano. De repente se hace la oscuridad.


urceloy 2009

domingo, 30 de agosto de 2009

0 Tratado de urcelologia 15

Busca a gatas al bueno y te morderá en las pantorrillas.

Gano más cuando dormito que cuando duermo.

Grita tu amor y te llamarán loco.

Ilumina más la punta de un cigarrillo encendido que el fuego en la boca del columnista.

Imita al sabio hasta que reviente.

Jamás le niegues al necio la hostia que se merece.

Juégate la vida a una sola carta y protesta salga lo que salga.

Van los ríos tan cargaditos de mierda que es un gusto cagar en la orilla.

Vuelve antes de haberte ido.

Ya que todo es una mierda póngame otra copa de bilis, camarero.

¿Lameculos yo? Anda y bájate los pantalones de nuevo.

Una propuesta también puede ser una carta blanca al poder.

Muchos aguantamos muy bien las ganas de trabajar.

Antes de la trompeta hay que saber tocar el pito.

En el Vaticano se perfuman con Christian Dios.

No construyas las escaleras de tu cadalso.

Bajo las montañas te buscará el oso.

Goza todo lo que puedas de ti mismo.

Cada día presumo menos de lo que nunca supe.

viernes, 28 de agosto de 2009

1 Las intrépidas aventuras de un poeta en vacaciones (última entrega)

Miércoles 19 de Agosto

Otro bonito día lleno de colorines en el mundo de Pin y Pon. Mañanitas floridas del buen agosto. Horticultura y jardín. Ten cuidadito con lo que dices, conejito. Las abejas pican, las avispas pican, los mosquitos pican, aquí vienen ¿cómo están ustedes? En la siguiente viñeta observamos cómo Peter Pan vuela hacia el mundo de Nunca Jamás. Ten cuidado, capitán, mi capitán. Las fotos de los viejos cadetes esperan la carga de la brigada ligera y Takamusha, el sabio eremita de las montañas, desconoce los latidos de las sirenas. Dale tomate, que nos vamos a otra playita preciosa, pitiminí y aventura, a conocer a los otros Huerta, a los Superhuerta, a los Maxihuerta, pobladores del orbe, príncipes, ingenieros, catedráticos, buena gente donde las haya, lontananza y abrigo, consuelo y organización. Y qué te han hecho los Huertas, digo yo. Sol, en este establecimiento no hay agua con gas, la cerveza sin alcohol está caliente, tómese un nestea y deje de molestar, gordinflón, si quiere le pongo un hielito y una rajita de limón, es un euro cincuenta, ahora váyase, métase en las duchas, tírese al mar, nadie le va a echar en falta capitán, mi capitán. Hala, vámonos a casita tralará larita, donde el manzano apunta al cielo y las estrellas son de verdad.


Jueves 20 de Agosto

Noticias llegadas de Madrid aseguran que la ola de calor les está achicharrando y que la diferencia entre las cuevas de Pedro Botero y la noche, es sustancial y mínima. Aquí, sin embargo llueve desde primeras horas de la mañana y sigue lloviendo. La ola de moscas se intensifica dentro de las casas y se ponen pesadas a más no poder, de tal manera que es mejor estar en la calle empapándose que dentro del restaurante comiendo. No todo es felicidad y donosura, y todo placer tiene su pequeño dolor. Al atardecer nos vamos a Llanes. Toca la OSPA (Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias) en la iglesia de Sta. María. Pese a que llueve a cántaros el recinto se llena. Obras de Mozart (Obertura de Las bodas de Fígaro), Grieg (suite nº1 de Peer Gynt), Suppé (Obertura Caballería Ligera), Chaikovski (Polonesa de Eugenio Oneguin) y Strauss (Vals Sangre Vienesa). Un programa poco exigente y de relumbrón, pero interesante, qué porras. Pese a que observo a varias familias con bebés y otros niños, no dan la nota. Sólo una señora se arranca a la percusión de abanico solista con Suppé pero al ver que de repente la obra varía y lo que ella sabe no es lo que se toca, siente que está haciendo el ridículo y se calla. La verdad sea dicha que suena la orquesta muy bien, y que su sección de cuerdas es muy buena, teniendo en cuenta que han debido venir la mitad de los músicos, más o menos. Como aplaudimos mucho nos dan una propina con un tema popular asturiano orquestado por el clarinete solista la mar de interesante, la pieza. Seguimos aplaudiendo y nos repiten En la cueva del Rey de las montañas, que es la última pieza de la suite de Grieg, y como insistimos, acabamos con la Caballería Ligera y salimos al trote de la basílica. Como creo que nos hemos portado bien nos vamos al Bodegón, quizá la sidrería más famosa de Llanes y nos tomamos unas gambas, unos bocartes y una ensalada de bogavantes. Volvemos a casa y nos quedamos sopa delante de un bodrio con Connery y la Zetajones.


Viernes 21 de Agosto

Calma chicha en el mar del norte. Mañana con alternancia de nubes y claros, alguna lluvia tonta, como siempre. Comida general de rancho en casa. Una parte importante de la tripulación anda amotinada por la idea del contramaestre de partir al interior en busca de una cueva algo escondida y de peor acceso. Al final vence su criterio y allá que parten bien pertrechados con una cuerda de tender la ropa y una linterna que a veces se apaga. Cuando ya se han ido recordamos que por la zona de la cueva no hay cobertura. Si no regresan a eso de las siete llamaremos a la Guardia Civil. La expedición regresa antes de las seis. Terreno embarrado, húmedo y resbaladizo. Posibilidades de éxito del fracaso cercanas al cien por cien. Tarde dedicada al bricolaje y a hacer la compra. La línea de flotación sigue bien.


Sábado 22 de Agosto

Marisol hizo un cocido de vértigo. Nos pusimos hasta el mástil de la bandera de señales. A la tarde noche llegaron un buen puñao de danzarines de diversos puntos peninsulares con guitarras y gaitas, castañuelas, flautas y tamboriles y hala, a bailar tres horas. Por lo demás yo estuve de lo más aburrido y pasota. Para darme a comer aparte. O casi. Leí mucho, eso sí y me dormí una maravillosa siesta.


Domingo 23 de Agosto

Por la mañana me terminé El perro de terracota, de Camillieri –ya he decidido leerme completa y por orden la serie del comisario Montalbano. Excelente. Del resto del día, lo mejor la cena en el hotel María Manuela: Ensalada abundante, bacalao fresquísimo y en su punto, bebida, café y una tarta de queso casera buena de verdad. 30 euros propina incluida dos personas. Mañana se proyecta, si el tiempo acompaña, subidita a patita a los Lagos de Covadonga.


Lunes 24 de Agosto

Hay dos maneras de llegar a los lagos de Covadonga. Una: carretera adelante hasta el santuario y allí coges el autobús (6 euros, ida y vuelta) que te sube a los lagos, ya que en verano –afán recaudatorio- está prohibido el acceso en vehículos particulares. Otra: meterse entre pecho y espalda siete kilómetros de caminos de monte con el coche hasta un remoto lugar llamado Camba y luego dos horitas, más o menos, de darle a la bota trochas y andurriales arriba (y lo mismo de vuelta). Afortunadamente está lloviendo y nos vamos a Gijón. Como ya está claro que en Asturias se come de puta madre paso de repetir el menú. Luego paseito de ida y vuelta por la playa de San Lorenzo que me recuerda al paseo de Las Palmas de Gran Canaria, visita a la ciudad vieja, compras diversas, cafés y muy bien, la verdad. La gente de estos sitios es amabilísima. En la librería Paradiso, que es de las más antiguas del lugar, encuentro para mi sorpresa un ejemplar de mi primer libro de poemas, nuevecito, en la sección de ofertas (3 euros) que me compro, ya que sólo me quedaba un volumen. También encontramos un ejemplar del Justine de Durrel, en primera edición y otro antiguo, de cuentos de Cervantes, que le hará ilusión a Luis Alberto cuando se lo regalemos, seguro. Parece que mañana quieren subir a los lagos esos. No sé qué haré.


Martes 25 de Agosto

Como buen cobarde que se precie decido no abandonar la nave y ver cómo el resto de la tripulación al completo se marcha montaña arriba. Parte de la misma asegura que será acción infructuosa pues aunque el día amaneció soleado divísanse brumas y nieblas en lontananza, pero el que los capitanea dice no se qué de gaitas templadas y parten en decidida formación a la conquista lacustre. En la soledad de mis reales aprovecho para vestirme con total parsimonia, acicalarme con lentitud propia de galápago y sentarme ante el ordenador para escribirle a Pochi, el hijo mayor de Alfonso y Clara, un cuento que ha le tengo prometido y ya soñado, pues no me gusta escribir nada que no haya soñado previamente. Hacia las dos recibo llamada de Antonio Rómar desde Madrid, lo que me congratula y mantenemos animada conversación. Un poco más tarde recibo llamada de Marisol anunciándome el fracaso absoluto de la expedición y que retornan al hogar debido a las temerosas inclemencias del tiempo, que amenazan empape irredento e inmediato. Aprovecho para acabar el cuento, que no me parece malo.

La comida bien, la siesta espléndida. Pequeño paseito posterior. Lo demás es repetirse.


Miércoles 26 de Agosto

Vamos a la playa calienta el sol chivirivirí poropopó. Olas. Surfistas. Algas para todos. A las tres al Buxu a comer, en el pueblecito llamado Niembro. Caro. Pero inmejorable. Rey (como una palometa roja) y Baixu (como el rape) a la plancha con aceite, ajo y limón, pescados cuatro horitas antes. Antes nos comimos una nécora para entretener la espera. Y para salir una tarta de queso y nueces de vértigo. 62 euros bien invertidos. Luego otra vez playa, unos se bañan, otros se toman un cafelito y se leen el periódico. De vuelta a casa, duchita y a ver a los primos de Marisol en su casita de dosmil habitaciones, luego nos iremos de cena y a tomar unas copas. Como no conozco a nadie me entretengo con el perro y me lo paso en grande: nos hacemos muy amigos y le prometo hacerle una visita en cuanto pueda.


Jueves 27 de Agosto

No logro encontrar mi pantalón bermudas preferido a cuadritos ingleses que tanto odia Marisol. Al final deduzco que me lo han hecho desaparecer. A las 12:30 salimos hacia Madrid. Nos llevamos el conejo. Ruta:

1. Carretera de Benia de Onís a Panes. Mucha curva y mucho precipicio con premio: entre los picos aparece, majestuoso el Naranjo de Bulnes. Impresiona. Dan ganas de no subirlo. No lo hacemos.
2. Autopista de Panes hasta Aguilar de Campoo. La ciudad de las galletas. En cualquier rincón huele a galletas. En la gasolinera también. El Pisuerga pasa por Aguilar para oler a galletas. Entramos a comer en un restaurante de la hosti tú: Gore Etxea se llama. Y la paella que hacen es de las de llorar: Por plato: cinco gambones, dos carabineros, una cigala, dos buenos trozos de calamar, unas veinte almejas y diez o doce trozos de rapé, ajo, pimiento rojo y ¡esto es lo increíble! arroz por debajo. Después me salto el régimen ante una torrija de las de bailarle un zorcico a la cocinera. Vino, café y a seguir llorando hasta Madrid. Nos dan una zanahoria para el conejo.
3. Autopista de Aguilar de Campoo a Madrid. Con parada en un pueblo que no recuerdo ahora para tomar un refresco, cerca de Aoslos, ya en provincia matritense, que dan ambos para hacer un chiste. Malo.
4. Llegada a Tirso de Molina a eso de las siete y media. 35 grados de mierda. Estoy por volverme a Asturias.

Se acabó el diario.

PS: El conejo, bien.


Jesús Urceloy / a 28 de agosto de 2009

miércoles, 19 de agosto de 2009

0 Las intrépidas aventuras de un poeta en vacaciones (tercera entrega)

Domingo 9 de Agosto

Actualizo un blog. Luego el otro. Escribo un cuento corto. Muy corto. Llamo a Julia. No responde. Y así hasta que me canso. A la mierda.

A las siete de la mañana la pierna no me deja dormir. Bajo a la cocina. Dos aspirinas. Dos cigarros. Un capítulo de cualquier libro. Se me pasa el dolor. Vuelvo a la cama.


Lunes 10 de Agosto

Me levanto a las doce. Día de playa. Nublado. Frío. A las siete a casa. Café y copita de anís en el pub que puso Uri Geller en Posada: todas las cucharillas torcidas. Pierdo mi gorra blanca de jugador de golf.


Martes 11 de Agosto

Llegan Sulle, Alicia y Nana. Comemos por ahí. Muchas historias, muchas risas. Gracias a Marisol iniciamos una estupenda Guía Estupenda del Oriente de Asturias. Posada. Niembro. Gamoneo. Mestas de Con. El Cerezo. La Robellada. Etc. Recupero, gracias a esas dotes naturales propias de mi idiosincrasia, mi gorra blanca: la llevaba en la bolsa.


Miércoles 12 de Agosto

Un sol estupendo inicia la Fiesta de los Años 20 en Benia. Los habitantes se disfrazan como en aquellos años, montan un mercado en todo el pueblo, y a vivir y ver. Me encuentro con Alfonso, un buen amigo de mis tiempos de vigilante del Parque de Santander, que se ha comprado casa en el Alto de Ortiguero, aquí cerca. Nos lo pasamos bien. Luego a la Playa de Barro. Bañito de las nenas y cañitas de los nenes. Más tarde a Llanes, que es como el Corte Inglés pero en plena calle un domingo de rebajas. Sulle intenta el suicido a cañón, pero ni yo consigo meter bien la bala ni Marisol prender la mecha. Vemos el puerto, la bocana, los cubos de Ibarrola, el Sablón y a cenar pescadito a Ribadesella.


Jueves 13 de Agosto

Una pareja de la Guardia Civil nos detiene en plena plaza. A mi por poeta con el agravante de sonetista, y a Sulle por sospechoso, directamente. Queda testimoniado el suceso en diversas fotografías. Aclarado el entuerto las autoridades nos sueltan previa admonición a la que prometemos obediencia. Comemos en San Martín, luego vamos a Abamia, donde un cadáver del cementerio se empeña en quedarse las gafas de sol de Sulle. Por raro que parezca volvemos a salir indemnes y partimos a Cangas de Onís. Subimos al puente romano e intentamos tirar desde lo alto a un gaitero pesadito, pero inexplicablemente se resiste y no lo conseguimos. Nos echan de un bar al aire libre porque queremos tomarnos sólo unas cañas, cosa que hacemos unos metros más adelante en otro. No entendemos por qué, ni lo uno ni lo otro. Volvemos a Benia y nos encontramos a Belén y Alfonso, hermanos de Marisol y sus familias respectivas. Nos vamos a cenar a Moreno, un restaurante-bar-cafetería de Benia. Setas al queso de Gamoneo, ensalada variada, probe (una especie de morcilla exquisita, mejor aún que la de Burgos), picadillo casero, algo fuerte, frisuelos al chocolate y una tarta de queso merecedora cuanto menos de un madrigal. Vino, casera y agua. Y a dormir, con jarra de Almax en la mesilla, por si acaso.


Viernes 14 de Agosto

Paz (la rica del pueblo) nos enseña su casa museo, mausoleo, acrópolis, o lo que sea. Producto de ello Sulle, Alicia y Nana salen escopetados hacia Madrid. Yo logro sobrevivir gracias a que me quedé en la puerta a fumar un par de cajetillas de tabaco mientras esperaba a que salieran. Por la tarde nos vamos con unos primos de Marisol a Oviedo a ver, en el Teatro Campoamor la zarzuela chipén La del manojo de Rosas, de Solozábal. Bien, a fin de cuentas. Luego nos vamos a la calle Gascona, que es como un parque temático dedicado a la sidra, lleno de bares y restaurantes donde a la mínima que levantas una mano, en el ademán de rascarte una oreja, llega un individuo con una botella, se la pone a una altura de tres palmos de su occipucio y deja caer un chorro de la misma que cae en un vaso grandote que, previamente ha dispuesto a dos milímetros del suelo con la otra mano. Nada más caer un poco de líquido te ofrece el vaso, que denomina “un culín” y que te lo tienes que beber de un trago hasta el final. Este rito se repite de continuo durante todo el tiempo que uno permanece sentado en una de las mesas con la sana intención de que, al levantarte de la misma, bien por tus fuerzas o por las de los chicos de Urgencias, hayas agarrado una cogorza de consideración. Para paliar en lo posible los efectos antes descritos acompañamos el citado ritual con la ingesta de algunos productos culinarios de la zona: Pollo al ajillo, parrochas, chipirones, probe, croquetas y patatas a tres salsas. Volviendo a Benia, que los de allí llaman Onís, fundamentalmente para joder a los de Cangas y de paso a toda la población del resto de España, por la carretera del interior la altura de Arriondas nos detiene la Guardia de Tráfico para hacerle soplar a Marisol en un aparatito que mide su grado de alcohol sanguíneo. Cero patatero, pueden seguir el viaje. Moraleja: por la autopista se llega antes.


Sábado 15 de Agosto

Fiesta grande en Benia de Onís. Llega la banda de gaiteros de Oviedo, que son un porrón entre figurantes, gente de gaita, tamborileros –mayoría de mujeres- vestidos de asturianos, en azul y negro. Y hale, a darle a la musiquilla. Imposible no estar despierto. Tanto, que cuando me quiero dar cuenta me he quedado solo en casa, y eso que somos más de quince sin contar al conejo. Me bajo a la plaza a comprar tabaco y el periódico, y luego me tomo una cervecita, como un señor, en una mesita, a la sombra. Y a ver pasar gente disfrazada de lo propio. Siguen siendo mayoría mujeres.

Quedamos a comer los quince, sin conejo, en un praín (prado pequeño) con restaurante que hay en San Martín, a las 15:30. Media hora más tarde, con puntualidad espartana, aparecemos todos. Hace un calor de derretirse. Pero a eso de las cinco y poco las nubes, esas estupendas aliadas, descargan una bendita lluvia que mejora cualitativamente el ambiente. Nos vamos a casita. Siestón del copón.

Luego, a cenar a El Cerezo unos huevos con patatas y cecina de León mientras el resto de la familia, trece sin el conejo, se va a ver el fútbol y a comerse unas pizzas. Como son las fiestas en el campo junto a la iglesia y han venido un par de grupos de los de toda la vida nos vamos a ver –cervecita en ristre- cómo otros bailan pasodobles, cumbias, salsas, rancheras... Alfonso y Marisol se arrancan y corren el riesgo de ser nombrados los reyes del mambo. Poco a poco, escalonadamente, vamos desapareciendo rumbo a casa. A eso de las cuatro de la mañana me da sed y bajo a la cocina. Desde el alfeizar de la ventana, Rocky, el conejo, me vigila.


Domingo 16 de Agosto

El mundo gira, pero es insuficiente. Sartre a los 70 años confiesa que sus compañeros de generación son una mierda, que la vida que le toca transcurrir, cada vez más ciego y sordo, es una mierda, que todo es una mierda. Y se arroja en los jóvenes brazos de los chicos que revolucionan el 68. Poco le importa que lo zarandeen, poco le importa que se defina mal, que su intelectualidad le juegue la mala pasada de soltar incoherencias de viejo baboso. Sus nietos le reciben con los brazos abiertos y él se siente joven: vuelve a escribir, a sentirse útil, vuelve a tener cuarenta años cuando se pone ante un escritorio. Bastaría quedarse a cinco metros cuadrados de uno mismo, sortear las calles, refugiarse en una cafetería, leer la prensa, dejar que los otros te ignoren, con el mismo respeto con que tu quisieras ignorarlos. El mundo no es insuficiente, sino uno mismo. No tengo solución. Todo lo que pudiera haber pasado hoy carece de importancia. No busques la soledad: siempre habrá alguien velando por tu fracaso.


Lunes 17 de Agosto

Cuaderno de bitácora. Nave estelar Superonís en viaje por la galaxia. Día 17200008.

Los integrantes de la nave abandonan la misma a temprana hora estelar hacia diversos planetas y estaciones de tránsito, unos al planeta Gijón, otros al planeta Oviedo, otros al asteroide Cangas. Unos pocos, enfermos o aburridos se quedan a bordo ocupados en diversas labores extrañas o de mantenimiento. Al final del día, escalonadamente, van regresando de sus respectivas misiones sin bajas aparentes. Como alguien no ha previsto que las especies predominantes del planeta Benia, que es donde estamos estacionados, son el conocido mosquito cabrón y la araña puñetera, y se ha dejado abiertas todas las puertas y claraboyas de la nave, sufro un ataque nocturno de las mismas, producto de lo cual me temo que amaneceré lleno de ronchones. Hala. A cagar a la Vía (Láctea).


Martes 18 de Agosto

Ya se sabe, como hace sol, a la playa. Y como pasa siempre, al llegar a la playa, nublado. Para desconocedores del asunto Oriente de Asturias, Benia está a 20 kilómetros mal contados hacia el interior y para llegar al mar hay que cruzar una cordillera, así pues si hay nubes a un lado es que el otro está soleado y viceversa. Aprovechando mi agilidad intrínseca y mis ganas de hacer pasar un rato divertido y amable a la concurrencia a poco de instalarme en mi sillita verde fosforito y de abrir el libro de Camillieri se vence el respaldo y quedo tumbado panza arriba, aprisionado por los posabrazos, como si fuera un galápago. Me agito y pido auxilio, pero como toda la playa se piensa que es una actuación sólo escucho risas. Incluso un individuo próximo se tapa con un periódico cada vez que giro la cabeza a su posición. A fuerza de deslizarme y llenarme de arena la espalda –qué asco- consigo al final incorporarme, saludo al personal y me largo. Tras la comida y tras echarme una incomodísima siesta en una silla de bar, también verde, nos vamos de vuelta a Benia. A partir de aquí la tarde noche se pone la mar de divertida y le salen dos estupendos rombos.

domingo, 9 de agosto de 2009

3 Las intrépidas aventuras de un poeta en vacaciones (segunda entrega)

Jueves 6 de Agosto

Después de los ejercicios matinales, las genuflexiones propias de pasar de un plano a otro y convertirse en bípedos, recitar versos paganos en otras latitudes llamados “bostezos” y tras los procesos que llevan a eso de las once de la mañana a adquirir raciocinio y verosimilitud, ambos términos de probada humanidad, partimos a Cangas de Onís, que está a quince kilómetros por la carretera del interior.

La ciudad anda, como siempre de bote en bote, como centro comercial y cruce de caminos que es. Conseguimos aparcar en breve, lo que indica que el día empieza bien. Después algunos recados. Sacar pasta del banco, comprar unas plantillas del 45 para los zapatitos que llevo, adquirir una pulserita que La voz de Asturias regala previo pago de dos euritos y entrega de cupón con los colores de la tierra, azul y amarillo, y hacer otras compras. Entre ellas está la adquisición de un recambio para mi Mont Blanc, que apareció esta mañana entre la ropa de la lavadora como nuevecita, pero con la punta desmochada. En cierta librería, papelería, quiosco de prensa y todo lo que te puedas imaginar relativo al papel y sus variantes, y con una dependienta dicharachera y parlanchina, de esas que te cuentan lo que sea con tal de pegar la hebra y que es divertidísima, la verdad, encuentro el dichoso recambio. Luego paseíto por la zona y una cañita sentados en la Avenida de Castilla, a ver circular a la plebe y echarle un ojo a El País.

Nos comemos en casa, ya de vuelta, un puré de puerros generoso, una ensalada de lechuga de la tierra, que es –no me canso de repetirlo- extraordinaria, y unos filetes de ternera comprados en la carnicería El Rubiu, que con poco que los metas en la sartén, no hace falta ni cortarlos con cuchillo. Asturias tiene una carne que sólo por probarla merece el viaje. Cuando vengáis por aquí hacedme caso, tomad nota. Es jugar sobre seguro. Y salvo algún gilipollas, que en eso no se salva región ni aldea, la gente es muy afectuosa y da gusto lo fácil que es entablar una conversación. Después del opíparo banquete nos vemos en la tele nueva un CD: El tercer hombre, esa obra maestra que firmó Carol Reed pero que todos sabemos que filmó realmente Orson Welles. Afuera, para acompañar, la lluvia cae con serenidad y holgura.

Nada más acabar la peli, con ese maravilloso y tristísimo final, llegan desde Madrid Carlos –hermano de Marisol- y su familia. Me traen mis botitas de siete leguas, mi cazadora vaquera y mi bastoncito de alpinista. Me disfrazo inmediatamente. Como Carlos es persona de grande valía para la república viene con su conexión USB para internet y aprovecho para actualizar mi página web. Para cenar me como los restos del bacalao con patatas de hace un par de días y otro filetito. Nos vemos una de Coppola que echan en la cuatro entre millones de anuncios y nos vamos a la cama después.

Antes de dormir me termino de leer –por tercera vez- La soledad del manager, de Manuel Vázquez Montalbán. Con seguridad, y para mi gusto, la mejor de todas las novelas de la serie Pepe Carvalho. Desde hace un mes más o menos me estoy releyendo esta serie de novelas, incluso creo que voy a iniciar un estudio como el que hice para Cátedra sobre Sherlock Holmes hace 5 años con el personaje de Carvalho. En el sueño me suceden cosas extrañas, pero eso mejor me lo cuento mañana.


Viernes 7 de Agosto


Invitado a un congreso literario me toca conversar con Luis Alberto de Cuenca, David Torres, Lord Dunsany, Walter Scott, un señor de barba que se parece a Echegaray pero que todos sabemos que es un impostor y un holograma de la actriz porno Michelle Bauer, sobre un manuscrito recién encontrado en Tolosa y redactado en portugués del Beato de Liébana. Luis Alberto, que abre la discusión, nos confiesa en voz muy queda que no se ha preparado el discurso y que en realidad no tiene ni puñetera idea sobre el tema y delega sobre David el asunto. David se levanta, carraspea, y comienza a hablar de toros. A todo esto el congreso se celebra en mitad de un prado. El público, que abarrota la escena, se ha disfrazado de vacas frisonas, pero nadie duda que es una estrategia para ponernos nerviosos, por lo que no perdemos la calma, salvo el holograma de Michelle Bauer, que a veces se transforma en un busto de Churchill y otras se parece a Millán Astray. Me toca el turno y aunque me defiendo bastante bien improvisando un poema en tetrástrofos monorrimos con los ojos cerrados, cuando los abro descubro que me balanceo al borde de las cataratas del Niágara y que el público, que ahora son todos monigotes de Charlot, desde la orilla canadiense, aplaude a rabiar. Yo no tengo el menor temor, es más, me lo paso en grande y aprovecho para disfrazarme de Búster Keaton y saludar al personal. De dos saltos me voy a la orilla estadounidense. Luis Alberto y David se ponen unos bermudas blancos y corren a abrazarme, mientras que el resto de ponentes se montan en un Ford T y se van. De repente suena el segundo movimiento de la Sinfonía Fantástica de Berlioz en una versión para banda de pueblo y nos ponemos a bailar. Entonces me despierto. Y me despierto de verdad.

El día amanece gris pero luminoso. Como todas las mañanas nos dedicamos a vivir sin aceleraciones. A eso de las dos y media hemos quedado con Elena y Alicia y Sulle para comer. Después de fracasar en varios restaurantes (Asturias está petada, pues mañana es el descenso del Sella y como llueve nadie se ha ido a la playa), conseguimos reservar en uno de Benia gracias a que Marisol conoce al dueño. Elena ha venido con Juan Carlos, uno de sus locos maravillosos, y una pareja de monitores, la mar de majos. Juan Carlos es un tipo estupendo, tiene 44 años. Hace cinco trabajaba de comercial, le encantaba conducir y preparaba su boda con su novia de toda la vida. Una trombosis brutal le hizo perder el control de su cuerpo, casi no habla, sus movimientos son impulsivos, recuerda quién fue, pero le es muy difícil recordar quién es ahora, casi no tiene memoria inmediata: a poco de fumarse un cigarrillo olvida que ha fumado y pide otro. Sólo sus ojos, de una inmensa alegría y de una tristeza inabarcable, delatan el hombre que aún lucha en su interior. Sólo el inmenso amor y cariño y respeto que Elena y esos dos chicos le ofrecen cada segundo, le hacen seguir viviendo. Él lo agradece como sabe, con su sonrisa, con su mirada. La dignidad de este hombre hace empequeñecerse a muchas de las personas que he conocido.

Después de comer Juan Carlos, Elena y sus compañeros –perdonad por no recordar vuestros nombres- , se vuelven al campamento y nos quedamos en Benia para enseñar un poco el pueblo a Sulle y Alicia (y a Nana, que está feliz corriendo y ladrando). Nos damos una vuelta por el campo, la iglesia, el cementerio (con un gallego al lado este acto es de obligado cumplimiento), el nuevo hotel (donde hacemos reserva para hacernos un circuito termal), la casa de Marisol, la casa rural donde dentro de unos días van a alojarse. Nana conoce a Rocky, el conejo inglés –casi no tiene orejas- marrón claro de Carlos hijo, sobrino de Marisol, y para ambos es una experiencia inolvidable y con toda probabilidad extraordinaria, dado el acojono y respeto que ambos bichos se profesan. Después nos vamos a Niembro, que es donde se encuentra una de las playas mas hermosas de Asturias: Torimbia. En toda la tarde el Sulle no para de hacer fotos. Cuando estamos a punto de irnos de repente aparece en el mirador de la playa Manuel, el hermano mayor del Sulle, y su familia, demostrando o que el mundo es tan pequeño como un ochavo, o que la capacidad de acoso y seguimiento de Manuel es, cuanto menos, irreprochable.

Dejamos a la pareja feliz bien encarrilados en la autopista hacia Gijón –Sulle ha comprendido que en Asturias el tom-tom carece de sentido- y nos volvemos, vía Posada, a Benia de Onís. Nos cenamos unos filetitos y una ensalada de envidia cochina, nos dormimos con una de Garcí que echan en la dos y esta vez sin remordimiento alguno nos vamos a la conquista del reino de Morfeo sin temor y con ánimos renovados.


Sábado 8 de Agosto

Como se me quejan por aquí de poner tanto nombre y ser tan tiquismiquis pues a joderse el personal, que yo soy el que lleva la burra y monta en ella quien a mi me pete y el que quiera ya puede pedirme conseja que ya veré si le alivio el viaje. Y allá me digan si esto o aquello y pónganse vuecencias al camino y luego me cuenten, que más o menos así se lo dijo Watson a Holmes, y este, cuando se vio en necesidad de contar por sí mismo sus aventuras bien se acordaba entonces de su amigo y cronista.

Así que ayer todo bien. Y lo más reseñable es que nos fuimos al monasterio de Bamia, que está aquí cerca, a ver si aún estaban los restos del Pelayo. Y sí que estaban sí, y si no los de sus parientes, todo calaveras y fémures y huesos y mandíbulas tirados por doquier, saliéndose de sus tumbas: todo un espectáculo. Yo estuve por traerme una calavera a casa, como hizo mi tío Manuel, que la tenía en su despacho y nos daba un miedo tremendo a los niños, y le había puesto en un cuévano una luz azul y en el otro una roja, y entre los maxilares le ponía un celtas corto, y apagaba las luces y pasábamos acojonados al cuarto y de repente se encendía una luz y luego la otra y así un rato, y con el cigarrillo puesto y el tío Manolo, que se escondía detrás de la mesa y decía con voz ronca latinajos, multus fluctus horríbilis tenebrarum y cosas por el estilo y salíamos pasillo adelante los cuatro sobrinos corriendo a grito pelado alborotando toda la casa y la tía María siempre igual no escarmentarás deja en paz a los niños que pareces uno de ellos pero que daba lo mismo porque a los chicos en el fondo aquello de la calavera las risas y los latines nos encantaba. Bueno, que no me la traje, y me dije si el Sulleiro hubiese venido, si hubiese venido... Ah, y tejos de pagana milenaria y mágica, y la puerta oeste, que aún se conserva pese a los diecisiete siglos que tiene encima, con unos fragmentos del Apocalipsis esculpidos, diablos, desenterrados, tíos arrastrados por los pelos al horno y otro metido en una cazuela mientras Pedro Botero le azuza las llamas debajo. Para verlo y no perder detalle.

Luego nos fuimos a Sirviella, a una sidrería de fama hoy venida un tanto a menos, que ya se sabe que el personal de todo se cansa y ya vendrán tiempos mejores: Tostu de huevo y picadillo, cabrito al horno con ensalada, frisuelos con crema de sidra, cerveza, pan y café, para dos treinta euros. A casa después, y la homérica Horizontes de grandeza o The big country en su original, Jean Simons, Gregory Peck, Charlton Heston y Burl Ives, que se llevó el oscar y la mejor frase de toda la historia del cine del oeste: Enséñele a su abuela a freír huevos.

jueves, 6 de agosto de 2009

1 Las intrépidas aventuras de un poeta en vacaciones 1

Bueno, amigos. Tras haberlo intentado en varias ocasiones al fin he logrado una conexión lenta pero conexión al fin y al cabo a internet. Aquí abajo os dejo lo prometido. Besos



Las intrépidas aventuras de un poeta en vacaciones (Entrega 1)



Viernes 31 de Julio

El taxista es un tío estupendo. A los diez minutos de salir dirección a la estación de Chamartín ya me ha enseñado varios artilugios que demuestran su capacidad irónica con el edil Gallardón, líder indiscutible de la verdad madrileña de la última década: una moneda con la efigie de Tutankamón –retrato probatorio de la antigüedad del alcalde-, y un espejo de dos caras con una inscripción en cada una, a saber: “No hay cambio para billetes mayores de 20 euros”y, al dorso, “No se cobra en carne”. Afortunadamente con un “je,je” concluyen sus habilidades retóricas y llegamos sanos y salvos a la estación de ferrocarril sin mayores contratiempos.

En la estación compruebo varios datos de mi capacidad viajera: Me he olvidado de pagar la factura del garaje, y eso que he cogido el taxi enfrente de la puerta del mismo; no he metido en la maleta las botas de montaña ni el bastón –absolutamente imprescindibles para caminar en Asturias- y tampoco he cogido el cargador del móvil. La factura puede esperar, las botas y el bastón vendrán vía Carlos, el eficiente hermano de Marisol, el día 6, y gracias a Antonio Rómar, que amén de ser un santo varón, se queda a cargo de mi casa; y el cargador, previo pago de 18 euritos, se puede adquirir en la tienda de telefonía de la estación. Bien.

El tren Alvia 4111 –ocupo la plaza 3C del vagón 5- sale puntual. Para en Valladolid, Palencia, León, Mieres, Oviedo y Gijón. Como bajaré en Oviedo tardará cuatro horas y media. A la altura de Palencia los tres hijos del matrimonio que ocupan los asientos delanteros, de aproximadamente 6, 8 y 12 años, comienzan a dar el coñazo a sus progenitores y a todo el vagón. Me traslado a la cafetería del convoy, donde, tras algún codazo, logro ingerir un bocadillo de jamón y queso y dos botellas de medio litro de agua con gas. Reconozco que el camarero, que tiene pinta de pijo de muestrario en prácticas, cumple bien su cometido. Leo El País, el ABC y sus suplementos. El Mundo se lo queda un señor con bigote y cara de estreñido y no lo devuelve. A la altura de Campomanes regreso a mi butaca y aguanto hasta Oviedo a los tres enanos de mierda –veo, veo, qué ves, una cosita, y qué cosita es- y al gilipuertas de su padre.

Marisolilla me espera en la estación. Son las 15:32. Comemos en un restaurante cercano. Me zampo unas fabes como Dios manda, una merluza a la sidra más que digna y de postre arroz con leche y café cortado: eso sí, sin pan, que estoy a régimen. Y tras encontrar el coche partimos a Benia de Onís, que es la patria chica de Marisol. Por el camino, en nuestro afán por adquirir unos geranios para la ventana de nuestro cuarto, descubrimos una playa interior estupenda, algo así como Guadamía, y un vivero donde, a la vuelta, pienso adquirir una planta horrorosa, feísima, de esas que cuelgan y parecen las barbas de algún eremita. La dependienta me asegura que es la mejor planta para un vago: no requiere cuidados, se cuelga de la ventana y hala, ya está, si ves que se pone algo seca la rocías con un pulverizador y punto. Cojonudo.

Llegados a Benia, siesta de cuatro horas. Después cena reconfortante y a la cama, a leer, que se nos ha roto la tele y sólo se oye. Y tragarse El coloso en llamas sólo de oreja da cierto resquemor.


Sábado 1 de Agosto

Amanece encapotado y lluvioso. A eso de las doce deja de orbayar, como llaman por aquí a la llovizna o mojabobos, y se convierte la cosa en un chaparrón que al rato deviene en tormenta y al poco el patio y las calles son puro río. Como hace un par de días también se rompieron las cañerías del baño y se forman unas goteras estupendas y la llave del agua está afuera cada vez que abrimos o cortamos el paso nos ponemos bien, pero bien. Afortunadamente hace frío y eso, quieras que no, en verano, consuela.

Por la tarde nos hacemos un viajecito a Cangas de Onís a ver si pillamos una farmacia abierta. En un alarde de eficacia se me ha terminado de caer el empaste de una muela. Dolor. El boticario ofrece paciencia y algodón. Más dolor. Vueltecita por el mercado medieval. Una tobillera para mi chica guapa, un brazalete para Julia, que no ha querido venir a Asturias, y un trozo de pizza recién hecha al horno. Mucho más dolor. Nos volvemos a Benia.

Afortunadamente Marisol ha hecho un bonito con tomate de exposición, y eso merece cualquier padecimiento. Mañana el telediario amenaza lluvia. Vaya novedad.


Domingo 2 de Agosto

Día de sol y sombra. Nubes al poco. Más nubes. Se le pone la coraza al cielo. Afortunadamente no llueve hasta pasadas las tres. Nos tiramos la mañana en el jardín leyendo, yo en voz alta, para practicar, un capítulo entero de un ensayo de Vázquez Montalbán sobre los escribas egipcios. Muy interesante. Cómo escribía el canalla.

Después nos zampamos un bacalao con patatas de premio y unas albondiguillas y unas ciruelas. Estoy por convencer a Marisol para que monte un restaurante, pero mejor no, que se jodan. Tras la siesta preceptiva de cuatro horas nos vamos al hotel del pueblo, que tienen internet gratis, pero no funciona. Nos tomamos un algo y para casita. A cenar. Y después a dormir escuchando música clásica. Vamos, que hoy nos hemos ganado el sueldo.


Lunes 3 de Agosto

Asturias es un lugar generoso en todas sus latitudes. Cuando llueve, que es lo habitual, se empapa hasta el canario, pero cuando sale el sol todo se inunda de colores y dan ganas de asomarse a la ventana y pegar un buen berrido de lo espléndido que es todo. A las 11 y media nos vamos al spá del hotel que se han montado unos de Lanzarote en el centro de Benia, donde nos vamos a meter entre pecho y espalda dos horitas de circuito termal. Bajas a unas catacumbas que son el mismo decorado de El planeta de los simios, y te encuentras duchas frías, calientes, piscinas templadas, otra con chorros diversos que te meten a presión burbujitas y corrientes hasta en el último rincón, sauna, ducha escocesa, baño turco y una zona especial con un pilón casi a oscuras con aguas del Mar Muerto –les debe haber costado una pasta- donde si te dejas flotas sin el menor esfuerzo. Reconozco que desde que hace unos años empezamos a ir a estos divertimentos, la verdad es que nos lo pasamos en grande.

Aunque en eso de flotar en las aguas esas, mis ciento y pico quilos han fallado estrepitosamente, provocándome la ingesta de algunos sorbos de agua absolutamente asquerosa, al final salgo arrugado como una pasa malagueña, que es a lo que habíamos venido. La sensación de relax es extraordinaria pero a medida que pasa el tiempo te da la sensación de haber subido un par de veces el Naranco a pulso.

Como nos vamos a ir a Oviedo, que está a una hora más o menos carretera adelante, a comprar una tele y a un dentista porque por el hueco de mi muela corro el riesgo de que si nos vamos a la playa mañana se me meta medio Cantábrico, decidimos comer por el camino. Lo hacemos en el Soberán, un restaurante de carretera hacia Posada, donde te sirven menús a plato fijo. Cuatro primeros, cuatro segundos, cuatros postres, a elegir uno de cada. Es uno de esos sitios de comidas a los que voy siempre. Entre otras cosas porque hacen un pote y un cabrito y un arroz con leche de los que alabaría Carvalho con un mínimo de cuatro páginas. Y todo por 10 euros. Esta vez, me he solazado con una ensalada asturiana –que es distinta a las del resto de España: más fina, y con sabor- y una carne mechada. De postre lo dicho y un café. El camino hacia Oviedo me lo pierdo sumergido en el sopor de un siestorro hasta la misma puerta del centro comercial.

El tipo de la tienda es genial, y en tres minutos salimos con una tele de oferta y una garantía de dos años. Aparcamos tras un par de vueltas por el imposible centro de Vetusta, vamos a la calle Uría, algo así como la Gran Vía en Madrid, encontramos un Vitaldent y en cuestión de minutos y sin dolor me colocan un empaste provisional sin cobrarme un céntimo. En el Teatro Campoamor van a poner la zarzuela La del manojo de rosas con un elenco bueno de verdad y la entrada más cara son 16 euros. Igualito que en el Foro. Nos vamos a la librería Cervantes y compramos una antología bilingüe de Auden, otra antología de haikus japoneses también bilingüe y con su traslación fonética y otra de Roger Wolfe, por menos de treinta euros los tres. Es más, por eso de hacer auto patria preguntamos por mis libros de poesía y resulta que los han vendido todos. No me lo puedo de creer, oiga. Tras una vuelta por el centro nos tomamos un chocolate con churros que nos sienta como un tiro –demasiado grasientos- y salimos en pos de una farmacia para acabar con el suministro vetustil de Almax Forte. Algo malo tenía que pasarnos en Oviedo, coño. Es imposible tanta perfección.

En el coche, de regreso, constatamos una constante curiosa producto de una observación minuciosa de los ovetenses y las zapaterías: muy pocos de los oriundos masculinos calzan sandalias en verano. ¿La selección natural les ha puesto pezuñas? ¿Son poseedores del record mundial de juanetes gordos? Misterio. Mañana, si hace sol, en la playa me fijaré por si se trata de una especialidad vetustina o una generalidad asturiana.

Nos ponemos la tele, ya en casa, y prácticamente –sin cenar siquiera- nos quedamos sobaos ante su poder hipnótico. A las tres de la mañana, tras un ímprobo esfuerzo, logro abrir un ojo, pulsar el botón de apagado y convencer a mi chica guapa que arriba, en la cama, se está mejor.


Martes 4 de Agosto

Lo malo de tener tele en casa es que por la mañana, en vez de despertarte con sinfonías lo haces con anuncios. Lo malo de Asturias –sobre todo los días de sol- es que ves lo que hay a tu alrededor: o mares o montañas, y claro, siempre hay alguien que dice de ir a un sitio o a otro. Hoy tocó playa.

Los que somos vagos, no es que odiemos las playas o las montañas, sino que nos hagan movernos más de cien metros de nuestros reales. Ya lo explicaré otro día, lo prometo. Me extendería lo suficiente para hacer un pequeño ensayo. Y no es plan para este diario. El caso es que tocó playa y yo, como siempre, intenté disimular lo mejor que pude, porque tampoco es plan aguar la fiesta al que disfruta con ello, y la buena de Marisol, que le gusta la cosa del mar, no se merece que un papanatas como aquí el menda le churrusque la ensaimada. Voy, me adapto a lo que puedo e intento sumergirme en un papel más que secundario de atrezzo. Ella sabe muy bien lo poco que me gustan estas movidas y lo pasa también algo mal porque participo poco y porque ve que con el tiempo no cambio.

Volvimos a Benia, pasando por carreteras secundarias y pueblos montañeses, verdes valles, laderas ubérrimas, altos alcores, casas populares, terruño y lontananza. Cenamos una vichisuás de libro, buenísima, y nos pusimos a ver ese programa infecto para mi gusto que se llama Españoles por el mundo, donde, presentados por una sujeta pija e inculta, vemos como diversos compatriotas se han ido a diversos parajes del globo y han hecho dinero a espuertas. Yo sé de mucha gente que no les va tan de puta madre por ahí fuera, pero esos no tienen ni tendrán voto en estos programas de puro escaparate. Así que, a los diez minutos, agarré tal sopor que, entre sueños, horas después, me pareció cómo, infructuosamente, Marisol intentaba arrastrarme al lecho. A las seis de la mañana, tras un agitado sueño que mejor no descifrar, lo conseguí por mis propios medios. Nevermore, nevermore....


Miércoles 5 de Agosto

Otro día para ganarse el sueldo. Lluvia. Como nos hemos traído unos cuantos libros pues a leer. Lluvia. A veces escampa un rato. Entonces sacas la cabeza y lluvia. Decido escribir un poemario en versos limpios, prosaicos, rápidos, puntiagudos, sin mucho alambique, sobre Asturias. A ver qué sale.

Entre una cosa y la otra Sulle y Alicia hacen aparición telefónica. Están en Gijón y prometen pasarse por aquí un par de días. Resulta que eso de la lluvia y el fresquito les agrada. Nos informan que la Elenita está ejerciendo de monitora con sus cincuenta locuelos en un pueblín cercano: Mestas de Con. Supongo, dioses buenos mediantes, que haremos por vernos. Marisol les encuentra acomodo aquí al lado, en una casa rural, tras convencer a la dueña que Nana, la perrilla del Sulle y la Alicia es como su nombre indica.

Por la noche nos tragamos la peli de Expediente X, mejor dicho, me trago, porque la cuca de Marisolilla se tumba, me pone los pies en las rodillas y le hago un masajillo que la deja run run, como los gatos. Como suele pasar, a una hora indeterminada de la noche aburridamente catódica, suelo caer vencido. Despierto con el culo hecho un siete por el imposible sillón, y tararí tararí, emprendemos retirada escaleras arriba, desmochados y rotos en busca de una horizontalidad bien ganada.

viernes, 31 de julio de 2009

3 Pornomanía del yo 5 o Las intrépidas aventuras de un poeta en vacaciones 1

Siempre he pensado que, salvo para cazar ballenas con arco o conquistar el Polo, hacer un diario es una tontería y que a nadie le importan las aburridas experiencias de un propio, amén si lleva la agitada existencia de un poeta moderno: Del sofá al verso y ocho horas después, de ese verso, habitualmente tachado, al sofá.

Sólo dos veces he llevado un diario: Durante dos meses, hacia 1986,en Passau, Alemania,y a tres bandas, hace dos años, en un viaje loco a Portugal que hice con los señores Cuesta y Rómar. Ambos son impublicables. O no.

Hoy comienzo mis vacaciones. A las 11:00 salgo para Oviedo y de allí a Benia de Onís, Asturias. Después solo tengo claro que el día 1 de Septiembre tengo que estar dando clases de nuevo en Madrid. A ver si me impongo a mí mismo y escribo todos los días algo, por ejemplo: Las intrépidas aventuras de un poeta en vacaciones. Es una sandez de título, y por eso me gusta.

Hala. A ver qué.

Besos a todos.

miércoles, 29 de julio de 2009

1 Teatro Hiperbreve 10 Familia

A fuerza de hacer el vago ocurre que de oca a oca obrilla toca. Pero esta es divertida. A ver si mañana hago algo.


FAMILIA
Para Juan Manuel Navas

EL PADRE / LA MADRE / LA HIJA / EL JOVEN

Una cama. En ella, cubiertos por las sábanas, una pareja joven fornica. Se escucha lejano sonido de llaves. Se abre la puerta de la habitación y aparece EL PADRE. Los amantes no se dan cuenta. EL PADRE se desviste hasta quedar en ropa interior y se mete en la cama.

EL JOVEN: (Notando la presencia de EL PADRE) Pe... pero qué hace usted.
LA HIJA: (Conciliadora) Déjalo: es mi padre.
EL JOVEN: Tu... ¿Tu padre?
LA HIJA: Sí. Vendrá cansado. Tendrá sueño. Déjale. (Cariñosa) Anda, sigue.
EL JOVEN: Pero yo así no puedo seguir.
LA HIJA: No seas tonto. No nos va a molestar. ¿Verdad que no, papá?
EL PADRE: No.
LA HIJA: Nunca ha podido dormir solo.
EL PADRE: No os preocupéis por mí, cojo el sueño enseguida.
LA HIJA: Venga, tócame otra vez las tetas.
EL PADRE: (Con voz muy adormilada) ¿Ve usted? Ya me duermo.
LA HIJA: Además no ronca. Y es como una estufita. ¡Huy, qué flojita se te ha quedado! A ver si lo podemos arreglar...

LA HIJA desaparece bajo las sábanas. EL JOVEN comienza a emitir ruiditos gozosos. Tras unos instantes se vuelve a escuchar ruido de llaves, se abre la puerta y entra LA MADRE, que se desviste hasta quedar en combinación, y se introduce en el lecho. EL JOVEN se queda traspuesto, mirándola.

LA MADRE: No hagáis mucho ruido. Papá tiene el sueño muy delicado.

Oscuro.

miércoles, 22 de julio de 2009

0 Teatro Hiperbreve 9 Cast(r)ing

Casi se me olvida que se hace hoy miércoles y toca obrilla teatral. Y como mañana me levanto pronto, que tengo que terminar de corregir un poemario, enviar los deberes del curso de poesía estival, empaparme un poco más de Miguel Hernández, sacar un billete de tren para Oviedo, darle un mimo grandote a la Marisolilla, que se me va a Onís, escribir un prólogo y enviar a Pipe un lbro de relatos de la encantadora gente de mi curso anual de narrativa, previamente corregido de erratas, y algo más que se me olvida, pero ya veré, os dejo. Uff.



CAST(r)ING

Para Luis Felipe Comendador


LA VOZ / LA MODELO

Centro escena silla alta de bar. Al lado un taburete bajo. Sobre él un libro. Un sólo foco.

LA VOZ: Por favor, la siguiente.

Aparece LA MODELO. Desnuda. Antifaz y sandalias planas. Manos esposadas por delante.

LA MODELO: ¿Así está bien?
LA VOZ: Muy bien. Ponga un pie en el taburete y descálcese.
LA MODELO: (Obedeciendo) Ya está.
LA VOZ: Ahora el otro pie.
LA MODELO: (Obedeciendo) Ya está.
LA VOZ: Estupendo. Coja el libro del taburete y con él, bien firme, pase sus pies entre las manos hasta dejar los grilletes a su espalda.
LA MODELO: (Con cierta dificultad) Ya está.
LA VOZ: Bien. Ahora siéntese en la silla alta.

LA MODELO hace ademán de sentarse cara al público.

LA VOZ: No, no: así no, al revés.
LA MODELO: (Obedeciendo) Ya está.
LA VOZ: Ahora preste mucha atención. Es importantísimo. Debe echar sus pies hacia atrás lo más que pueda.
LA MODELO: (Obedeciendo) Ya está.
LA VOZ: Ahora mantenga esa postura unos segundos y recite lentamente su papel, por favor.
LA MODELO: (Cuenta lentamente hasta tres y dice, recalcando las sílabas) Mi – er – da.

Oscuridad.

martes, 21 de julio de 2009

1 Pornomanía del yo 4

Desde que dejé de usar bigote, un bigote falaz y aventurero, de mucha prosapia y relumbrón, que me hacía oriundo de algún paisaje de Ribera o descendiente de conductor de guagua, el globo se ha dedicado a dar tantas vueltas que los hipocampos visten de azul gongorino y las madreselvas huelen a pez escamado y filosofía naturista. Yo me he ido levantando cada amanecer con ganas de madurar un poco, liar cigarrillos y beber cerveza, con acciones de obra pero no de pensamiento, pues quien piensa en ayunas lo ve todo sobrenatural y adjetivo y quien rompe con su bostezo pasadas las doce del mediodía ha de palparse antes la cara no vaya a ser que se sea otro, por ejemplo Sir Thomas Addison, arzobispo de Canterbury allá por el año 1365, y tenga que proclamar como buena alguna medida contra la verdadera fe, como arrodillar sólo una pierna ante la presencia de cualquier novicia de Southampton. Después, según el día se acicala y se impelen los deberes de todo nacido de mujer, como sortear los vados en las carreras ecuestres o comprar aditivos para la conservación del equinoccio, a uno le van convergiendo ideas de dudosa materialidad -hacerse político extremeño, ingresar en la tuna compostelana- mientras el estómago va eligiendo si morir de inanición o tomarse un caldito frío, vulgo gazpacho. Sabiendo que el condumio vendrá guarnecido por una lubina próspera y de orden intelectual, nada me consuela tanto como el paseo a sol abierto ante la siesta protectora: cantan los árboles su perfectum omnia y las hojas del geranio, bobaliconas de por sí, pero atentas, proclaman con su bobez las brisas estivales. Llega la tarde tardía, son las ocho, y entre que la alpargata encuentra al pie y el zumo de limón la glotis, bien pueden dejarse pasar dos horas de mastuerzo al dril o al lobo, amigo lobo, gallego sin provincia, feliz estepario. Lo redundante no calma lo mayúsculo. Pierden las tundras, ganaremos el don del almanaque: seremos luces antes del paseo. La nocturnidad será tu casa.

Desde que dejé de usar bigote las hijas de los poetas no quieren viajar con sus padres de vacaciones, con sus padres masculinos, se entiende, o no se entiende, y los poetas, haciendo corro, se pasan la cachiporra entre sus manos, esperando que alguno tenga la suerte de agachar la cabeza, aunque sea para no llorar.
 

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